El dilema de Biden: confrontar o cooperar con China y Rusia

6 de mayo, 2021

El dilema de Biden: confrontar o cooperar con China y Rusia

Por Damián Cichero (*)

Tras sus primeros 100 días de gestión, y en su primer discurso ante el Capitolio, el presidente Joe Biden ha dejado en claro que los “valores” relacionados con la democracia y la libertad serán los ejes de todas sus políticas.

“Washington no va a renunciar a su compromiso con los Derechos Humanos y las libertades fundamentales”, ya que “ningún presidente estadounidense responsable puede permanecer en silencio cuando se violan los Derechos Humanos básicos”, explicó el líder demócrata.

Biden sueña con revitalizar el orden liberal impuesto en el Siglo XX y debilitado durante la gestión de Donald Trump. Sin embargo, cabe preguntarse si este concepto y el predominio de EE.UU. siguen tan vigentes como hace veinte años.

Aunque Occidente continúa teniendo gran influencia en el mundo, los resurgimientos de China y Rusia, y la presencia de otros actores, como la Unión Europea, India y Japón, convierten al actual sistema internacional en un bipolarismo flexible: hay muchos países con grandes capacidades, pero dos que se destacan por sobre el resto. Consciente de esto, Biden apuesta por restaurar el liderazgo estadounidense a través de la cooperación y el multilateralismo.

¿Son Pekín y Moscú una amenaza?

Hay que tener en cuenta que, según diversas encuestas, más del 60% de los norteamericanos tiene una visión desfavorable de China y el 24% la considera, junto a Rusia, la principal amenaza para su país.

Siempre, y en todas partes, lo primero que buscarán los gobernantes es mantener el apoyo de sus votantes. Esto último puede explicar la postura dura de Biden contra ambos. Desde su llegada a la Casa Blanca, ha insistido con que no tolerará los abusos autoritarios del Partido Comunista en Xinjiang, el Tíbet y Hong Kong ni tampoco permitirá que avancen en el mar de la China Meridional.

En su discurso aseveró: “Él (Xi Jinping) y otros autócratas creen que la democracia no funciona en el siglo XXI porque se tarda mucho en llegar a consensos”.

Como era de esperar, el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino, Wang Wenbin, advirtió que “obligar a otros países a aceptar el propio sistema democrático solo creará divisiones, intensificará la tensión y socavará la estabilidad”.

Las diferencias entre los dos países son notables. Sin embargo, es poco probable que una nueva Guerra Fría surja: la interdependencia de ambos es significativamente mayor a la casi inexistente relación que había entre EE.UU. y la URSS.  La participación de la Unión Soviética en el comercio total de Estados Unidos (exportaciones + importaciones) fue menor al 2%, mientras que la participación actual de China es mayor al 15%.

Respecto a Rusia, el tercero en discordia, la relación bilateral atraviesa su peor momento desde la caída del Muro de Berlín. La militarización de la frontera ruso-ucraniana, la interferencia del Kremlin en los comicios norteamericanos y el encarcelamiento de Alexei Navalny, son algunos de los asuntos que más tensión generan.

En su discurso, Biden se refirió a la actual disputa y dejó en claro que podría cooperar con Moscú si eso fuese beneficioso para ambos: “Lo hicimos cuando extendimos nuestro tratado sobre armamento nuclear y lo estamos haciendo respecto al cambio climático”. Sin embargo, aseguró que no cedería ante los abusos de Putin: “Le he dejado muy claro que no buscamos una escalada pero que sus acciones tendrán consecuencias”.

Aunque se especula con que los dos mandatarios podrían realizar una cumbre en un tercer país en junio, desde Moscú también han criticado duramente a EE.UU. por intentar imponer sus valores como universales.

¿Qué estrategia implementará Biden?

En 1972, y gracias a las negociaciones del secretario de Estado Henry Kissinger, Richard Nixon se convertía en el primer mandatario norteamericano en visitar China, iniciando la normalización de los vínculos diplomáticos.

En aquel entonces, las relaciones entre Moscú y Pekín, las dos potencias comunistas del momento, se habían deteriorado visiblemente debido a sus diferentes interpretaciones del marxismo-leninismo. Mientras la URSS prefería una “coexistencia pacífica” con Occidente, Mao Zedong optaba por una mayor beligerancia.

Consciente de que Pekín no podría soportar este doble frente de disputa, Kissinger vio una oportunidad única para debilitar a la URSS y evitar una polarización. Se aceptó al país de Mao, y no a Taiwán, como la verdadera China y se creó una “mesa de tres patas” en el tablero internacional.

