En medio de la abundancia hay alergia por los títulos locales

8 de marzo, 2021

En medio de la abundancia hay alergia por los títulos locales

Por Luis Varela

Hoy, por la crisis del Covid-19, el mundo vuelve a estar en una convulsión y el coronavirus produjo hasta ahora a 2,6 millones de muertes. Pero por súper emisión de dinero de parte de todos y cada uno de los bancos centrales, los precios de las materias primas vuelven a ponerse en zona pico, favoreciendo circunstancialmente a los países productores de ese tipo de bienes, por lo que se presenta una oportunidad para acumular capital que muy pocos expertos hubieran pronosticado hace dos o tres años.

El escenario actual se presenta, además, con condiciones atípicas, que deben ser bien entendidas, para no cometer errores de diagnóstico. El Covid-19 aceleró los tiempos de la tecnología y encendió las alarmas ecológicas de una manera que están transformando toda la realidad. Podríamos enumerar una lista casi sin fin de cambios, pero sólo por destacar uno muy importante es la transformación acelerada en la que se instaló la industria automotriz global, con las diez marcas más grandes anunciando que entre tres y diez años dejarán las motorizaciones con derivados del petróleo e irán a propulsores eléctricos o alimentados con hidrógeno.

Esa aceleración provocada por el Covid le pone una cuenta regresiva a los países dependientes del petróleo. De ahí que los países nucleados en la Opep+ (esencialmente árabes y rusos) hayan decidido mantener una oferta restringida para vender todo lo que puedan ahora, con precio alto, sobre todo en este momento en el que la vacunación contra el Covid avanza, con la expectativa de que la actividad económica mundial regrese a niveles más o menos normales a partir del segundo semestre de este año.

Con esta restricción, el barril de petróleo en la variante WTI pegó un salto del 94% de US$ 34 a US$ 66, en apenas seis meses (el Brent trepó de US$ 36 a US$ 69) al mayor valor desde octubre de 2018 (un año antes del Covid) y con ese mayor costo en la energía, todos los precios de los commodities también volaron. Sólo por citar dos cotizaciones clásicas, el precio de la soja saltó 70% en Chicago de US$ 310 a US$ 527 la tonelada y el cobre brincó 95% de US$ 4.600 a US$ 9.000, atorando los gastos que tienen que afrontar las industrias para producir.

Todo este fenomenal movimiento llega en plena salida del virus. En el mundo ya se vacunó al 3,1% de la población mundial, pero en algunas naciones ricas y organizadas ese proceso está mucho más avanzado. Israel ya vacunó al 98% de su gente, Emiratos Arabes Unidos al 63% de su población, Gran Bretaña al 33%, EE.UU. al 26% y Chile al 24%. Otros países, con menos riqueza y más desorganización, las vacunas vienen lento. Brasil ya vacunó al 4,8% de su población, Argentina al 3%, México al 2,1% y Colombia a apenas el 0,5%, por citar unos pocos casos.

Por supuesto, la velocidad de vacunación está permitiendo a algunas zonas del mundo una apertura gradual y un camino más rápido a la eliminación de restricciones, con expectativa de normalización en la actividad económica. Lamentablemente en el Cono Sur no contamos con tantas vacunas y hay un problema adicional: Brasil tiene una nueva cepa del virus muy virulenta y, por eso, en la última semana los muertos mundiales subieron 2,5%, mientras que en Brasil los fallecidos aumentaron 4,5% y en Paraguay 4%.

Ahora bien, con más vacunas y menos restricción, hay países en los que el empleo se está recuperando más rápido que lo esperado. Los expertos en el tema habían anticipado que Estados Unidos crearía en febrero 210.000 nuevos puestos de trabajo, y todos quedaron con la boca abierta cuando se difundió que el crecimiento fue de 379.000 nuevos empleos.

Y esta semana viene otro test: la aprobación definitiva por parte del Congreso del paquete de  estímulos por US$ 1,9 billones de dólares.

Esperando semejante inundación de dinero, muchos inversores se convencieron de que la Reserva Federal continuará con sus tasas cortas cerca de 0% por bastante tiempo, pero en contraposición las tasas largas pegaron un salto: en los últimos siete meses la tasa a 10 años pasó de 0,5% a 1,58% anual y la tasa a 30 años pasó en el mismo lapso de 1,2% a 2,3% anual. Y, a contramano de lo que vienen augurando los expertos, el dólar (en vez de bajar) acaba de consolidar una nueva suba contra todas las monedas del mundo.

