Los inversores sofisticados se alejan de los conservadores

31 de mayo, 2021

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Por Luis Varela

No estamos en tiempos sencillos. El mundo es un caldero.  Y Argentina está en el pico de coronavirus. La presente ola de la enfermedad multiplica los contagios a niveles récord y, con eso, el país (con más de 77.000 fallecidos) subió del puesto 14 al puesto 12 (entre 180 naciones) en el ranking de países con más cantidad de muertos. Y si se miden los decesos sobre el total de habitantes,  Argentina acaba de  trepar del puesto 22 al puesto 17, al pasar de 0,13% a 0,17% de muertes sobre población.

Con miles de argentinos mirando la restricción desde sus ventanas, hay infinidad de zonas en emergencia, con ollas populares, atendidas por personas que entregan un esfuerzo infinito, jugando sus vidas en medio del alto contagio de la pandemia. Las restricciones traban la economía, hay empresas que se desactivan, empleos en riesgo, problemas de abastecimiento e inflación.

Argentina estuvo la semana pasada entre los países que más aumentos de muertes por Covid tuvieron en el mundo. Por encima de la Argentina, los tres países de la región con más aumento de fallecidos en la última semana fueron Cuba, con un incremento del 9,9%; Paraguay, con 9,6% y Uruguay, 9,5%.

Pero los problemas de la Administración Fernández no están circunscriptos únicamente al Covid. El Gobierno contrarreloj por la deuda y por la inflación. Entre otros frentes (que no es el peor) hay tensión por el cepo a la exportación de carne, con alta chance de que el producto falte en las carnicerías.

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La fecha de hoy, además, no es un día cualquiera. Hoy vence el plazo para que la Argentina pague un vencimiento por US$ 2.400 millones con el Club de París. Argentina no había procesado ningún trámite para realizar el pago, por lo que queda ratificado que el país no pagará a tiempo. Después del crack de 2001, en 2014, el entonces ministro de Economía, Axel Kicillof, obtuvo un acuerdo con el Club de París que establecía un plan de pagos que debía permitir al país regresar a los mercados internacionales.

En 2014, Laurence Allan, jefe de la división análisis de riesgo América Latina del instituto IHS, estimó que ese plan de pagos “ayudaría a Argentina a argumentar que no son un país que considere normal no pagar sus deudas”. Pero en 2019, durante la Presidencia de Mauricio Macri, el país volvió a omitir sus obligaciones. Y en mayo del año pasado, ya en plena pandemia, cuando vencía originalmente la última cuota de la renegociación de Kicillof, el gobierno de Alberto Fernández pidió una postergación que vence precisamente hoy.

Sin anuncios concretos, en el Gobierno hay cierto optimismo y se piensa que habrá más tiempo. El Club de París por ahora está en silencio. Se supone que habrá un tiempo puente para tomar alguna decisión. En esto, el aval de Alemania y Japón son clave, ya que son acreedores de un tercio de lo que se debe. Hasta ahora, hay dos meses de gracia para que el default sea declarado: si no hay cambios, la fecha final caerá el 31 de julio. Para eso será vital un acuerdo con el FMI, que Alberto, y sobre todo Cristina, acepten una revisión de ese organismo.

Con ese marco en países débiles y sin moneda como Argentina, el viernes pasado el Presidente de EE.UU. Joe Biden propuso en el Capitolio de Washington un Presupuesto de US$ 6 billones para “reinventar” la economía norteamericana. Biden instó a los legisladores a aprobar esa iniciativa, cuyo objetivo es “construir una nueva economía que invierta en la promesa y el potencial de cada estadounidense”.

Como sucede en todas partes, la pandemia de Covid-19 sumió al EE.UU. en su peor crisis económica desde 1946, y Biden intentará poner la maquinaria en marcha con el mayor plan de las últimas décadas. Al iniciar su gestión Biden había hablado de dar un estímulo de US$ 1,9 billones, monto que el economista Enrique Dussel Peters ya había calificado como el paquete de rescate más grande en la historia de EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, a pesar de semejante ola de billetes verdes volando, no ya con helicópteros sino con satélites orbitales, el dólar estuvo mixto la semana pasada contra las monedas principales. El billete verde de hecho subió 0,8% contra el yen, 0,5% en Chile y 0,2% contra el franco suizo, aunque bajó 0,1% contra el euro, 0,3% contra la libra, 1% contra el yuan y 2,6% contra el real en Brasil.

Y así como se están emitiendo dólares a cuatro manos, con también emisión múltiple de otras monedas, las cotizaciones de las materias primas están volando. En lo que va de mayo, el petróleo sube 5% (a su mayor valor en 31 meses, desde octubre de 2018), el cobre salta 4,8% (un valor récord), la soja Rosario trepa 4,3% con más subas en otros metales básicos como el aluminio 3,6% y el níquel 3,4%.

