El verano sigue y un futuro que se insinúa caliente

9 de febrero, 2021

El verano sigue y un futuro que se insinúa caliente

Por Sebastián Giménez  Escritor

Ni piso ni techo habrá para las paritarias, habló el Gobierno a través de Cecilia Todesca. Una funcionaria de las que mejor maneja la comunicación, que habla con lenguaje accesible. Que puede ser entendido por cualquier hombre del común o por la inefable Doña Rosa a la que aludía Bernardo Neustadt. Ni piso ni techo, y que la cosa fluctúe entre las demandas sindicales, las posibilidades empresariales y el arbitrio del Gobierno en época de vacas flacas. En 2020, casi que no hubo techo porque las paritarias estuvieron demasiado cerca del piso. Un año en que se perdieron trabajos y se empobrecieron los salarios. Por eso, hasta Martín Guzmán reconoce que este año los salarios le tienen que ganar a la inflación sin soltar el lápiz rojo que lleva en la mano derecha, buscando que las cuentas cierren con sus indudables remiendos, arneses, soportes.

Los bancarios hablaron anunciando aumentos del 29% para el 2021. La significación de la cifra se vuelve una abstracción, una botella lanzada al mar de la borrasca de las pujas distributivas y los precios ascendentes, que cristalizaron 4% de aumento en diciembre pasado y se insinúan retrocediendo, pero aun así aumentando por encima del % en el primer mes del año. El desafío mayúsculo es que las paritarias puedan ser inversamente proporcionales al IPC. O sea, aumentar los salarios sin que se espiralicen los precios y la inflación. Ahora 12, Precios Cuidados y los cortes de carne económicos que se encontrarían algunos días en las cadenas de supermercados.

El desafío sindical de asegurar la gobernabilidad pero darle respuestas a las bases, que vienen de un año en que perdieron mucho. La necesidad imperiosa de una módica victoria que contribuya a paliar lo que se dejó en el camino.

Introduzco una pequeña digresión histórica. Antes del Rodrigazo del ‘75, se habían reabierto discusiones salariales y las movilizaciones de trabajadores pugnaron y lograron acuerdos de subas importantes. Al poco tiempo, los acuerdos se evaporaron con la explosión del Rodrigazo, un ajuste ortodoxo en el precio de las tarifas acompañados por una devaluación fenomenal del tipo de cambio.

En tiempos en que las arcas lucen exhaustas por el problema económico y sanitario gravísimo y mundial de segundas olas y nuevas cepas, el desafío pasa por conjugar la necesaria recuperación del salario sin desmadrar la inflación y las presiones sobre el tipo de cambio. Gobernar es crear trabajo, dijo Juan D. Perón. Gobernar es tranquilizar la economía, plantea Guzmán. En el medio de los dos, la marcha zigzagueante de sueños perdidos y vueltos a reconstruir por eso de los ciclos del capitalismo, de la economía, incluso de la política argentina.

Hay que pasar el verano, que no trajo el alivio que siempre llevaba a las localidades turísticas. Reservas en menos de la mitad de los alojamientos, el descontrol de jóvenes en alguna playa y en la localidad serrana de Calamuchita y la imprudencia sanitaria no hablan, sin embargo, de una temporada caracterizada por los excesos. No hubo tanta concurrencia, y la que fue lo hizo con bolsillos menguantes. Miedo y poca plata conspiraron contra su éxito.

En estos meses estivales, pocos volvieron a hablar de las piletas dibujadas de la Ciudad de Buenos Aires. La ola de calor de mediados de enero pasó, los aires acondicionados se apagaron un poco, la energía eléctrica aguanta en general su suministro, aún con intermitencias en algunas zonas.

Hay que pasar el verano, o terminarlo antes. El Jefe de Gobierno porteño se plantó y definió como fecha de inicio de clases el 17 de febrero. Se reunió con sindicatos intentando limar diferencias y presentó un protocolo de 24 carillas. Los encuentros continúan, y la discusión paritaria fuera de la atención de los medios de comunicación luce atrasadísima en un sector docente que perdió por goleada con la inflación en 2020, como tantos empleados públicos. Son hombres y mujeres con guardapolvo blanco pero también trabajadores de la educación.

Una carrera política que muestra al Gobierno de la Ciudad como el más audaz a la hora de empezar, aunque doce días no hagan la diferencia en la pedagogía de ninguna parte del mundo. Pero la disputa es simbólica. La marcha en recuerdo de Sarmiento cantada constantemente aún en actos correspondientes a otras fechas patrias y ser los primeros en largar en esa enunciada cruzada por la educación. Se sabe quién larga primero, los puntos de conclusión en materia educativa nunca son terminantes, medibles de forma irrebatible y las consecuencias sanitarias son todavía inciertas y eventuales desmejoras de las cifras podrán ser atribuidos a éste o demás factores.

Aun así, las certezas que llegaron a la comunidad educativa aún son pocas, en un plan que incluye borrones y cuentas nuevas constantes. Pero la intención de ser pioneros es indudable, con la foto del 17 de febrero ganándole al 1° de marzo. Ojalá se evite de alguna forma el aumento de los contagios y la repetición de aquellas imágenes de las primeras burbujas fallidas de diciembre con los alumnos sin reparo bajo el sol inclemente.

Eramos pocos y habló también la Justicia a través del juez Roberto Gallardo que convocó a audiencia pública a los ministerios de Salud y de Educación porteños. Ayer, la jueza Ana Paola Cabezas Cescato la dejó sin efecto. Idas y venidas de una agenda y resoluciones dibujadas sobre la arena. Queda mucha agua correr bajo los puentes, en una temática que seguirá dando que hablar y sin siquiera haber comenzado el ciclo lectivo.

Ni pisos ni techos en las paritarias. Con puntos de partida distintos en el calendario educativo y puntos de llegada que no pueden siquiera imaginarse porque la sensación es que, en el medio, puede pasar de todo en un escenario epidemiológico y político que se ríe de las planificaciones. Educación, salud, política, situación social apremiante y contienda electoral Sin pisos ni techos, un poco pataleando en el aire, buscando a cada instante nuevas respuestas. La primaverita fresca de los últimos días va cediendo bajo el sol inclemente de inicios de febrero. Porque, aunque algunos lo quieran cortar, el verano sigue. Y el futuro se insinúa caliente.