Distorsiones que ahora dejan a todos con la boca abierta

13 de mayo, 2021

Distorsiones que ahora dejan a todos con la boca abierta

Por Luis Varela 

Es altamente probable que, dentro de apenas un par de años, las enormes distorsiones que está generando el Covid-19 en estos días se vean casi como una locura absolutamente disparatada. Con 3,34 millones de personas fallecidas en 18 meses de pandemia y 667 millones de vacunados, todavía no podemos conocer cuál será el impacto final del coronavirus, pero ya hay muchas variaciones que dejan a todos con la boca abierta.

En las publicaciones dedicadas a la economía y las finanzas se destacan, por supuesto, las subas y bajas que el virus está generando en la actividad en todas las latitudes. Pero pocos de los que invierten en todo tipo de valores le están prestando la suficiente atención a otros factores como las variaciones climáticas, de temperatura, las alteraciones en los ciclos de humedad y sequía y todos los efectos secundarios que eso está provocando.

La velocidad y la condición invisible del virus hizo que la decisión defensiva inicial de muchas naciones fuera la restricción en los movimientos, los consecuentes frenos en los niveles de actividad y la obligación de los bancos centrales de todos los países de multiplicar la emisión de dinero, repartirlo como se pudiera entre los consumidores, con la intención de mantener el funcionamiento de las empresas en la medida de lo posible.

Pero, además de lo climático y de lo financiero, el Covid también aceleró los cambios tecnológicos, con desarrollo súper acelerado en todas las compañías vinculadas a comunicación a distancia. Y, en paralelo, crecieron por ejemplo -solo por mencionar un sector destacado- se multiplicaron las empresas que desarrollaron motores eléctricos o alimentados a hidrógeno, poniéndole una espada de Damocles a toda la industria petrolera.

Todos esos cambios sumados, clima, dinero por doquier, tecnología, provocó un estrangulamiento en la oferta de granos, con cosechas menguadas por sequías en muchas zonas, y demanda hasta el techo de algunos metales básicos, que se han transformado en un bien escaso porque se necesitan para construir a los impulsores que reemplazarán a los motores alimentados con combustible fósiles.

Pérdidas de valor

Así, entre dólares, euros, yuanes, yenes y libras hasta el techo, con menos oferta de granos y más demanda de metales, se ha generado una pérdida de valor en el dinero en efectivo y, al mismo tiempo, en cotizaciones que vuelan por los aires en muchas materias primas. Tenemos, solo por destacar un par de elementos, al cobre y al maíz en sus valores más alto de la historia y a la soja en el techo de nueve años.

Además, la superabundancia de vacunas en algunos países y los contagios interminables, con muertes acechantes, sin remedios a la vista en otras naciones están generando un movimiento de masas no visto desde hace años. En abril, por ejemplo, intentaron atravesar la frontera de México hacia Estados Unidos 178.000 emigrantes indocumentados, la mayor cantidad mensual de las últimas dos décadas.

Al mismo tiempo, el cobre -que hace muy poco tiempo valía menos de US$ 5.000 por tonelada- se está negociando a cerca de US$ 10.500. Y eso hace que una hasta ahora desconocida Iris Fontbona, la mujer más hoy rica de Chile gracias al metal rojo, puede comprarse hoy todas las empresas que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires, las 88, o sea las del panel líder y las del panel general, y que además le sobran unos US$ 5.000 millones para gastarse en alguna otra cosa el próximo fin de semana.

La ebullición de todas estas distorsiones acaban de despertar en Estados Unidos un demonio impensado hasta hace muy poco tiempo: la economía norteamericana tuvo en abril una inflación del 0,8%, la variación mensual más alta desde junio de 2009. Y, con esta suba de precios, en los últimos doce meses la inflación de EE.UU. es del 4,2%, la variación anual más alta desde el 5,6% anual de julio de 2008, cuando hasta enero ese número anual estaba apenas por encima del 1%.

Las dos personas más escuchadas por los norteamericanos en cuanto a lo económico (la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell) ya habían avisado que se venía un pico de inflación, advirtiendo además que sería un fenómeno temporal, es decir que no afectaría la marcha estructural, sino que duraría poco tiempo.

Sin embargo, esas afirmaciones de esas dos personas clave fueron realizadas cuando la inflación tocó el 2,6% anual, en marzo. Y en ese momento, como si se tratara de una quimera que de ninguna manera podría concretarse, hicieron una advertencia: recién si la inflación llega a superar el 4% anual “actuaremos”. Y, ese, “actuaremos” fue leído por el mercado como un anuncio clarísimo: si pasamos el 4% empezará a subirse la tasa corta, que está en la zona del 0%.

