¡Urgente, una renovación política!

10 de mayo, 2021

¡Urgente, una renovación política!

Por Daniel Montoya (*)

“Vamos hacia un cambio dentro de las tradiciones actuales, va a haber una tendencia hacia la centro derecha y hacia la centro izquierda, la centro derecha apoyada más por gente de posibilidad económica mayor y la otro apoyada por los sectores más populares, sindicales”. Torcuato Di Tella dixit. ¡Hay que decirlo eh! El vaticinio de uno de los herederos del mayor holding industrial latinoamericano de mediados del Siglo XX está envejeciendo bien.

Más aún, inclusive hasta opera también en reversa, aplicándolo al funcionamiento del sistema político argentino tras el regreso de la democracia en 1983.

¿Quién puede negar que el bipartidismo argentino se apoyó hasta la fecha sobre dos grandes fuerzas políticas que, aún cambiando su envoltorio y alterando ligeramente su fórmula como hasta la Coca Cola lo hizo, responde en trazos gruesos a los rasgos descriptos por Di Tella en aquella nota de 2007?

No obstante, conviene atajarse de entrada. No me peguen, soy Montoya. Un trabajo de Edgardo Catterberg y María Braun de 1989 destaca que Raúl Alfonsín doblegó por primera vez en las urnas al peronismo con la fuga de una parte de la base obrera estructurada y no estructurada del PJ hacia la UCR en 1983, así como Carlos Menem también triunfó en 1989 con el apoyo de sectores medios y altos que tradicionalmente no votan por el peronismo. De no ser así, ¿cómo podrían haber sido posibles sus respectivos triunfos con una diferencia de 11% y 10% de los votos? La hiperinflación seguramente metió la cola en este último caso. Como reza el viejo adagio, muchos electores acompañaron al líder radical hasta la puerta del cementerio, pero a la tumba no. De igual modo, el fracaso aún fresco de Isabelita, la muerte de Perón más la configuración de una oferta tragicómica, seguramente influyeron en la deserción parcial de la base peronista tradicional.

De todos modos, las columnas centrales de esa estructura política bipartidista se mantuvieron a lo largo del tiempo, aún con algunos cambios que exigen reformular la predicción del famoso intelectual argentino.

“Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo”. En particular, la sentencia de Friedrich Nietzsche vale en dos dimensiones. Las dos experiencias más exitosas de tercera vía conocidas a la actualidad, el Frepaso de Carlos “Chacho” Alvarez en los ‘90 y el Frente Renovador de Sergio Massa en los 2000, obligan a prestar atención a las terceras fuerzas políticas que, aún no siendo capaces de alterar las bases del juego bipartidario de fondo, demostraron igualmente una indudable capacidad de determinar el resultado electoral y/o la orientación política del nuevo gobierno. Ello vale tanto para la experiencia frustrada de la Alianza, la gestión saliente de Cambiemos, como la flamante del Frente de Todos.

En particular, las terceras opciones no demostraron capacidad de imponer un presidente, sea “Chacho” o Massa, aunque los dos primeros ballotages de la historia electoral argentina, 2015 y 2019, consagraron la necesidad de no subestimarlas y poner un foco especial sobre ellas. De confirmarse en la próxima elección presidencial el refrán popular “no hay dos sin tres”, ello dejará al ballotage en la zona de la regla más que de la excepción política. ¡Atenti líderes políticos, en el podio también existe un tercero en discordia!

Por otro lado, el pronóstico de Di Tella adolece de imprecisiones en una dimensión fundamental de la política: la territorial. En especial, hay dos cambios introducidos por la reforma constitucional de 1994, el voto directo y la autonomía de la CABA que trasladaron de lleno la competencia política al área metropolitana. Si de cambios de tradiciones se trata, urge incorporar esta nueva variable en el juego.

La ocasión como variable decisiva

Sin perjuicio de los dos ajustes expuestos, está claro que la hipótesis Di Tella funciona bien. La política argentina es el yin y el yang, una estructura dual donde combaten dos fuerzas con una amplia tradición política, una versión de época del peronismo versus una versión temporal o una evolución del radicalismo y que, en el plano de los nombres propios, se termina expresando en una batalla, muchas veces sangrienta, entre dos adversarios o enemigos mutuamente escogidos que, dicho sea de paso, son absolutamente necesarios para la supervivencia del otro. “Hoy lo pueden llamar Mauricio, pero siempre es Macri”, Néstor Kirchner, textual 2de 007, 8 años antes que el ex presidente de Boca Juniors terminara accediendo a la presidencia. Si no es enemigo escogido, ¿el enemigo escogido dónde está? “El peronismo está secuestrado hace más de 10 años por Cristina Kirchner”, Mauricio Macri, 2020. Gracias por la devolución.

En realidad, ello no reviste demasiada novedad. La política de los ‘80 y los ‘90 no solo se la repartieron entre la UCR tradicional lista 3 y el PJ a secas, sino también entre los liderazgos de hierro de Alfonsín y Menem, terceros afuera. En tal aspecto, sería un acto de justicia divina tomar la foto del Pacto de Olivos de 1994 y borrarle todos los actores políticos al costado de uno y otro líder partidario. Ambas fueron figuras excluyentes de la política argentina de fines del Sglo XX, en igual medida que lo fueron Kirchner, Cristina y Macri en estas dos primeras décadas del Siglo XXI. Nuevamente, terceros excluirse.

La estructura dual incólume, solo en el medio la línea divisoria del big bang de 2001 que cambió significativamente el liderazgo político dentro de la misma matriz política ditelliana. De la Ucedé conducción y las relaciones carnales de los 90 al Frepaso conducción y la Patria Grande de los 2000.

Quienes hoy se sienten atrapados entre dos opciones que fracasaron ostensiblemente en la última década y cantan a coro con Luca Prodan “no sé lo que quiero, pero lo quiero ya”, deberán esperar. No les queda otra. No alcanza con que haya un 30% del electorado que no sabe a quién darle su respaldo político, según encuesta reciente de Trespuntozero por Shila Vilker. Tampoco en política basta con querer, ni con la voluntad como la describió Cristina en 2011.

“Si quieren tomar decisiones, armen un partido”. A esos tres ingredientes les falta un cuarto, la ocasión, tal cual la definió Maquiavelo en “El Príncipe”. “Le era necesario a Moisés hallar al pueblo de Israel esclavo en Egipto a fin de que este pueblo estuviera dispuesto a seguirle”. Es decir, lo que fueron los años de plomo y Malvinas para Alfonsín, la hiperinflación para Menem, el 2001 para los Kirchner o el vamos por todo kirchnerista para Macri. ¿Será la pandemia el próximo big bang que parirá a nuevos líderes? Posiblemente.

Está página recién se está escribiendo y lo único que saben hoy la mayoría de los gobernantes en función es que el coronavirus se los está llevando puestos a casi todos.

(*) Analista Político @DanielMontoya_