Fuego cruzado sobre el equilibrista Martín Guzmán

17 de febrero, 2021

Fuego cruzado sobre el equilibrista Martín Guzmán

Por Alejandro Radonjic

Hay una interna en el Frente de Todos (FdT) sobre el diseño de la política económica de corto plazo. Aun es discreta y la sangre no necesariamente llegará al río, pero la interna existe. Tiene ribetes ideológicos y estratégicos. Se debate el “qué” y el “cuándo”. Orientación y timing.

En pocos meses más hay elecciones y el FdT quiere ganarlas, por supuesto. Como obvia señal de ratificación política (las legislativas ofician de plebiscitos) y para sumar manos en el Congreso para futuros proyectos. En la Cámara Baja, JxC pone mucho en juego (se renuevan las bancas de la marea amarilla de 2017) y el FdT quiere morder algunas.

Para eso, entienden desde el kirchnerismo más duro, la economía debe llegar lo más caliente posible; los bolsillos, lo más holgados posibles y, además, tanto el discurso como las señales debe ser lo menos ortodoxas posibles.

Los dardos tienen a Martín Guzmán como blanco. El ministro de Economía, quien tiene la plena confianza del Presidente, debe apelar a sus dotes equilibristas, aquellos que no se enseñan en los cursos de macro. El kirchnerismo duro no busca sacarlo del puesto sino condicionarlo. Marcarle la cancha. Si la economía se supedita a la política de modo permanente en el peronismo, la máxima es aún más valedera años electorales.

En concreto, reclaman que el ajuste fiscal sea el menor posible y que el nuevo programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI), además de no ser ortodoxo y ser lo menos vinculante posible, llegue después de octubre. Luego de que se abran las urnas.

Guzmán, con su habitual tono calmo, advierte que esa estrategia tiene riesgos. Sabe que un “deal” con el FMI, si es bueno, ayudaría a anclar expectativas y que el exceso de emisión monetaria (la única forma de financiar el agujero fiscal hoy) puede descarrillar al mercado cambiario. Ese sería el peor de los mundos: como en 2018-2019, más inflación, más pobreza y más recesión. “Nada más regresivo que un salto cambiario brusco”, dice, cada vez que puede, el discípulo de Joe Stiglitz.

Haber dicho que la inflación tiene causas macroeconómicas o haber vinculado emisión monetaria con brecha cambiaria, una obviedad para todos, fue casi una herejía para algunos. Una lesión al relato de que los precios suben por la puja distributiva, la concentración económica, la suba de la soja en Chicago y los empresarios especuladores.

Desde la oposición se fogonea la interna. Se alimenta la imagen de un Guzmán moderado condicionado por el kirchnerismo clásico de Cristina Kirchner. Una especie de dique de contención de la versión económica de “la República”.  La interpretación sugiere que ese núcleo duro, acaso la cara real del FdT, siempre gana y esta vez no sería distinto. Estratégicamente, esa interna, que existe, sirve para la narración de JxC.

Si bien la mayoría oficialista cuida las formas y se rige por “los trapos sucios se lavan en casa”, algunos elementos de ese kirchnerismo duro hacen públicas las diferencias y, acaso sin quererlo, alimentan esa interna, funcional para la oposición. El influyente periodista Horacio Verbitsky, por ejemplo, criticó a Guzmán por “el cerrado aplauso patronal que premió las palabras del ministro” el jueves pasado en el Museo del Bicentenario. Dime quien te aplaude…Un supuesto aplauso que, confiaron presentes ante El Economista, no tuvo el volumen que unos y otros le atribuyeron. ¿Bad information o licencia poética funcional?

El ministro, aun con poca experiencia, está tranquilo en el marco del fuego cruzado. Son impaciencias propias de los meses preelectorales y una economía con patologías variables. Su influencia se mantiene firme y tiene el apoyo del Presidente, sus colegas del gabinete y también, aunque a veces no parezca, del Instituto Patria. “Hay que mantener la calma y desmalezar lo real de lo imaginado. Hay mucha ficción”, dicen cerca suyo.