Sólo queda la elección para sacar a los activos del pozo

22 de marzo, 2021

Sólo queda la elección para sacar a los activos del pozo

Por Luis Varela  

Con una Argentina en la que la inversión privada desapareció, el empleo privado se extinguió y llegamos al insólito número de 52% de pobres entre los que se incluye 18% de indigentes, el ministro de Economía, Martín Guzmán, adelantó su viaje a Estados Unidos con dos objetivos bien claros: convencer a fondos de inversión para que vuelvan a creer en Argentina y buscar algún acuerdo con el FMI, para poder llegar a la elección de octubre sin hacer un ajuste que se sienta en las urnas.

Vaya donde vaya, Guzmán repite su predicado una y otra vez. “Estamos en un sendero que nos llevará al superávit fiscal y eso hará sostenible el pago de la deuda. Jamás hubiéramos metido al FMI de nuevo en Argentina como hizo Macri. Si hubiéramos sido Gobierno, habríamos hecho lo que hicimos, reestructurar la deuda, ahorrándole al país una millonada de dólares en intereses”, relata.

Lo que Guzmán omite en esa declaración es algo bastante evidente. Al FMI no se lo puede reestructurar, porque si no pagás el dinero pasado, te corta el dinero futuro: no hay más acceso a las líneas de contingencia, no solo del FMI, sino del Banco Mundial y de otros organismos multilaterales de crédito. O sea, a los inversores privados sí se les puede hacer un corte de manga, pagadiós, rompiendo contratos, pero con el FMI es mucho más complicado.

Hasta febrero, con la soja subiendo a toda velocidad, y en un primer bimestre que siempre, históricamente, es más liviano para el Fisco, Guzmán decía que no había ningún apuro para negociar con el FMI. Había logrado aplastar al dólar, con una pax cambiaria que se logró primero vía gasto de reservas y luego vía quema de bonos, hasta achicar la brecha cambiaria desde 135% en plena corrida en octubre, hasta 48% entre dólar oficial y dólar blue y 64% entre contado con liquidación y dólar mayorista el viernes.

Entre las miles de cosas que van pasando, la semana pasada hubo tres elementos financieros que se destacaron. Dos bancos de inversión internacionales recomendaron la compra de dos bonos argentinos porque pagan buen cupón el 9 de julio próximo (la opción es entrar y salir, comprar, cobrar la renta, e irse). La pax cambiaria se interrumpió con el dólar blue y el contado con liquidación subiendo, lo cual obligó al BCRA a volver a entregar reservas. Y llegaron los balances de las empresas a la Bolsa, con resultados durísimos.

Con su política de que soporten costos y mantengan precios máximos o cuidados, las cotizantes argentinas en la Bolsa de Buenos Aires mostraron números para terapia intensiva. En promedio, las 50 compañías que ya presentaron los estados contables en detalle, pasaron de ganar $4.633 millones por empresa en el trimestre octubre-diciembre de 2019 a perder $48 millones por compañía en el trimestre octubre-diciembre de 2020.

¿Cuál fue el resultado de esas “ideas locas” (según calificó el propio presidente Alberto Fernández? En números promedio, por cada día con negocios, en la Bolsa de Buenos Aires se negociaron $984 millones en acciones argentinas y $1.721 millones en empresas extranjeras (Cedears) en febrero y esos números pasaron a ser $766 millones en empresas nacionales y $1.926 millones en compañía extranjera en marzo.

La semana pasada, gracias a la recomendación de esos fondos de inversión, los bonos argentinos subieron del quinto al cuarto subsuelo y pudieron recuperar 6% de cotización. Pero las acciones argentinas no reaccionaron: el índice Merval bajó 0,2% medido en pesos y cayó 1,7% medido en dólares, convirtiéndose en uno de los recintos bursátiles que más bajó y que de los que más retrocede lo que va de este año.

