Chile: una de las elecciones más trascendentes desde la vuelta de la democracia

17 de mayo, 2021

Chile: una de las elecciones más trascendentes desde la vuelta de la democracia

Por Clarisa Demattei (*)

Durante este fin de semana los chilenos acudieron a las urnas para participar de uno de los comicios más importantes desde el retorno de la democracia en 1990 porque, además de votar gobernadores regionales, alcaldes y concejales, también eligieron a los miembros de la Convención Constituyente.

Esta convención estará compuesta por 155 miembros que durante el plazo máximo de un año tienen la misión de redactar una nueva Constitución política chilena que reemplace la actual que fue elaborada por el exdictador Augusto Pinochet en 1980. Este proceso electoral que llevará a la redacción de una nueva Carta Magna surgió como consecuencia del estallido social del mes de octubre de 2019, después de que la sociedad chilena salió masivamente a las calles durante meses para protestar contra el sistema político, económico y social por considerarlo injusto y desigual.

De esta manera, ante la presión de la sociedad, los medios de comunicación e incluso funcionarios del oficialismo y la oposición, el presidente Sebastián Piñera se vio obligado a firmar el “Acuerdo por la paz y una nueva Constitución” con representantes de las principales fuerzas políticas con el fin de abrir un proceso constituyente que le diera a Chile una nueva Constitución. Después de que el pasado octubre del 2020 más del 78% de la población trasandina votara por la opción de “apruebo” ante la pregunta de “¿Quiere usted una nueva Constitución?”, este fin de semana finalmente 6,3 millones de chilenos eligieron a quienes tendrán la enorme responsabilidad de elaborar la nueva Carta Magna que los ciudadanos trasandinos tanto buscaron durante décadas.

Varios analistas coinciden en el hecho de que esta fue una de las elecciones más importantes de los últimos 30 años y que de hecho, hasta pueden ser aún más relevantes que las próximas elecciones presidenciales del mes de noviembre. Esto se debe a que la configuración de la nueva Constitución definirá el modelo de Estado que el país tendrá en las próximas décadas y por lo tanto influirá no solo en el próximo presidente sino en los siguientes. De hecho, algunos aventuran que la Convención podría llegar a debatir temas tan relevantes como modificar la forma de Estado unitaria, cambiar el modelo presidencialista o la posibilidad de que Chile se convierta en un Estado plurinacional.

Sin embargo, los resultados del domingo nos obligan a ser más cautos. Principalmente, porque si bien la sociedad mostró una importante efusividad a la hora de salir a las calles y demandar este proceso constituyente en 2019, la realidad es que solamente el 42% de la población empadronada efectivamente acudió a votar. Incluso, en esta elección votó 1 millón menos de personas que en el plebiscito del año pasado, lo que, en cierta manera, le quita legitimidad al proceso constituyente. ¿Pero cómo puede ser, entonces, que después del multitudinario e intenso estallido social de 2019 los chilenos no hayan concurrido a votar masivamente para lograr los cambios que pedían en las calles? Los motivos son muchos: descreimiento del sistema electoral, falta de representatividad de los candidatos, desconfianza en el voto como instrumento de transformación social, etcétera.

Efectivamente, si analizamos la participación electoral por estrato socioeconómico, vemos que los sectores medios-altos y altos tuvieron una presencia electoral muchísimo más fuerte que aquellos que pertenecen a estratos más bajos, que si bien fueron protagonistas del estallido social de 2019, tienen un fuerte descreimiento en todo el sistema político en general.

Pero además de la baja participación electoral, la realidad es que ninguna fuerza política alcanzó los dos tercios, o sea, los 104 los escaños necesarios para introducir cambios sustanciales. De hecho, al agrupar a los candidatos por su pertenencia a un partido político, vemos que los candidatos independientes obtuvieron la mayoría, ya que alcanzaron el 31% de los votos, algo que ninguna otra coalición logró.

Con casi el 99,92% de las mesas escrutadas los resultados son los siguientes: sobre 155 escaños, los independientes obtienen 48 bancas, Vamos por Chile (la coalición oficialista de centro-derecha) logra 37; Apruebo Dignidad (coalición de izquierda y centro-izquierda que incluye al Frente Amplio), 28: la Lista del Apruebo (que contiene a los partidos de la ex Concertación, la alianza de los expresidentes Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet) logra 25 y los pueblos originarios obtienen las 17 bancas reservadas debido al denominado “cupo indígena”.

¿Qué puede suceder entonces? Esta convención tendrá 9 meses, a partir de junio o julio para elaborar el texto de la nueva Constitución nacional, pudiendo ser ampliado por 3 meses más, en una sola oportunidad. Durante estos 9 o 12 meses, los convencionales deberán debatir punto por punto la redacción de la nueva Constitución. A lo largo de este proceso serán fundamentales las alianzas que se gesten debido a que ninguna fuerza tiene por sí sola ni los dos tercios para introducir reformas ni un tercio de los escaños para bloquearlas. Sin embargo, estas alianzas no serán sencillas debido a que los candidatos independientes, con bastante dispersión ideológica entre sí, prestarán apoyos para ciertas temáticas pero para otras no. Así, habrá algunos independientes que cooperen con posiciones más conservadoras para ciertos temas pero con los convencionales más progresistas para otros.

Pero más allá de las posibles configuraciones de alianzas, estos resultados nos permiten vislumbrar que ciertas demandas sustanciales probablemente no llegarán a la nueva Constitución. Sin duda, las propuestas iniciales de eliminar el modelo de Estado subsidiario; establecer un acceso a la salud y la educación de forma estatal y gratuita; declarar el agua como un recurso natural esencial; desarrollar una política de vivienda y/o convertir a Chile como un Estado plurinacional son más difíciles de lograr con esta composición constituyente porque lograr reunir los 104 votos parece una tarea compleja. Incluso, con esta distribución de escaños, Apruebo Dignidad y la Lista del Apruebo (ambas coaliciones de centro izquierda y con varias coincidencias ideológicas) reúnen 53 bancas en conjunto y necesitarán contar con la totalidad de los independientes más 3 convencionales de pueblos originarios para llegar a los dos tercios necesarios para lograr introducir estas reformas.

En conclusión, si bien Chile vivió elecciones históricas hay que ser muy cauto a la hora de predecir posibles cambios importantes después del estallido social. Contrariamente a la euforia progresista que se vivió en octubre del año pasado cuando el “apruebo” triunfó con el 78% de los votos, hoy predomina la mesura y la incertidumbre. Estas elecciones demostraron un verdadero hartazgo de la sociedad chilena con sus representantes, ya que además de la baja participación electoral los resultados demostraron la preferencia por candidatos que no pertenecen a ninguna coalición tradicional. A su vez, si bien los jóvenes y los trabajadores fueron los protagonistas del estallido, los protagonistas de estas elecciones fueron los adultos, poniendo en tela de juicio el “poder juvenil” que se vio en las calles en 2019.

Por lo tanto, todavía faltan muchos meses para poder saber cómo va a ser la nueva Constitución, pero independientemente de esto hay algunas señales de alarma que la clase política chilena no puede dejar de prestar atención, ya que tanto la oposición y sobre todo el oficialismo resultaron los grandes perdedores de la noche.

(*) Licenciada en Ciencias Políticas (UCA) e investigadora del Centro de Estudios Internacionales (CEI-UCA)