En la última semana, en el exterior, lejos de bajar, el dólar subió contra todas las monedas principales: franco suizo 2,5%, mexicano 2,2%, real 1,8%, yen 1,6%, chileno 1,5%, euro 1,3%, libra 0,7% e incluso avanzó contra el yuan, 0,4%. Y este movimiento trastoca las estrategias de inversión de los grandes bancos y los principales fondos.

Y con el dólar tan firme en el mundo, la pax cambiaria que viene piloteando Martín Guzmán desde octubre, arrancó marzo con un temblor. Con la soja en las nubes y en pleno cobro del impuesto a la riqueza (que obliga a los millonarios a vender dólares o lo que sea para conseguir $420.000 millones y pagarlo en la AFIP antes de fin de mes, el 60% de esa suma será pagado por 400 personas) los dólares de Alberto perdieron tranquilidad. En la primera semana de marzo el dólar MEP subió 2,8% (con una suba mayor a la de cualquier otra moneda), el CCL trepó 1,8%, el tipo de cambio oficial se elevó 0,6% y el único que siguió planchado es el blue, que perdió 1,4% la semana pasada, por lo que vale $144, igual que el 22 de septiembre del año pasado.

Los analistas del sector dicen que el precio del blue está planchado por ventas de pequeños ahorristas que deben vender dólares del colchón para afrontar gastos para vivir cada vez más imposibles. Pero al mismo tiempo avisan dos cosas: en febrero no hubo lluvias, la cosecha gruesa no será tan abundante, Brasil vende soja a dos manos y el valor en Chicago frenará, a fin de mes termina de pagarse el impuesto a la riqueza y a partir de ahí vendrán siete meses intensos, a pura campaña electoral, con una brecha cambiaria que volverá a ampliarse desde el 50% actual, salvo que Guzmán esté dispuesto a seguir quemando bonos y reservas.

Porque el mercado hace otra cuenta. El Banco Central está comprando dólares ahora, con la soja tan alta y con liquidaciones de divisas. Pero las compras entran por una puerta y se van por la otra, sin terminar de sumar reservas. En la primera semana de marzo el BCRA compró US$ 660 millones pero las reservas crecieron en sólo US$ 284 millones. En todo febrero la autoridad monetaria compró US$ 633 millones de dólares y de esa cantidad apenas US$ 2 millones se sumaron a las reservas.

O sea, el panorama mundial actual entrega una foto con tasas largas más altas que deprime a las bolsas, muchas de las cuales están en zona de burbuja. La semana pasada el Dow Jones industrial de Wall Street subió 1,8% y Madrid avanzó 0,9%, pero el resto estuvo en rojo: México bajó 0,7%, Santiago de Chile 1,1%, Frankfurt 1,5%, Tokio 3,5%, en Nasdaq tecnológico de Nueva York perdió 4,9% y la Bolsa de San Pablo (con la nueva cepa del virus y con expectativa de commodities desde ahora no tan fuertes) se desplomó 7,1%.

En el mercado local la lectura que hacen los inversores es más o menos así: Alberto y Cristina resolvieron no acordar con el FMI antes de la elección porque eso significaría ajustar y perder en octubre. Guzmán en principio viajaría a Washington para ver si el Fondo amplía su capital, que Argentina reciba US$  3.700 M en DEG, que entrarían y saldrían, para pagarle al Fondo una cuota que se le debe. Y quedarían por resolver antes de la elección pagos por unos US$ 3.400 M con el Club de París y otros organismos, una cifra posiblemente manejable.

Los analistas imaginan que seguirán anclando al dólar (devaluando por debajo de la inflación) y que recién lo soltarán después de octubre, con los votos en las urnas y el poder en el bolsillo. Pero ni los fondos buitre creen que de largo esto puede funcionar. Por eso, la semana pasada los bonos argentinos cayeron otro 2,6%, por lo que el riesgo país saltó al nivel récord post canje de 1.593 puntos básicos.

Y con la caída de los bonos, las acciones son una lágrima: la semana pasada el índice S&P Merval de la Bolsa de Buenos Aires cedió 1,2% en dólares y 5% en pesos. La semana pasada, en promedio, la Bolsa local operó $791 millones en acciones y $1.935 millones en Cedears. Esa suma en acciones, medida en dólares libres, son algo más de 5 millones de dólares por día, con las acciones cotizando en dólares 80% más baratas que hace tres años. Y medidos contra el pico de octubre de 2017, los bonos acumulan una caída en dólares del 56%, habiendo sido reestructurados en el medio. Dos derrumbes que delatan que en medio de la abundancia hay alergia por los titulos argentinos.