La actitud de los inversores

Toda esta distorsión de valores provocó una sucesión de cambios en los inversores. Probablemente la más inesperada tuvo que ver con una importante movida de fondos hacia la órbita del dólar: los tenedores de fondos creen que se viene más premio en los bonos de la Fed y con eso hubo más interés por tener dólares. Y, con eso, ayer en el exterior el dólar subió 1,8% contra el real, avanzó 0,9% contra el yen y el mexicano, 0,8% contra el chileno, 0,7% contra el euro y 0,6% contra la libra.

Y en Argentina, absolutamente compensada por US$ 610 por tonelada para la soja en Chicago, el BCRA pudo comprar una importante cantidad de dólares: adquirió US$ 227 millones, de los cuales sólo US$ 115 millones se sumaron a las reservas, ya que la estrategia del Gobierno es anclar el tipo de cambio como sea, porque la inflación sigue haciendo estragos.

Así, ayer el dólar turista subió 1 centavo hasta $164,19, el oficial subió 1 centavo hasta $99,51, el blue subió a $1 hasta $152 y el mayorista subió 3 centavos hasta $93,98. El dólar MEP subió 5 centavos hasta $153,21 y el contado con liquidación lo hizo 43 centavos hasta $158,36. Y la brecha entre el dólar oficial y el blue subió a 52,7% y la del CCL con el mayorista a 68,5%. Mientras que medidos en pesos, el real bajó 28 centavos hasta $17,69, el euro bajó 55 centavos hasta $113,47 y la libra bajó 62 centavos hasta $132,11.

O sea, con esta súper soja, ahora tenemos un peso que se está revaluando contra el dólar y otras monedas, pero con un inconveniente que nos sumergen en un gran intríngulis: en los últimos treinta días el dólar mayorista fue subido 1,6%, mientras que los estudios privados calculan que la inflación de este momento está algo arriba del 4% mensual, en un número que confirmará, o no, hoy el anuncio oficial del Indec.

La suba de los bonos

Detrás de la suba global de materias primas, ayer por supuesto hubo un impacto en lo financiero: los precios contado de los bonos de EE.UU. cedieron y sus tasa a vencimiento subieron: 0,9% a 5 años, 1,7% a 10 años y 2,4% a 30 años. Y ante el temor de que la tasa corta se despierte, la Bolsa de Nueva York volvió a bajar, y esta vez con una baja más importante.

La posibilidad de que termine el dinero regalado hizo que los principales índices de Wall Street cayeran ayer entre 2% y 2,7%, con el Nasdaq como el más castigado, y con algunos papeles clásicos entre los tecnológicos, como Zoom, Tesla o Mercado Libre acusando caídas de entre el 30% y el 50% respecto de los picos que lograron hace apenas un par de meses: están devolviendo todo lo que se llevaron. Y las bolsas latinoamericanas siguieron a la Bolsa de Nueva York sin chistar: hubo una caída del 2,7% en la Bolsa de San Pablo y baja del 1,8% en la de México.

En Argentina, regalada, con los precios por el piso, el resbalón de la Bolsa de Nueva York no afectó el precio de las acciones. Con $813 millones operados en acciones y $1.458 millones en Cedears, la Bolsa de Buenos Aires cedió apenas 0,1%, con ganadores y perdedores entre los ADR argentinos que cotizan en Estados Unidos. YPF mostró un balance con una pérdida menor   que antes y logró subir 6,4% en Wall Street y Mercado libre mostró más pérdidas que las esperadas y cayó 5,6%.

Los que no levantan cabeza de ninguna manera son los bonos argentinos. Ayer volvieron a perder precio, no mucho, pero lo suficiente como para que el riesgo país subiera otras 5 unidades, hasta 1.606 puntos básicos. Esto ocurre porque la gira de Alberto Fernández recoge muchas sonrisas y saludos, pero cuando pidió reperfilar la deuda con el Club de París que vence en dos semanas el presidente de Francia, Emmanuel Macron, le repitió “quisiéramos que lleguen lo antes posible a un acuerdo con el FMI”. Y la gira, que iba a terminar el viernes luego de ver al Papa, se estirara hasta el sábado para ver si hay un encuentro con Kristalina Georgieva, la número uno del Fondo.

Con la posibilidad de suba en la tasa corta, las commodities actuaron en consecuencia. El petróleo logró subir otro peldaño. Los metales básicos tocaron el freno. Los granos también estuvieron más tranquilos en Chicago y cayeron fuerte en Rosario. Y lo más distintivo fue un giro en “U” en las posiciones refugio que no tienen renta: hubo bajas en los metales preciosos y fuertes descensos para las criptomonedas.

Veremos con qué velocidad actúan ahora tanto Yellen como Powell. Los empresarios de EE.UU. le reclamaron al Gobierno que actúe porque la economía se está saliendo de control. A partir de hoy la Bolsa de Nueva York está en zona de advertencia: el índice Nasdaq tocó los 14.100 puntos en los primeros días de febrero y ayer terminó a punto de perforar los 13.000. Veremos hasta donde llega el nerviosismo de los inversores.