Por supuesto, este furioso aumento en las materias primas, generado por el covid y por emisión de dinero sin fin, hizo que la inflación norteamericana se cuadruplicara. En enero rodaba al 1,2% anual y en abril se disparó hasta el 4,2% anual, con la suba de precios más alta desde el 2008. Frente a semejante señal, que los empresarios califican de peligrosa, el vicepresidente de la Reserva Federal, Richard Clarida, dijo que a mediados de junio la entidad discutirá la desescalada del ritmo de compra de activos.

La Fed viene comprando US$ 80.000 millones mensuales de deuda del Tesoro y otros US$ 40.000 millones mensuales adicionales en valores respaldados por hipotecas. Si el organismo frena esas compras, desaparecerá el riego de US$ 120.000 millones por mes en Wall Street y con eso la Bolsa de Nueva York podría bajar desde la espuma de burbuja en la que navega desde fines de enero.

Pero como la Fed insiste en que por ahora no habrá suba de tasas cortas, la promesa de lluvia de dólares de Biden hizo que la semana pasada, las bolsas siguieran volando. Subieron todas: insólitamente la que más subió fue la Bolsa de Buenos Aires, con un aumento semanal en pesos del 5,30%, la Bolsa de Santiago de Chile avanzó 4,4%, Tokio 2,9%, San Pablo 2,4%, el Nasdaq de NY 2,1%, el Dow Jones de NY 0,9%, Frankfurt 0,5%, México 0,5% y Madrid 0,2%.

Notablemente, la suba que acaba de tener la Bolsa porteña la convierte ahora en la mejor de todas en lo que va de 2021, con una suba del 22% en dólares o del 16% en pesos. Y el aumento de la semana no ocurrió solo en acciones: los bonos argentinos también acompañaron el buen momento ya que tuvieron una suba del 2% semanal, y el riesgo país bajó a 1.506 puntos básicos, el menor de las últimas 15 semanas, luego de haber estado a 1.618 unidades el 5 de abril.

Este particular buen momento de las acciones y los bonos, que son activos comprados por inversores un poco más sofisticados, no se observa en los ahorristas típicos, más tradicionales. El virus arrecia, la inflación es alta, hay un momento álgido con el Club de París y el FMI. Y, a pesar del cobro de la cosecha, que permite una gran recuperación en las reservas del BCRA, que ya acumula US$ 2.478 millones en lo que va de este año, se ve claramente una intranquilidad cambiaria.

La suba del dólar

Mientras los inversores sofisticados hicieron subir las acciones y los bonos, los ahorristas conservadores hicieron subir el dólar. La semana pasada los dólares libres se siguieron despertando. La semana pasada el dólar blus saltó 2,6%, el contado con liquidación subió 1,4% y el dólar MEP 0,7%. Y no fue un pulso semanal. El dólar fuga acumula once subas seguidas, consecutivas: el CCL alcanzó el viernes los $165,24 pesos, superando al dólar ahorro por primera vez en muchos meses y anotando su cotización más alta de los últimos siete meses.

En mayo, el CCL sube 6,2%, más que duplicando lo que paga por mes la tasa de interés de un plazo fijo (2,7%). Y en lo que va de este año el ccl salta 17,8%, cuando en el mismo período un plazo fijo rindió 14,2%. Sólo el plazo fijo UVA, atado a la inflación, supera al dólar con un incremento del 22% en estos cinco meses.

¿Por qué se despierta el dólar, mientras suben las acciones y los bonos, con baja del riesgo país? Algunos analistas describen que en realidad todo sube, ya que lo que está perdiendo valor constantemente es el peso. Y además advierten que lo que generó más intranquilidad la semana pasada, además del suspenso con el Club de París, fue la decisión del BCRA de autorizar a los bancos a que cambien las Leliq por bonos del Tesoro, en lo que definieron como una especie de Plan Bonex amortiguado para que Martín Guzmán tenga más financiamiento asegurado entre junio y agosto, meses en los que se acumula un vencimiento de bonos en pesos por más de $1 billón.

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¿De qué se trata esta autorización “voluntaria” de cambiar Leliq por bonos? Se sabe, buena parte de los plazos fijos son encajados en el BCRA a través de unos títulos denominados Letras de Liquidez, Leliq, que pagan una renta del 38%, en una masa de dinero que se licúa porque la inflación crucero es del 60%. Pero ahora, en vez de Leliq, los bancos podrán tomar bonos a un año y medio de plazo que rindan inflación, como los títulos atados al CER. Y, en voz baja, el gran temor es que eso tampoco sea suficiente, que lo que desde hoy es voluntario pase a ser obligatorio.

Y lo cierto es que si en las licitaciones de julio y agosto Guzmán no llega a recaudar todo lo que necesita, y si encima las PASO en septiembre dan un resultado sorpresivo, es probable que haya un reperfilamiento de la deuda en pesos, como hizo Macri, tras las PASO de 2019. Pero que esta vez, que la movida no se lleve solo el dinero de bonistas, de gente que hace inversiones más sofisticadas, sino que queden también en la trampa los plazos fijos de ahorristas comunes, que hoy están perdiendo dinero a lo loco, ya que cada 30 días un plazo fijo tradicional está pagando al menos un punto y medio menos de inflación por mes.