La UE congela el tratado con China más ambicioso de su historia

26 de mayo, 2021

La UE congela el tratado con China más ambicioso de su historia

Por Franco Marinone (*)

Tras siete años de negociaciones, el 31 de diciembre de 2020, la Unión Europea y China llegaban a un acuerdo final sobre el Tratado de Inversiones (CAI en sus siglas en inglés). Pero tras 4 meses de optimismo por la firma de un tratado de libre comercio con la segunda economía más grande del mundo, el pasado 4 de mayo la UE decidió paralizar el acuerdo a la espera de mayores garantías.

El CAI es un acuerdo bilateral de inversión que permite la introducción de las empresas de los países miembros de la UE en el mercado chino, pero además es un intento, por parte de los países de la unión, de transformar los principios jurídicos de la legislación interna china en materia de trabajo. Se suman a los puntos anteriores una gran variedad de temas como el medio ambiente, transparencia, eficacia jurídica y judicial, e igualdad de acceso al mercado, lo que explica las dificultades que han surgido para su firma.

El tratado se puede resumir en el objetivo de reducir las asimetrías económicas entre ambos mercados, la presión a china para que ratifique los convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el compromiso de competencia leal con la correspondiente neutralización de las subvenciones a empresas estatales chinas, y la intención de que el país asiático acate el Acuerdo Climático de París.

Además, el acuerdo de inversiones chino-europeo llega en un momento crucial, ya que el 15 de noviembre de 2020 se firmó la Asociación Económica Integral Regional (en inglés Regional Comprehensive Economic Partnership – RECEP), que incluye a China, Corea del Sur, Japón, Australia, Nueva Zelanda y los diez países de la principal organización regional del sudeste asiático, la Asean. Este proyecto de integración regional asiática engloba un área con 2.200 millones de personas, produce el 30% del PIB global y el 27,4 % del comercio mundial. Si bien la idea de que las empresas europeas tengan acceso a este enorme mercado a través de China parece más que interesante, han surgido una serie de dudas sobre la idoneidad del acuerdo.

¿Es el CAI un buen trato para la UE?

El 4 de mayo de 2021, el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, anunciaba que el pacto estaba “de algún modo suspendido”, palabras que se sumaban a las del presidente de la Comisión de Comercio del Parlamento Europeo, Bernd Lange, que afirmaba que “el pacto está congelado, y así seguirá durante un tiempo”. La explicación a este paso atrás en las negociaciones tiende tres motivos principales.

Por un lado, los subsidios que emplean las empresas estatales chinas podrían generar una competencia desleal frente a las compañías europeas, no solo en China, sino en el mismísimo Mercado Común Europeo. En mayo de 2020, la UE lanzó una legislación anti-subsidios que implica que aquellas empresas extranjeras que participen en contrataciones públicas en el mercado europeo deberán pasar el filtro de la Comisión Europea. Esta tiene la facultad de prohibir acuerdos, multar u obligar a compañías extranjeras a reintegrar las subvenciones con intereses.

Por otro lado, la UE siempre ha defendido el acuerdo bajo la premisa de que se trata de un paso hacia la autonomía estratégica en materia económica. Sin embargo, este acuerdo podría conducir a lo contrario, ya que se podría generar una excesiva dependencia de artículos claves provenientes de China. Como método de autodefensa, la UE ha propuesto medidas proteccionistas en los sectores de baterías, tecnología, hidrógeno, productos farmacéuticos, y materias primas.

En último lugar encontramos un deterioro de las relaciones diplomáticas entre el bloque europeo y el país asiático debido a las sanciones impuestas a eurodiputados por sus críticas a las políticas de derechos humanos de China y la represión del grupo étnico uigur.

En una entrevista exclusiva con El Economista, el especialista en las relaciones chino-europeas, Ramón Tamames, argumenta que “si hay dificultades para que, por ejemplo, los eurodiputados puedan circular libremente por China, la tendencia será de creciente enfrentamiento con consecuencias comerciales indudables, retrasando proyectos y dificultando algunos de ellos, hasta hacerlos imposibles”

A su vez, como no podía ser de otra forma, Estados Unidos no ve con buenos ojos dicho tratado, y se especula que la nueva administración de Joe Biden podría estar presionando a la UE para que dé marcha atrás en esta iniciativa. Tamemes nos explica que “a medio y largo plazo, a EE.UU. le interesa estar bien con China, y viceversa, pero la política expansiva del país oriental, y las fricciones en la orilla asiática del Pacífico, podrían producir muchas inconveniencias para el funcionamiento de sus relaciones”.

Ante estas contradicciones entre la oportunidad de generar un nuevo acuerdo de libre comercio euro-asiático y propuestas por parte de la Comisión Europea de carácter proteccionista, Alemania sigue siendo el principal defensor del tratado debido a que el país germano exporta más a China que las siguientes cinco economías europeas juntas.

Entre la división en la UE por la firma del tratado, las presiones desde Washington, y el miedo a que el mercado chino acabe desfigurando al mercado común europeo, queda en suspenso un tratado que podría suponer el mayor acercamiento de Europa a su continente limítrofe en la historia moderna. La Comisión Europea, sin duda, intentará acercar posturas entre los diferentes actores, una tarea nada fácil. Veremos si es capaz de lograrlo.

(*) Investigador Asociado Extranjero del CEI de la UCA