La CTI y los beneficios de apostar a largo plazo

4 de marzo, 2021

La CTI y los beneficios de apostar a largo plazo

Por Patricio Murphy (*)

El pasado 24 de febrero, la Cámara de Senadores aprobó la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. La norma, además de declarar de interés nacional al desarrollo de dicho sistema, busca establecer el incremento progresivo y sostenido del Presupuesto Nacional destinado a la ciencia, tecnología e innovación (CTI) hasta alcanzar, en 2032, como mínimo, una participación del 1% del PIB.

Asimismo, el plan de acción plantea como objetivos: promover la federalización del sistema científico tecnológico, desarrollar y diversificar la matriz productiva en base a políticas de innovación sustentable, generar empleos de calidad, promover la formación de profesionales, generar incentivos del sector privado, propiciar la participación de las mujeres y la población LGTBI+, jerarquizar la investigación científico tecnológica y contribuir al desarrollo del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Aunque la ley se centra en la inversión en CTI desde el sector público, deja expresamente reservada a normas específicas la promoción de una mayor participación del sector privado.

El amplio consenso entre las principales fuerzas políticas de nuestro país en la sanción de esta norma constituye un reconocimiento definitivo al rol central de la CTI en el crecimiento económico y desarrollo social al interior de nuestras fronteras.

¿Por qué es importante promover a la CTI?

En consonancia a lo señalado por Fernando Stefani, investigador del Conicet, los mercados que presentan altos índices de tecnología son los de mayor valor agregado y los que crecen más rápido. En efecto, la brecha tecnológica entre estos países y los denominados “rezagados” se traduce en una brecha de crecimiento económico y bienestar social.

La premisa no es novedosa: los países que más invierten en investigación y desarrollo (I&D) se posicionan entre los más competitivos, generan riqueza que en parte destinan a la reinversión, y en otra a llevar mejores condiciones de vida a su población.

En particular, las ventajas que presenta la promoción y financiación de la CTI, son las siguientes.

Crecimiento económico

Economistas influyentes como Klaus Schwab, Fundador del Foro Económico Mundial, o Mariana Mazzucato, profesora de la University College London, aún desde distintas posiciones y líneas de estudio, sostienen la premisa “a mayor innovación, mayor crecimiento”. No obstante, esta concepción puede leerse en términos diádicos, es decir, innovación y crecimiento se retroalimentan el uno al otro, siendo el equivalente a la discusión entre el huevo y la gallina.

La noción, a grandes rasgos, radica en que la innovación científica y tecnológica en métodos cada vez más eficientes a ser aplicados en procesos de producción de avanzada o en bienes y servicios novedosos lleva a ciertos países a ser más competitivos y, por ende, a generar mayor riqueza, parte de la cual es reinvertida en I&D. Y así, la dinámica innovación-crecimiento, y viceversa, se repite.

A modo de ejemplo, los países más innovadores del mundo según el estudio Global Innovation Index 2020 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual –OMPI-, a saber: Suiza, Suecia, Estados Unidos, Reino Unido y Países Bajos, presentan PIB y PIB per cápita elevados, lo que denota una estrecha relación entre innovación y riqueza.

En el caso de Argentina, es posible trazar una estrecha relación entre innovación-crecimiento (o viceversa). De acuerdo a datos del Ministerio de Economía y el Banco Mundial, en el decenio 2003 y 2013, el porcentaje del presupuesto destinado a “Ciencia y Técnica” aumentó del 0,20% al 0,35% a la vez que el PIB real aumentó casi en 62%. Entre el 2013 y 2015 la economía evidenció un débil crecimiento del 0,8 % mientras que el porcentaje en CyT se estancó a valores de 2013. En el periodo 2016-2019, el PIB real disminuyó en 2% a la par que el porcentaje en CyT se ubicó en 0,23% del PIB, es decir, se retrotrajo casi a valores del 2005. Un patrón similar se evidencia en la evolución del PIB per cápita en el periodo 2003-2019.

Entonces, habiendo demostrado la concluyente relación bajo estudio, es dable destacar que el crecimiento y la acumulación de riqueza brindan diversas posibilidades a un país, entre ellas, la acumulación de divisas y fortalecimiento de moneda local. Esto no sería menor para Argentina y dado que el desarrollo del sistema científico-tecnológico nacional, con todo lo que redunda en pos de un sistema productivo competitivo a nivel mundial y la obtención de soluciones soberanas en múltiples aspectos, constituiría una vía sana y sostenible para superar la histórica restricción externa que padece nuestra economía, esto es, la falta de divisas suficientes para sostener un crecimiento a largo plazo.

Desarrollo humano

Los países que generan riqueza, además, se encuentran en una mejor posición para llevar condiciones de vida óptimas a sus habitantes en múltiples dimensiones (educación, la salud, el sistema de seguridad social, entre otras).

