BRICS: de la promesa al estancamiento

8 de abril, 2021

BRICS: de la promesa al estancamiento

Por Diego Sadrinas (*)

BRICS es la denominación que el mundo de la academia, en el 2001, otorgó a un conjunto de países a los cuales consideraba que iban a tener un protagonismo central en este nuevo siglo por el crecimiento de su PIB y, a partir de eso, intentar construir una hegemonía global alternativa.

En 2009 se pasó del mundo intelectual al plano político a partir de la constitución oficial de la alianza entre Brasil, Rusia, India, China y la posterior invitación a Sudáfrica, quien fue el último estado en integrarse a este nuevo espacio de poder. Acto seguido, se formalizó la institucionalización de este bloque con la puesta en funcionamiento del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y el Acuerdo de Reserva de Contingencias (CRA). 

El NDB tiene como objetivo el financiamiento de proyectos de desarrollo en países emergentes mediante créditos, préstamos y diversos instrumentos financieros, similar a lo que hace el Banco Mundial, pero intentando disminuir la utilización del dólar como unidad transaccional promoviendo el uso de la moneda circulante en los países miembros mientras que el CRA es un fondo de reserva para utilizar ante crisis financieras, similar a lo que hace el FMI.

A más de 10 años de su formalización es posible y necesario hacer algunas reflexiones generales. Luego del impulso de los primeros años este espacio parece haberse estancado y debilitado por una serie de razones: China uno de los países más pobladas y poderosos del planeta, viene disputando la hegemonía con EE.UU. desde el comienzo del nuevo siglo y lo hace cada vez con mayor intensidad. Esto lo posiciona en una sintonía distinta respecto al resto de los países.

En segundo lugar, hay que mencionar una disputa fronteriza, en la región de Cachemira, entre India y China. Este conflicto lleva más de cuatro décadas y tiene “ups and downs” que terminan afectando la armonía y la consolidación del bloque.

Otro factor a tener en cuenta es la divergencia en los ordenamientos políticos: China tiene un régimen político unipartidista centralizado, en donde el PCCh es el partido rector y el que establece las líneas de conducción del país es decir que en términos políticos es un sistema autoritario, en donde no hay elecciones libres ni libertad de expresión y al mismo tiempo en el plano económico se impulsa el libre intercambio de bienes y servicios. A ese modo de organización particular la podemos caracterizar como “socialismo de mercado”.

Al mismo tiempo, en Rusia se está debilitando cada vez más la idea de nación democrática mientras se va consolidando una autocracia de fuerza centrípeta alrededor de su presidente, Vladimir Putin, quien impulsa reformas sui generis que le garanticen la permanencia en el poder mientras persigue opositores a quienes acusa de sedición. Las sospechas de fraude electoral en los últimos años son cada vez más contundentes.

En Brasil, desde la destitución vía juicio político a Dilma Rousseff, la situación es de inestabilidad institucional y crisis económica: se creía que Brasil se convertiría en la nación referente de América Latina y en un jugador estratégico a nivel global por su mercado interno y su capacidad de producción. Sin embargo, no logra aquietar el frente interno y constituirse en un actor institucional confiable. Las decisiones de su actual presidente, Jair Bolsonaro, respecto del Covid-19 están debilitando aún más a su país.

Esa descripción respecto de la situación sociopolítica de algunos de los países miembros es ilustrativa del porqué del estancamiento del bloque BRICS.

En suma, mientras que el Gigante Asiático destina toda su energía para erigirse como el nuevo hegemón mundial, Rusia quiere recuperar el orgullo de los tiempos de la Guerra Fría y Brasil intenta recuperar norte perdido: este panorama variopinto de los países miembros implica necesariamente la ausencia de objetivos claros y comunes, razón por la cual este bloque se encuentra estancado desde al menos el último quinquenio. No obstante, la última palabra no está dicha sobre todo en un mundo que está en plena reorganización: esta nueva década que acaba de iniciarse será crucial para saber si el sueño de una nueva gobernanza logra convertirse en realidad de aquí al 2030.

(*) Politólogo (UBA)