Varios años después, ante el increíble crecimiento chino, Kissinger le recomendó al presidente Trump una estrategia similar: aliarse con Rusia para contener al primero. Sin embargo, esto nunca pudo concretarse por las múltiples acusaciones demócratas de que el líder republicano conspiraba con Putin.

Ahora, Biden ha ido más lejos y se está enfrentado con ambos al mismo tiempo. Respecto a esta situación, en una de sus últimas entrevistas, Kissinger abogaba por mejorar las relaciones con ambos países, ya que no llegar a ese punto significaría estar “en una situación similar a la de antes de la Primera Guerra Mundial en Europa, en la que existen conflictos perennes que se resuelven de forma inmediata, pero uno de ellos se sale de control en algún momento”.

No podemos asegurar qué camino tomará Biden, pero tanto los encuentros de primer nivel entre funcionarios de estos países (cumbre de Alaska) como la reciente participación de Xi Jinping y Vladimir Putin en la cumbre virtual sobre el clima, nos permiten creer que la relación entre Occidente y Oriente puede mejorar.

 La preocupación china

La estrategia de Biden de acercarse a históricos aliados para enfrentar a estos “autoritarismos” tuvo su impacto. Mientras una coalición formada por EE.UU., Canadá, Reino Unido y la UE impuso sanciones contra Pekín por sus violaciones de derechos humanos, los miembros de la OTAN han presionado a Moscú por el envío de tropas a la frontera con Ucrania.

Esto ha preocupado notablemente a ambos países y China comienza a entender que su poderío económico no basta para coexistir con otras naciones.

Un tiempo después de la cumbre en Alaska, el máximo diplomático del gobierno chino, Wang Yi, recibió al ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, para rechazar conjuntamente la agenda ideológica de Occidente. En esta línea, en los últimos años, China se ha convertido en el principal socio comercial de Rusia: en 2018, el volumen de negocios entre ambos países ascendió a los US$107.000 millones, 27,1% más que el año anterior.

Por otra parte, la semana pasada, la canciller de Alemania, Angela Merkel, y Li Keqiang, primer ministro chino, realizaron una cumbre virtual, sexta edición de una serie de consultas intergubernamentales que se iniciaron en 2011.

Allí, Keqiang dijo que “China y Alemania tienen puntos de vista diferentes sobre ciertas cuestiones”, aunque aclaró que, si se da una relación “sobre la base del trato igualitario y la no injerencia en los asuntos internos de la otra parte”, ambos se verían beneficiados.

El papel de India

Aunque la UE ha respaldado a Biden, sus funcionarios prefieren evitar una confrontación directa con China y Rusia. Con el primero, a fines de 2020, llegaron a un histórico acuerdo de inversiones, mientras que con el segundo están a punto de finalizar el gasoducto Nord Stream 2, el cual les permitirá recibir 55.000 millones de m3 de gas por año.

Ante la cautela europea, Biden, al igual que Trump, apuesta a reforzar su alianza con India, que para 2030 será la segunda economía mundial y el país más poblado de la Tierra.

Frente al Capitolio explicó: “Le he dicho a Xi que mantenemos una fuerte presencia militar en el Indo-Pacífico por la misma razón que en Europa: no para empezar un conflicto sino para evitarlo”.

El término “Indo-Pacífico” permitió que Biden celebrase una cumbre con los líderes de Australia, Japón e India (QUAD, por sus siglas en inglés) para asegurar la libertad de navegación de esa región. Esto le da un papel de protagonista a India, único integrante del grupo que no se encuentra en el Océano Pacífico.

India y China comparten más de 3.440 km de frontera, lo cual ha generado varias disputas territoriales. El primero asegura que el segundo ocupa 38.000 km2 de su territorio. A esto se suma el apoyo chino a Pakistán, enemigo de India.

Durante la presidencia Trump, EE.UU. e India firmaron un acuerdo militar por US$ 2.600 millones y, desde la caída de la URSS, la cooperación entre ambos se da en materia nuclear, defensa, telecomunicaciones y comercial.

Sin embargo, Nueva Delhi tiene una política de no alineamiento, por lo que cooperará con Washington, pero no se subordinará. Esto último se ve reflejado en que Rusia es su segundo gran aliado. En este caso, resulta difícil creer que Nueva Delhi podría ser útil para contrarrestar el poderío de Moscú y, frente a una confrontación indo-chino, Rusia, que posee una buena relación con ambos, seguramente intentará mediar para evitar un conflicto a gran escala.

(*) Licenciado en Relaciones Internacionales