SuperMario

8 de marzo, 2021

Mario Draghi

Por Nicolás Fuster

Mario Draghi (Roma, 1947) estudió economía en Sapienza, con el influyente keynesiano Federico Caffè, y se especializó en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Boston, bajo la supervisión de Franco Modigliani y Robert Solow, economistas que más tarde ganarían el Premio Nobel.

Luego de una experiencia como profesor en varias universidades italianas, Draghi fue designado Director General del Tesoro, donde gestionó la delicada estación de privatizaciones junto al entonces Ministro Carlo Azeglio Ciampi. Más tarde, después de unos pocos años en Goldman Sachs, en 2005 Draghi volvió a la función pública como gobernador de la Banca d’Italia, comenzando una serie de intervenciones en instituciones que, a su llegada, se encontraban en serias dificultades.

Al momento del nombramiento de Draghi, la Banca d’Italia atravesaba una profunda crisis, que los medios llamaron “Bancópolis”. El gobernador saliente había renunciado ante un escándalo por conflicto de intereses, a partir del cual se decidió que el puesto dejaría de ser vitalicio. El desempeño de Draghi, que reformó y modernizó la Banca d’Italia, le abrió las puertas de las instituciones internacionales: primero el Financial Stability Board y luego, el Banco Central Europeo (BCE).

Draghi fue elegido Presidente del BCE en 2011, nuevamente durante una emergencia gravísima. La crisis financiera, generada en 2008 en Estados Unidos por el quiebre de la Lehman Brothers, había provocado una enorme recesión en Europa.

A partir de 2010, la crisis de la deuda soberana, que se había expandido desde Grecia a Italia y España, comenzaba a cuestionar la misma supervivencia del euro. En julio de 2012, a apenas ocho meses de su designación, Draghi pronunció las palabras: Durante nuestro mandato, el BCE está listo para hacer lo que sea para preservar el euro. Y créanme, será suficiente. Con el famoso whatever it takes, Draghi mostró más decisión que varios gobiernos nacionales y pulverizó las especulaciones del fin de la moneda única.

Como la economía es una ciencia social, el efecto de las palabras de Draghi fue inmediato y cambió el curso de la crisis de confianza que amenazaba a la eurozona. El Nobel Paul Krugman consideró que Draghi claramente salvó el euro del colapso en 2012-2013, lo que lo convierte en el principal banquero de la época moderna”.

Poco tiempo después, Draghi lanzó una medida inédita para el BCE, institución que debe atenerse a reglas rígidas cuando se trata de financiar gobiernos: el quantitative easing, un plan de compra de títulos de Estado, es decir de deuda, para inyectar nuevo dinero en la economía europea, incentivar préstamos bancarios a las empresas y estimular la economía. El QE, comenzado en 2015 y últimamente llamado bazooka, se combinó con otras medidas como la reducción de tasas de interés (que llegaron a ser negativas) y préstamos a los bancos. En el mismo año hubo una posibilidad concreta de que Grecia abandonara la moneda común. Muchos hipotetizaron que para Atenas habría sido mejor salir del euro, al menos por un tiempo. Draghi, firmemente contrario, permitió que los bancos griegos continuaran recibiendo fondos mientras ganaba tiempo para que la política encontrara un compromiso. Las medidas de Draghi al frente del BCE se consideran la razón principal por la que la Unión Europea consiguió superar la crisis del euro, evitando la ruptura de la unión monetaria y los probables defaults en cadena que se habrían sucedido.

Al ser consultado sobre sus ideas políticas, Draghi respondía que sus convicciones estaban «con lo que hoy llamaríamos socialismo liberal, lejos de los grupos extremistas En esta misma línea, explicaba que hay dos tipos de deuda, opuestos entre sí: la deuda buena, que sirve para crecer y crear empleo, y la deuda mala, que no genera ninguna producción.

A la luz de la pandemia, en 2020 Draghi publicó un comentado artículo en el Financial Times, en el que aseguraba que ante la crisis generada por el Covid-19 hay que actuar con fuerza y velocidad, para evitar una recesión prolongada y profundizada por una progresión de defaults que dejarían un daño irreversible.

La respuesta –escribe Draghi– está en aumentar la deuda pública y no limitarse a cubrir un ingreso básico a los desempleados, sino desplegar inmediatamente todos los instrumentos económicos de los enteros sistemas financieros, dando liquidez y abriendo acceso al crédito, sin perder tiempo en burocracias. Pocos meses después de esa publicación, la Unión Europea aprobó el Recovery Fund, un fondo de endeudamiento común de los países miembros, del que Italia recibirá € 209 mil millones. En su discurso en la Fondazione Meeting, Draghi fue claro sobre el uso que se le debe dar a ese instrumento: Los subsidios, una primera forma de cercanía hacia los más afectados por la pandemia, sirven para sobrevivir, pero a los jóvenes debemos darles más. Los subsidios se terminarán, y si no se hace nada, quedará la falta de una calificación profesional que condicionará la capacidad de elección y el rédito futuros. La deuda generada por el virus será pagada principalmente por los jóvenes. Y privar a los jóvenes del futuro es una de las más grandes formas de desigualdad.

En febrero de 2021, una vez recibido el encargo del Presidente de la República, Sergio Mattarella, para formar gobierno, Draghi construyó un apoyo transversal en el Parlamento, que incluye a los anti-sistema, los socialdemócratas, los liberal democráticos, la centro derecha, la derecha radical y algunos independientes, y les indicó a sus ministros que hablaran poco y solo si tienen algo que decir.

Draghi no tiene perfiles en redes sociales. No es un dirigente que busque hacer todo, porque realmente cree en delegar el trabajo. Trabaja con calendarios definidos y le dedica mucho tiempo a la atención de los problemas. No obstante la imagen común del frío economista, en varias oportunidades fue fotografiado en supermercados, eligiendo algo para comer en las pausas del almuerzo o besando a su esposa en la fila de la caja. Luego de haber ordenado la Banca d’Italia y de haber salvado la integridad de la Unión Europea desde el BCE, Draghi se enfrenta al más íntimo de sus desafíos: lograr que Italia no pierda la que para muchos es la última oportunidad, volver a colocarla en el camino del crecimiento y conseguir que los jóvenes tengan un futuro.


(*) Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por Sapienza, Universidad de Roma; Master en Ciencia Política por la Universidad de Amsterdam y Coordinador de Italia Viva para Sudamerica @mellamonicolas