Sigue aumentando el deficit previsional y puede aumentar más con la nueva movilidad

3 de febrero, 2021

Sigue aumentando el deficit previsional y puede aumentar más con la nueva movilidad

Por Jorge Colina Idesa

El déficit primario del sector público nacional en el 2020 ascendió a 6,5% del PIB. A mitad del 2020 ya se proyectaba que el déficit primario se ubicaría entre el 7% y el 8% del PIB. En definitiva, es lo que sucedió ya que el 6,5% está hecho con el criterio de caja. Cuando se compute el devengado, el déficit seguramente será algo mayor.

Naturalmente esto es producto de que los ingresos crecieron poco y los gastos crecieron mucho. Más específicamente, la recaudación de impuestos con destino al sector público nacional creció apenas 30%, la recaudación de aportes y contribuciones a la seguridad social creció 25% y las rentas de la propiedad e ingresos de capital disminuyeron, en términos nominales, 13% debido al agotamiento del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS). Todo esto hizo que los ingresos totales del sector público nacional crecieran apenas 23%.

Los gastos primarios (o sea, antes del pago de intereses de deuda) crecieron 63%, motorizado obviamente por el Covid-19. Las ayudas sociales se multiplicaron por 5 y los subsidios a los servicios públicos se duplicaron. De esta forma, entonces, el déficit primario que en el 2019 era de $100.000 millones (cuando debía ser cero porque estaba el plan de “déficit primario cero”) pasó a ser en el 2020 de $1,8 billones. O sea, se multiplicó por 18. La situación fiscal es muy precaria.

De todas formas, es de esperar que este déficit se reduzca a medida que se vaya dominando el Covid. Posiblemente esto lleve más tiempo del previsto a raíz de la segunda ola, la mutación de la cepa a una más contagiosa y la escasez mundial de vacunas. Pero a la larga gran parte del “gasto Covid” debería desaparecer.

Más preocupante son los aumentos de gasto estructural. Aquí el principal candidato, por ser el mayor gasto y el más persistente debido a que son derechos adquiridos que duran décadas, es el gasto previsional. El déficit previsional se ha incrementado, pero además el gasto previsional ha quedado muy desencajado de los ingresos lo cual puede traer problemas cuando se empiece a aplicar la nueva fórmula de movilidad previsional.

A raíz de que el PIB nominal creció poco (26%), el gasto en jubilaciones y pensiones pasó de casi 9% a 10% del PIB. Mientras que los ingresos tributarios con destino al sistema previsional y las cargas sociales se mantuvieron en el orden del 7,5% del PIB. Esto implica que hubo un aumento del gasto en jubilaciones y pensiones del orden del 1% del PIB con ingresos que se mantuvieron estancados.

Aquí cabe señalar que, pasado el Covid, los ingresos tributarios y salariales del sistema previsional se van a recuperar. Pero esto no significará una reducción del déficit previsional porque las jubilaciones y pensiones se ajustan en el porcentaje que suben los ingresos tributarios y laborales.

Es más, hasta es posible que el déficit previsional crezca nominalmente con el aumento de los ingresos previsionales. Esto se explica porque los ingresos tributarios y laborales representan (como se vio arriba) apenas el 75% del gasto en jubilaciones y pensiones o, lo que es lo mismo, el gasto en jubilaciones y pensiones es el 133% de los ingresos previsionales. Entonces, por cada $1 que aumenten los ingresos previsionales, el gasto en jubilaciones y pensiones crecerá $1,33.

La fórmula de movilidad recientemente sancionada por el Congreso (que ata el aumento de jubilaciones y pensiones al crecimiento de los recursos previsionales) garantiza sustentabilidad cuando el sistema previsional es superavitario o está equilibrado. Pero cuando está en déficit, potencia el déficit por la razón arriba señalada.

El problema fue haber sancionado esta ley cuando los ingresos previsionales estaban por el “piso” debido a la crisis del Covid. Saliendo del Covid, cuando los ingresos previsionales se recuperen, dicha recuperación va a potenciar el gasto en jubilaciones generando mayor déficit fiscal, ya que el Tesoro nacional tiene que cubrir el bache previsional.

¿Cómo se sale de este embrollo? Seguramente que revisando la ley de movilidad una vez más, con todos los problemas que esto trae aparejado.

¿La enseñanza? El Congreso debe tratar los temas previsionales con más rigurosidad técnica y desapasionamiento: no puede tratarlos como si fuera una compulsa partidaria entre oficialismo y oposición. Porque si no pasan estas cosas.