Procesos migratorios más exitosos sin ciudadanía europea

26 de febrero, 2021

Procesos migratorios más exitosos sin ciudadanía europea

Por Andrés Burecovics (*)

El hecho de que uno necesita “una ciudadanía europea” para emigrar es la madre de todos los mitos a la hora de plantearse un proceso para transformarse en residente de un nuevo país. Es un mito increíblemente difundido, a tal punto que existe un grupo de miles y quizás millones de personas que no poseen este tipo de privilegio y se sienten absolutamente desamparados. Sienten que todos pueden emigrar menos ellos. Que todos tienen acceso a una vida mejor, menos ellos que jamás podrán irse del país en el cual nacieron.

Independientemente de la falsedad de esas creencias, a medida que quienes tienen el deseo de emigrar comienzan a asesorarse con los profesionales indicados, rápidamente se dan cuenta de que hay un mundo allá afuera repleto de opciones. Y suele suceder que aquellos que poseen ciudadanías europeas, se consideran miembros de un grupo selecto de personas que no tienen necesidad alguna de asesoría, pues ya tienen a dónde ir en caso de querer emigrar.

Este tipo de razonamiento falaz condena a miles de personas a atravesar procesos migratorios dolorosos que terminan por fracasar. Es muy común emigrar para encontrarse en una situación peor de la que se estaba, y terminar por volver.

Sucede que el hecho de tener un documento que garantiza el acceso y la permanencia a determinada jurisdicción, no tiene absolutamente nada que ver con el hecho que al poseedor de tal documento le convenga residir allí por sobre otros lugares.

Es fundamental comprender que para llevar a cabo un proceso migratorio exitoso, uno debe emigrar a donde le conviene, y no a donde le es más sencillo. Existe un puñado de casos en los cuales ambas variables combinan, pero es extremadamente común que el destino más acorde, no sea aquel al que uno puede ir sin mayores trámites.

¿Cómo identifico entonces cuál es aquel lugar “me conviene”? Tiene que ver con muchísimos factores. Con la situación familiar, personal, con los estudios finalizados, estudios por realizar, con la fuente de ingresos, con los hijos, con el desarrollo profesional, con el trato fiscal que cada jurisdicción da a la fuente de ingresos, con las preferencias personales respecto del estilo de vida, con el patrimonio, con los objetivos de crecimiento patrimonial, con la salud, con las actividades que uno disfruta de practicar, y tantas cosas más.

Es realmente una elección trascendental basada en muchísimas variables, que idealmente un profesional debe revisar, para poder establecer en un trabajo conjunto con su cliente cuáles son los destinos que más se ajustan a esa multiplicidad de factores que componen a cada persona.

Asumir que ese trabajo extremadamente complejo puede reducirse a “Elegí España, porque ya tengo el pasaporte”, es un grave error. Sucede que si bien Europa es un hermoso destino dotado de una calidad de vida superior, es un continente extremadamente idealizado por los argentinos, y muchas veces existen otras alternativas ampliamente superadoras en función de lo que cada persona tenga como prioridad.

Y por eso es que quienes no tienen pasaporte europeo suelen ser los que mejores procesos migratorios hacen. Porque se asesoran, y encuentran el destino perfecto para ellos. Y bien podría ser Europa, a la cual se puede acceder mediante multiplicidad de visas que luego devienen en ciudadanías.

Un exportador de servicios, es decir alguien que trabaja vendiendo su expertise al exterior, puede potencialmente multiplicar el tamaño de su patrimonio en países como Uruguay o Costa Rica, a una velocidad que jamás podría hacerlo en gran parte de Europa, y sin relegar calidad de vida.

Resulta entonces fundamental establecer cuál será nuestra fuente de ingresos en el país de destino, y qué carga fiscal voy a tener, ya que al hacerlo puedo inmediatamente calcular cuánto dinero tendré disponible en cada uno de los países que uno esté analizando, y su respectivo impacto en la calidad de vida consiguiente.

Los ciudadanos del mundo están en constante movimiento, y siempre están buscando nuevos destinos que les permitan cumplir sus objetivos. Si estás empezando a encarar este proceso, eliminá la variable “facilidad de acceso” de tu búsqueda de destinos, y encontrá aquel país al que te conviene ir a vivir.

(*) Abogado, especialista en Derecho Interjurisdiccional y Director de la consultora B&P Consulting