EE.UU. se adelanta en la carrera por la hegemonía económica global

17 de marzo, 2021

EEUU bandera estados unidos

Por Pablo Maas

La novedad en la economía mundial de estos días es la diferente velocidad de recuperación entre los dos grandes bloques del capitalismo occidental: Estados Unidos y la Unión Europea. Ya sea a causa del ritmo de vacunación o el tamaño de los paquetes de estímulo en uno y otro continente, lo cierto es que hay una brecha transatlántica creciente para la que no se avizoran hasta el momento puntos de convergencia.

Mientras en Estados Unidos crece la confianza de que, tras el colosal plan de rescate de Joe Biden de US$ 1,9 billones, la economía alcanzará a recuperar sus niveles prepandemia durante 2022 o incluso a fines de este año, en Europa esto no ocurrirá antes de varios años.

La economía europea sufrió más la pandemia que la estadounidense. Las cuarentenas en Italia, Alemania, Francia fueron más severas que en EE.UU. De hecho, se estima que el “output gap” en la UE, es decir la brecha entre el producto actual y el potencial, duplica el existente en Estados Unidos. Y el plan de estímulo europeo, de 750.000 millones de euros, es menos de la mitad del estadounidense.

Si se acepta que el avance de la vacunación es un factor clave para el despegue de las economías, aquí también Washington está llevando la delantera. El presidente Biden aseguró la semana pasada que espera festejar la independencia del coronavirus el próximo 4 de julio. La meta parece factible. Hasta el 15 de marzo, el país había aplicado 100 millones de vacunas en tres meses. Europa, en cambio, está luchando para cumplir su objetivo de inmunizar al 70% de la población adulta para setiembre a causa de los atrasos en la producción de vacunas y la más reciente suspensión de la inoculación con la de AstraZeneca.

Grandes estados como Florida y Texas han levantado las restricciones casi por completo, mientras que países como Italia las está reintroduciendo, con los consecuentes impactos económicos. Ayer, el Deutsche Bank revisó a la baja su pronóstico de crecimiento económico para la eurozona, del 5,6% que había proyectado en noviembre, al 4,6% ahora. Para Gran Bretaña, en donde la vacunación avanza mejor que en el continente, el banco alemán elevó su proyección de alza del PIB del 4,6% al 5,7%. Estados Unidos, según el informe, se apresta a crecer a un ritmo del 6,6% (comparado con 4% estimado en noviembre), apenas por debajo de la proyección para la economía mundial del 6,8%. Este crecimiento se logrará gracias a que países como India se expandirán este año a tasas de dos dígitos (10,2%).

Este “desacople transatlántico” entre la eurozona y Norteamérica, como lo está llamando la prensa financiera, se explica también por las dificultades de coordinación que muchas veces encuentran los dirigentes políticos en Bruselas para comandar la economía europea comparado con el fuerte impulso de la nueva administración demócrata en Washington. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), reconoció la semana pasada que la UE sufre un retraso considerable. “Nuestras medidas fiscales todavía no están surtiendo efecto”, justificó.

La economía europea se hundió 6,6% el año pasado (-3,5% en EE.UU.) Pero varios países europeos siguen ejerciendo cierta prudencia fiscal, a pesar del hecho de que la Comisión Europea decidió prorrogar hasta fines de 2022 la suspensión de sus reglas fiscales.

China, mientras tanto, la única gran economía que no se contrajo durante 2020, se expandirá un 7,8% este año, según la OCDE. Pero economistas chinos citados por el Global Times, que refleja los puntos de vista del gobernante Partido Comunista de China (PCCh), son más optimistas y elevan la cifra al 8,5%. Si esto fuera así, China avanzaría un casillero más en la carrera por la hegemonía económica global.

Durante la última gran crisis de 2008/2009, la economía china salió indemne y logró acortar fuertemente la brecha que separa su PIB nominal del europeo y estadounidense. Pero se espera que el plan de rescate de Biden, especialmente si se revitaliza la inversión en la infraestructura, sirva ahora para ralentizar la posición relativa de China. Esto reivindica la estrategia de la nueva administración demócrata, que supone que la recuperación del liderazgo estadounidense en el mundo depende en buena medida de su capacidad para reconstruir su poderío económico.

En este contexto, se estima que la reunión de hoy de la Reserva Federal no introducirá mayores cambios en la política monetaria. Los temores inflacionarios que despertó inicialmente el plan de estímulo ya han sido casi totalmente descartados. Pero la Fed estima que a pesar de las buenas perspectivas que han comenzado a aparecer, la incertidumbre todavía pesa y la economía todavía dista de haber llegado al pleno empleo o a una tasa de inflación del 2%. Por eso, es probable que el comité de política monetaria decida mantener las tasas de interés en torno al cero y el 0,25% como ha sido el caso hasta ahora.

El BCE no tiene intenciones de quedarse atrás en este juego de tasas de interés cero o próximas a cero. De hecho, anunció recientemente que se propone acelerar el ritmo de compra de bonos en los próximos tres meses (léase, emisión), como forma de mantener bajo el costo del capital para sus gobiernos y empresas y estimular así el crecimiento económico.