La dificultad de despertar entusiasmo

20 de junio, 2021

La dificultad de despertar entusiasmo

Por Guido Lorenzo (*)

Hay un problema que está atravesando al oficialismo y a la oposición por igual: básicamente cómo conquistar mediante lo discursivo al votante. Si bien se trata del problema tradicional de cada elección, sucede que esta vez, cuando en cada espacio miran para atrás, no hay un buen resultado ni de la experiencia Cambiemos ni de la experiencia actual.

En ese contexto, adquiere más relevancia la posibilidad de construir un relato que, ya ni entusiasme, pero al menos satisfaga a una clase media empobrecida, una clase baja que empieza a sufrir indigencia y a empresarios que “no entienden” que el Gobierno sí tiene un plan.

Esto produce tensiones dentro de ambos espacios y torna atractiva la alternativa de moverse hacia el centro, desmarcándose de los extremos. Luego de las conversaciones con Washington, volvió a aparecer la idea de que Argentina debe presentar un plan. Es algo en lo que el Presidente había dicho que no creía pero que después su vicejefa de Gabinete salió a aclarar que sí lo tiene, aunque no es el que Janet Yellen quiere.

El plan fue descripto por Cecilia Todesca como estímulo a las exportaciones y sustitución de importaciones, casi un oxímoron en el mundo actual. Más aún cuando se lo contrasta con la política económica: cierre de exportaciones, apreciación cambiaria y crédito que no despega.

Sin poder articular ese modelo de país, el electorado se desencanta y Washington también.

Así, la negociación con el FMI queda congelada, las chances de acordar con el Club de París (CdP) se reducen. Argentina entonces enfrenta dos alternativas: pagar o entrar en cesación con la organización de acreedores externos nucleados en el CdP.

En esa disputa lo más probable es que no se pague a fines julio cuando vence el período de gracia. No por una cuestión ideológica, sino porque desde un punto de vista pragmático “poner plata en el bolsillo de la gente” de acá a las elecciones podría dejar un excedente de liquidez en torno a los US$ 6.000 millones.

Si bien se han acumulado casi la mitad de este monto en reservas internacionales en los primeros cinco meses del año, pagar US$ 2.400 millones dejaría al BCRA en una posición de debilidad frente a un mercado cambiario que presentará en algún momento algo de alteración.

Aunque los punitorios sean altos, el riesgo de inestabilidad amerita esa tasa. Claro que no pagar al CdP no es gratis y podría tener consecuencias en el mismo mercado de cambios, pero el BCRA parece sentirse confiado en que con esas reservas puede ganar una pulseada.

A falta de plan de mediano plazo, aparece cada vez más cristalizado el “miniplan elecciones”: reapertura de paritarias, atraso tarifario y cambiario, algo más de gasto en subsidios y una posible compensación a jubilados. Medidas todas aisladas que no forman un plan en sí mismo, pero que si uno las une es lo más parecido a lo que expresó Cristina Fernández en el acto de La Plata en diciembre pasado como lineamientos de la política económica.

Sonaba poco realista pedirle un plan a un Gobierno en medio de la pandemia pero ahora, con vistas al resto del mundo que empieza a salir de la pandemia, las exigencias van a aparecer, en parte como demanda de la sociedad y en parte de cara al FMI.

Esa tensión entre vender populismo interno y prudencia externa hasta ahora no se vio en su punto más álgido, pero entendemos que es lo que va a resurgir como debate acercándose a los comicios y post elecciones

Mientras la agenda internacional se mueve con el encuentro entre Joe Biden y Vladimir Putin, China adquiere más relevancia, y no se debería dejar de mirar hacia el cambio en la distribución de fuerza a nivel global. Quizás alguno se entusiasma en que la salida entre esta tensión de cumplir con el FMI y convencer al electorado doméstico se pueda zanjar con una receta oriental.

(*) Director Ejecutivo de LCG