La cosecha se quema y el dólar se empieza a despertar

12 de abril, 2021

La cosecha se quema y el dólar se empieza a despertar

Con gente desesperada, aterrada por contagiarse de Covid, el Gobierno estuvo concentrado la semana pasada en realizar cambios impositivos para ganar votos y en intentar postergar las PASO y las elecciones generales.

Pero, lejos de las voces agresivas (“imbéciles” y/o “barrasbravas”) de políticos oficialistas y opositores, el verdadero tema de la semana fue la ola de contagios y muertes que está provocando otra vez el coronavirus, no solo en nuestra región, sino en todo el mundo, lo cual está generando restricciones de movimiento, demoras en las aperturas y, por supuesto, impacto en las inversiones.

La aparición de nuevas cepas, con un virus que muta permanentemente, más una vacunación muy desigual (rápida en países ricos y organizados y lenta o inexistente en países pobres y caóticos) generó en la primera semana de abril algo que se había aplacado en febrero y marzo, y que asusta otra vez a la humanidad: con las vacunas, las muertes mundiales semanales habían bajado de 70.000 a 64.000, pero ahora han saltado de nuevo tanto que tenemos 80.000 decesos a la semana, otra vez en cifras que no se veían desde hace meses.

Por supuesto, las cifras varían minuto a minuto. Pero según los últimos números, en 17 meses de pandemia, ya hay 2.940.000 de muertos y apenas 431.000.000 de vacunados, el 5,4% de la población mundial. Y la situación es muy desigual: hay naciones con más del 50% de su población vacunada, como Israel, Emiratos Arabes Unidos, Chile, Gran Bretaña y Estados Unidos. Uruguay y casi toda Europa Occidental ya vacunaron a más del 20% de su gente. Mientras que la Argentina y Brasil vienen mucho más atrás, con el 12% de inoculados. Bolivia y Perú menos del 4% y Paraguay, con menos del 1%.

Este aumento de contagios y muertes obliga a los laboratorios a remasterizar sus productos. Se ve con claridad que cada vez hay más gente que se contagia igual, a pesar de estar vacunada. Eso sirve para que la enfermedad se enfrente de manera más atenuada, pero igual restringe el movimiento económico, frena la reactivación y complica la evolución de las inversiones.

Tal como están las cosas, China y Estados Unidos son las dos economías que están reaccionando con mayor velocidad y apuntan a tener este año crecimientos que lo lleven a un nivel récord para los chinos y a un nivel mayor al prepandemia a los norteamericanos. Pero un dato que pone en blanco sobre negro lo que provoca este rebrote es lo que ocurrió con el empleo en EE.UU. la semana pasada: con fuerte recuperación, desde cifras que en algún momento superaban el millón semanales, se esperaba que la semana pasada hubiera 680.000 pedidos de seguro de desempleo, pero la cifra fue de 744.000, poniendo a las claras que, a pesar del estímulo gigante de Joe Biden, el repunte todavía será cuesta arriba.

El contexto local

Y para Argentina el panorama es aún más incierto. A pesar de recaudación récord gracias a la exportación y retenciones de granos con precios en el mayor nivel de nueve años, en el primer trimestre quedó a las claras que la cosecha se está quemando, solo para sobrevivir. Hubo liquidación de exportaciones por US$ 6.724 millones, el Banco Central pudo comprar US$ 2.178 millones, pero en las reservas de Reconquista 266 quedaron apenas US$ 188 millones, ya que el resto se gastó en buena medida por el rulo de bonos que hace el Gobierno para frenar artificialmente el precio del dólar.

Martín Guzmán insiste con su esquema. El gasto público no se baja. La Secretaría de Comercio Interior aprieta a 1.000 empresas, intimándolas, diciéndoles que habrá sanciones para compañías que no produzcan al “más alto grado de su capacidad instalada”. Y, sin ganancias, los centros de producción se desactivan, entregan menos productos, hay escasez, desabastecimiento y por supuesto más inflación, tanto que en la primera semana de abril los alimentos subieron 1,5%.

Setenta y tres de las empresas que cotizan en Bolsa presentaron sus balances trimestrales con cierre a diciembre último. En todo 2020 contra todo 2019 las ganancias se achicaron 85% y en el último trimestre del año pasado contra octubre-diciembre de 2019 el desplome fue del 90%.

Por escasez de producción y más inflación, hubo muchas subas de precios en la industria y la construcción, y eso detuvo un centenar de pequeñas reformas hogareñas que estaban en marcha. Con dólares del canuto, y con precios de insumos accesibles, muchos se lanzaron a arreglar sus casas, pero ahora los precios subieron, los canutos se achicaron, las obras se pararon y los obreros contratados están otra vez en sus casas.