De hecho, en su último informe, la OMPI enfatiza la relación positiva existente entre innovación y desarrollo, exponiendo como referencia a países como Suiza, Alemania, Canadá o Japón. En estos países, al igual que en otros que presentan altos niveles de innovación, existe una convergencia entre este indicador y los altos niveles PBI per cápita y de desarrollo humano.

Argentina, de acuerdo al mismo estudio, mantiene un nivel de innovación por debajo de las expectativas teniendo en cuenta su desarrollo. En otras palabras, el país aún tendría margen de ubicarse dentro de sus máximas posibilidades en esta relación. Eventualmente, si Argentina lograra alinear sus indicadores de desarrollo e innovación, es posible que esta última conduzca a la generación de mayor riqueza que, además de ser reinvertida (como se indicara en el punto anterior), podrá ser destinada a llevar progreso y mejor calidad de vida a sus habitantes. En suma, las variables de innovación y desarrollo, al igual que acontece con el crecimiento, también se retroalimentan. Este presupuesto se comprobaría, a modo de supuesto, en un país innovador que destina recursos a reforzar su sistema educativo y formar profesionales en áreas estratégicas que, en el día de mañana, seguirán influyendo en su ecosistema científico y tecnológico.

Asimismo, en el último tiempo, el concepto de “desarrollo” ha sido sujeto al adjetivo “sostenible”. Ello así, el “desarrollo sostenible” refiere a garantizar las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones. El concepto radica en perseguir un desarrollo, valga la redundancia, que equilibre crecimiento económico, bienestar social y cuidado del medio ambiente. Al respecto, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, adoptados en 2015 por la Organización de Naciones Unidas, destacan el fomento a la CTI como una de herramienta esencial para erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar la prosperidad para todos y todas.

En definitiva, toda apuesta a la CTI contribuye a generar un mayor bienestar en la sociedad, y a reforzar las capacidades para afrontar los ya existentes o los nuevos desafíos globales.

Fomento al sector privado

Los planes de acción y apuesta a la CTI desde el sector público, fomentan y brindan garantías al sector privado para que aumenten su involucramiento en I&D.

Esta premisa encuentra su estado de madurez en un “Sistema Nacional de Innovación” –SIN-, concepto concebido en la década de 1980 y que hace referencia a la interacción de diversos actores (empresas, agencias gubernamentales, universidades y organizaciones) que contribuyen a la generación, difusión, y el uso de nuevas tecnologías, en definitiva, al desarrollo de la CTI. De hecho, se ha señalado que el liderazgo actual de países como Corea del Sur o Finlandia en materia de innovación se debe a la eficacia de sus SNI.

En palabras de Mazzucato, el sector privado encuentra incentivo para invertir solamente después de que el “Estado emprendedor” realiza inversiones de alto riesgo.

Ahora bien, a determinado plazo, es necesario que los esfuerzos desde el sector público resulten concretamente en un sector privado dinámico y cuyas inversiones influyan considerablemente en el área de CTI. La fortaleza del sector privado se puede comprobar, de hecho, en compañías como Samsung (Corea del Sur), Huawei (China), Microsoft (Estados Unidos), Volkswagen (Alemania) que, según la OMPI, destinan cifras a I&D similares a la de economías como Suecia, Israel o Austria.

Mayor resiliencia ante crisis futuras

La crisis provocada por el Covid-19 golpeó las bases del multilateralismo y del comercio internacional.

En relación al multilateralismo, en los primeros meses de la pandemia se observó un auge en la toma de decisiones unilaterales de los Estados: cierre de fronteras, disputas para disponer de material sanitario, y el comienzo de una carrera científica para contar con una vacuna. Y es que, como sostiene Pol Morillas, director de Barcelona Center of International Affairs, la relación entre lo global y nacional funciona como un péndulo en donde, en épocas de crisis, el Estado-nación resurge como garante principal de las personas. En este escenario, la pandemia ha generado un desfasaje bipolar entre los países que cuentan con mayores recursos para afrontarla y superarla, y aquellos que son meros espectadores de dichos avances y aspiran a cerrar acuerdos para recibir material sanitario o vacunas. Ahora bien, vinculando este escenario con el propósito de este artículo, no es un dato menor que los países detrás de Moderna (EE.UU.), Pfizer/BioNtech (EE.UU./Alemania), Oxford/AstraZeneca (Reino Unido), Sinopharm (China) y Sputnik V (Rusia) sean aquellos ubicados entre los quince primeros más innovadores de acuerdo a la OMPI, a excepción de Rusia. Ahora bien, cada uno de estos estados cuenta con una gran cantidad de investigadores que supera el 3% del total mundial, y con publicaciones científicas que exceden al 2% global, según datos de la UNESCO. En casos como Estados Unidos o China, las cifras son sobresalientes, superando ambas el 15% en relación a investigadores, y el 20% en cuanto a publicaciones. Con respecto a Argentina, sus científicos representan el 0,7% y sus publicaciones el 0,6% tomando el mismo parámetro de referencia.