Además de esto, hay otras cuestiones que suman más amenazas. Paraguay y Brasil fueron la semana pasada los países del mundo con mayor aumento de muertes por las nuevas cepas del Covid-19. La vacunación viene muy lenta.  Argentina acaba de superar al promedio mundial. En todo el planeta se vacunó al 5,4% de la población y en Argentina al 6,5%. Pero nadie entiende por qué países como Chile o Uruguay negocian con todos los laboratorios, los chilenos ya vacunaron al 44% de su gente y los uruguayos al 8,6%. En Argentina seguimos pendientes de lo que deja salir Rusia de la Sputnik V y la ministra de Salud da una conferencia en la que dice que las vacunas Sinopharm “están en China”.

Con virus y con pax cambiaria más amenazantes, Guzmán tuvo que adelantar su viaje a Estados Unidos para ver si consigue quién ponga plata y que el FMI de más tiempo, para poder llegar a la elección sin ajuste.Los inversores consultados dijeron que se profundizó el escepticismo en Wall Street sobre la Argentina pese al viaje del ministro. Y ahora le queda la reunión con la gente del FMI.

Las urgencias son concretas. En las próximas seis semanas el ministro debe afrontar vencimientos por $453.000 millones, de los cuales 38% está rodando ajustando por CER, que en el último cuatrimestre está actualizándose con un índice anualizado del 55% anual.

Sin tocar el gasto público, porque no tiene capacidad política como para hacerlo (los poderes que viven del Estado le pararían el país por completo), el ministro sigue viviendo al día, enfrentando cada pared que se le cae encima. Hoy, en licitaciones que se hacen cada vez más seguidas, saldrá a pedir más dinero prestado. La semana pasada tomó $77.000 millones (de los cuales el 43% ajusta por CER). Y hoy sale a pedir más fondos. Ofrecerá tres papeles: una Letra del Tesoro Nacional en pesos a descuento con vencimiento 31 de agosto de 2021, una Letra del Tesoro Nacional en pesos a tasa variable más 1,75% con vencimiento 31 de agosto de 2021 y una Letra del Tesoro Nacional en pesos ajustadas por CER a descuento con vencimiento 28 de febrero de 2022.

Dentro de quince semanas Alberto se heredará a sí mismo. Deberá pagar en dólares los bonos del canje: no son muchos porque estos primeros cupones son con tasas bajas. Pero las reservas líquidas del Banco Central están en cero. La autoridad monetaria compra dólares por una ventanilla cada día pero los pierde por la otra por importaciones, pagos y operaciones para mantener al dólar anestesiado.

Con cepo sobre cepo, el Banco Central tiene que seguir bajando persianas para que los pocos dólares que hay no se evaporen. Ya no son las automotrices las que avisan que si no pueden importar piezas no podrán seguir fabricando. El titular de la Cámara de Ferreterías salió a advertir que hay desabastecimiento de clavos, alambre, chapas acanaladas, ladrillos, cemento y otros productos.

Por supuesto, la falta de materiales está generando una ola de aumentos. Y la escasez (que también se siente en neumáticos y otros productos de uso vital), está provocando que centenares de pequeñas reformas de construcción en casas y departamentos que se venían haciendo se estén congelando por subas de precios y faltante de insumos, dejando al mismo tiempo a un cúmulo de obreros de la construcción otra vez en sus casas.

Mientras la emisión sin fin sigue colocando por ahora a los activos de muchos mercados en burbujas insostenibles, los activos argentinos cotizan con precios destruidos. Hoy, medida en dólares, la Bolsa de Buenos Aires cotiza 80% más abajo que el pico histórico de principios de 2018 y 49,7% por debajo del promedio de los últimos 15 años. Y los bonos están 56% abajo del pico de octubre de 2017 y 20% abajo del promedio de los últimos 15 años.

Los analistas de todos los frentes, sin excepción, repiten casi al unísono: hoy el inversor argentino está descartando colocar dinero nuevo en activos locales. Para que eso suceda tienen que aparecer “drivers” que actúen como disparadores para cambiar el clima. Que Guzmán acuerde algo con el FMI puede ayudar, pero no será suficiente. Lo que sí puede cambiar el clima es la elección de octubre. Un resultado electoral, con la población dando su veredicto, puede hundir más las cosas o cambiar la dirección de las cotizaciones.