Así, por segunda semana consecutiva, a pesar de que el Gobierno vende regalados bonos que prometen pagos a vencimiento tasas del 20% anual en dólares, los dólares financieros libres volvieron a estar hacia arriba. Y como única solución a toda esta problemática Guzmán retrasa el tipo de cambio: en el último mes el dólar mayorista subió 1,9%, contra subas de precios del 4-4,5%, lo cual significa inflación en dólares, una estocada mortal a la única fuente de financiamiento que nos queda, el superávit comercial.

Sin bajar el gasto, sin bajar impuestos, el Gobierno amenaza a la producción con impedir exportar. Ya se hizo antes: se prohibió la venta de carne y la cantidad de cabezas cayó en 10 millones. Con las retenciones a los granos pasó algo similar. La economía argentina se achica, y nadie del Gobierno parece querer verlo.

La marcha del dólar

Por supuesto, frente al nuevo crecimiento de restricciones por Covid que hay en todas partes, los bancos centrales de cada país emiten dinero sin parar, EE.UU. sobre todo. Por eso, en el balance de la semana pasada el dólar subió sólo contra la libra esterlina (0,9%), pero luego bajó entre 0,2% y 2% contra el yuan, el real, el mexicano, el chileno, el yen, el euro y el franco suizo.

En Argentina, sin embargo, el dólar siguió subiendo. El dólar blue retrocedió 0,7% en la semana, pero los que tienen pesos sobrantes ya se están pasando al dólar: el MEP subió 1,5% y el contado con liquidación trepó 1,8%, rozando ya los $150, su mayor precio de las últimas ocho semanas, desde el 16 de febrero, con el dólar ahorro ya en $162.

La tensión de la inflación, que puede superar el 4% en marzo (veremos qué dice Marco Lavagna desde el Indec esta semana), ya descolocó por completo a los plazos fijos tradicionales que pagan 2,7% cada 30 días. Eso está generando un traspaso de depósitos a ajustables por inflación, con un riesgo sistémico, ya que la masa de depósitos es absorbida por el BCRA con las Leliq, que pagan 38%, pero la inflación crucero del 4% marca que la velocidad actual está en el 60% anual, por más que el REM que consulta el BCRA lo esté ubicando en el 46%.

Todo este cuadro de posición mantiene totalmente desactivado el interés en la compra de bonos argentinos. La semana pasada se siguieron arrastrando por un poco, cotizando con paridades cercanas al 30% de paridad respecto de un valor nominal de 100, por lo que el riesgo país de la Argentina subió a 1.618 puntos básicos, con Guzmán iniciando un viaje a Europa para convencer al Club de París para que nos espere, y con el Club de París avisándole, antes de que salga, que primero tiene que acordar con el FMI, diseñando un plan creíble.

Con toda esa coyuntura, a pura emisión en todos lados, la semana pasada entregó una buena noticia. La Bolsa de Buenos Aires fue una lágrima ya que operó por día un equivalente a US$ 5 millones en acciones y US$ 14 millones en Cedears. Pero, sin actividad, la Bolsa porteña mejoró: los precios son tan irrisorios que hay gente que confía en que algún día van a mejorar.

Con las bolsas del mundo trabadas en la espuma de la cima de la burbuja desde hace siete semanas, la semana pasada el Nasdaq de Nueva York subió 3,1% (el rebrote del virus favorece a las tecnológicas), el Merval argentina trepó 2,6% en dólares y 1,8% en pesos, San Pablo y el Dow Jones mejoraron 2%, Chile ganó 1,5%, Frankfurt y México 0,8%, con bajas leves del 0,2% para Madrid y Tokio.

¿Por qué mejoraron las acciones argentinas en esta difícil coyuntura? La mayor parte de los inversores no cree que un acuerdo con el FMI o con el Club de París cambie nada. Pero están convencidos de que las elecciones puede ser un driver que mejores las cosas. ¿Será posible? Veremos cómo se votó ayer en Perú y Ecuador, eso puede ser un aviso.

En los últimos días, con un cúmulo de contagios y con camas de terapia intensiva mucho más ocupadas, los políticos atendieron su juego. Con los mayores de 60 mirando por la ventana, sin vacunas, los políticos parecen querer postergar las PASO, que deberán hacerse en 17 semanas, para septiembre, y la elección general, que debería hacerse en octubre, para noviembre.