Asimismo, el Covid-19 provocó un fuerte declive en el comercio internacional, al menos durante los primeros meses de 2020 según destaca la Organización Mundial del Comercio –OMC-. En especial, se ha destacado un particular impacto negativo sobre las cadenas globales de valor con causa en el cierre o restricción de fronteras. En este escenario, el think tank McKinsey Global Institute prevé que entre el 16 % y el 26 % del comercio mundial podría traspasar fronteras a mediano plazo. Esta movilidad podría darse a través de una combinación entre backshoring (retorno al país de origen de los procesos productivos anteriormente deslocalizados), nearshoring (traslado de procesos productivos hacia países cercanos al país contratante), y la migración hacia nuevas localizaciones en el extranjero. Por su parte, la Red Argentina de Profesionales para la Política Exterior –RED APPE- matiza dicho panorama argumentando que la presión para relocalizarse es compensada, en algún punto, por los costos hundidos y las ventajas comparativas que llevaron a la radicación en primer lugar.

Sea cual fuere el escenario, el financiamiento, la determinación y sostenibilidad de planes de acción sobre CTI a cierto plazo constituye un elemento ineludible para crear una sociedad más empoderada y menos dependiente ante los vaivenes provocados por fenómenos disruptivos como una pandemia o un desastre natural. Una perspectiva en tal sentido podrá derivar en potenciales desarrollos de vacunas y en un sistema productivo local capaz de proveer de bienes estratégicos o suplir, hasta cierto punto, la interrupción o declive de la transferencia de tecnología desde el extranjero con motivo de la eventual migración de las empresas hacia sus regiones de origen.

Otros aspectos no menores

El sostenimiento de planes de acción en CTI y la preservación de investigadores redunda, a su vez, en avances y concreciones científico-tecnológicas a largo plazo. Corea del Sur o China, países que han mantenido políticas deliberadas y estratégicas durante décadas son un claro ejemplo de “milagro económico”, es decir, de pasar de ser economías principalmente agrícolas a convertirse en referentes en innovación en la actualidad.

En este sentido, la falta de previsibilidad y seguridad a los agentes involucrados en la CTI de un país constituye un claro obstáculo al crecimiento y desarrollo a futuro. Al respecto, Argentina posee históricamente dos características. Por un lado, el país cuenta con una larga trayectoria científica en la región y que ha resultado en organismos mundialmente reconocidos como el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), o la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), y en los premios Nobel como los otorgados a Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir o César Milstein. Por el otro, y tristemente, los vaivenes de la historia política y económica que afectaron a nuestro país ha provocado el éxodo de científicos al extranjero. Ello así, una ley que establece una ruta a seguir en los próximos once años, como la recientemente sancionada, no es menor de acuerdo a los antecedentes locales.

Por otro lado, una perspectiva sobre CTI a determinado plazo asiste también al desarrollo y perfeccionamiento de los recursos humanos de un país cuyo conocimiento representa un factor de producción crucial en la denominada Cuarta Revolución Industrial, actualmente vigente. En relación a este aspecto, existe una relación positiva entre los países que muestran altos índices de innovación como Finlandia, Singapur, Corea del Sur, China o Irlanda, con los resultados de la Prueba para la Evaluación Internacional de los Alumnos –PISA- de 2019, programa de la Organización para la Cooperación y Desarrollos Económicos –OCDE- que señala el nivel de educación en adolescentes de más de 70 países. Argentina ocupa, en dicha medición, el puesto 71° en Matemática y 65° en Ciencias. En cuanto a la educación superior, las primeras veinte universidades más reputadas según QS World University Rankings, se encuentran en Estados Unidos, Reino Unido, Suiza, Singapur o China, países ubicados dentro de los quince más innovadores según la OMPI. Argentina puede presumir contar con la única universidad más prestigiosa de Latinoamérica entre los primeros 99° puestos: la Universidad de Buenos Aires.

Reflexiones finales

El interés de los principales bloques políticos de nuestro país por un plan de acción para el financiamiento progresivo y sostenido de la CTI supone un reconocimiento definitivo al papel central que estas áreas juegan para el crecimiento económico y desarrollo social de nuestro país.

Se podría debatir si la aspiración al 1 % del PIB para financiamiento de CTI hacia 2032 es ambiciosa o no, aspecto que excede a este artículo. No obstante, a pesar de esta discusión, la sanción de una ley que prevé un plan de financiamiento progresivo y sostenido desde el sector público a la CTI a largo plazo, en un contexto aún de pandemia y con los desafíos económicos y financieros que mantiene nuestro país en la actualidad, evidencia un marco y apuesta optimista a futuro, motivación nada menor en estos tiempos de incertidumbre.

(*) Abogado (UBA) y Miembro de la Red Argentina de Profesionales para la Política Exterior