Tensión en la Unión Europea por el gasoducto Nord Stream 2

21 de abril, 2021

Tensión en la Unión Europea por el gasoducto Nord Stream 2

Por Franco Marinone (*)

El Nord Stream 2 es un gasoducto de 1.224 kilómetros que trasladará millones de metros cúbicos de gas desde la ciudad rusa Narva Bay hasta la germana Lubmin near Greifswald. Así, el nuevo gasoducto permitirá triplicar la exportación de gas desde Rusia (mayor exportador) a Alemania (mayor importador), y de ahí a otros países europeos. Sin embargo, desde su creación en 2015, el proyecto ha enfrentado todo tipo de obstáculos: políticos, medioambientales, y hasta militares.

El proyecto cuenta con un presupuesto de US$ 11.000 millones: la mitad financiada por empresas europeas como OMV, Wintershall Dea, Engie, Uniper y Shell, y la otra mitad por la empresa estatal rusa Gazprom. Cuando se finalice su construcción será uno de los gasoductos marinos más largos del mundo, atravesando el Mar Báltico y pasando por aguas territoriales o zonas económicas exclusivas de Finlandia, Suecia, Dinamarca, y evidentemente de Rusia y Alemania.

Pero el Nord Stream 2 es mucho más que una tubería. Es, quizás, una de las disputas geopolíticas más significativas de los últimos años. Lejos de ser una cuestión bilateral entre Moscú y Berlín, involucra también a Estados Unidos y diversos países de la UE.

¿Dependencia energética o de intereses económicos?

Entre los opositores al proyecto se encuentran los gobiernos de Ucrania, Polonia, Letonia, Estonia, Lituana, Eslovaquia y Estados Unidos. Los motivos que han dado para oponerse son variados: Estados Unidos dice que es “un mal negocio para Europa”, los países del este de la UE han declarado que había que frenar la finalización del proyecto por el caso del envenenamiento de Alexey Nalvany y la oposición al Gobierno de Angela Merkel argumenta que Nord Stream 2 conducirá a una fuerte dependencia de Europa con Rusia.

Si nos fijamos en los datos, es cierto que el funcionamiento energético de Europa depende en gran medida del gas ruso. Según datos de la empresa rusa Gazprom, más de un tercio del consumo total de gas en Europa proviene de Rusia. En Alemania, el 61,9% del consumo de gas en un año es de origen ruso, en Austria asciende hasta el 70,1% y en países como Francia o Italia el porcentaje llega a casi el 40%. Sin duda, en caso de un conflicto político entre las potencias citadas, la Federación Rusa tendría la opción de cerrar el gas y congelar a Europa.

Sin embargo, estos argumentos parecen esconder intereses mucho más profundos. Europa en general, y en particular Alemania, ya son dependientes del gas ruso desde hace décadas. Entonces, ¿por qué surge este conflicto ahora?

La explicación la podemos encontrar en los diversos gasoductos que atraviesan los países del este de Europa y que ingresan cantidades millonarias por el derecho de tránsito del gas ruso. Si nos fijamos en el caso de Ucrania, estas cuantías se elevaron a los US$ 3.000 millones en 2019, siendo el 3% del PIB de dicho país. En países como Polonia o Eslovaquia se manejan cifras similares. En caso de que se finalizara el Nord Stream 2, este hecho supondría pérdidas millonarias para el país, lo que desde luego configura una buena razón para oponerse al proyecto.

Por su parte, Estados Unidos, desde finales de 2019, ha impuesto sanciones a empresas de sus países aliados en Europa. Tal es el caso de la empresa Suiza Allseas, encargada de instalar las tuberías bajo el mar. La llegada de Joe Biden al Gobierno estadounidense era vista como una oportunidad de reencuentro entre EE.UU. y la UE. Sin embargo, para el nuevo secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, el proyecto de Nord Stream 2 “es una mala idea y un mal acuerdo para Europa, para nosotros, para la alianza” y “socava los principios básicos de la UE en términos de seguridad e independencia energética”.

Para entender esta posición simplemente hay que fijarse en el hecho de que el nuevo gasoducto desplazaría a EE.UU. del mercado del gas licuado, que pretendía ser exportado masivamente en los próximos años a Europa.

Rusia y Alemania defienden el proyecto a pesar de las sanciones

Rusia y Alemania, como no podía ser de otra forma, defienden la conclusión del proyecto ante la lluvia de sanciones y presiones políticas. La visión del Gobierno ruso es totalmente contraria a la de sus detractores, argumentando que es un proyecto enormemente beneficioso para la economía de Europa: se estima que el nuevo gasoducto transportará suficiente gas para abastecer 26 millones de hogares. Además, y lo que es más importante, el gaseoducto no pasa por países de tránsito y, por lo tanto, Alemania recibiría más gas a menor precio y Rusia se ahorraría los pagos a países terceros.

Las autoridades germanas también defienden el proyecto, argumentando que se trata de un acuerdo comercial que mantiene activas las relaciones con Rusia. La mandataria alemana describe esta relación comercial como un deber diplomático y que, más allá de las sanciones por el “caso Nalvany”, es necesario tender puentes con el país ruso. Tan solo quedan 150 kilómetros para finalizar el gaseoducto más polémico de los últimos tiempos y, a pesar de las críticas y sanciones, se calcula que el proyecto será finalizado en 2021.

Si bien este nuevo gasoducto seguiría en la misma línea de dependencia energética de Europa frente a Rusia, las razones de la oposición al proyecto van más allá de esta realidad. Veremos si esta megaestructura consigue ser finalizada o se queda en el abandono. Algo está claro: sea o no construido, Nord Stream 2 generará polémica durante los próximos años.

(*) Master en Identidades e Integración Europea

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