El Brexit, Irlanda del Norte y los fantasmas del IRA

11 de febrero, 2021

El Brexit, Irlanda del Norte y los fantasmas del IRA

Por Damián Cichero (*)

Ya ha pasado más de un mes desde que el Brexit entró en vigencia y el Reino Unido abandonó formalmente la Unión Europea. Como era de esperar, la mayoría de los análisis han estado centrados en el impacto económico que la medida provocó y provocará en ambos bandos. Sin embargo, hay un tema aún más sensible, que quizás debería recibir mayor atención.

Durante las negociaciones del Brexit, uno de los principales objetivos fue evitar una frontera dura que reavivará el histórico conflicto de Irlanda del Norte. El origen del mismo es de 1541, cuando el rey de Inglaterra también paso a ser rey de Irlanda. Pero fue en 1801 cuando, a través del Acta de Unión, el reino de Irlanda quedó oficialmente unificado con el reino de Gran Bretaña para crear el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.

La mayoría de la población irlandesa, que era católica, nunca aprobó esta unión y por eso, entre 1919 y 1921, se llevó a cabo una guerra de independencia contra los protestantes probritánicos. El conflicto terminó con el tratado anglo-irlandés, el cual estableció que Irlanda era un estado independiente, aunque una porción de la isla se convirtió en Irlanda del Norte y continuó siendo parte del Reino Unido.

Por un tiempo, hubo calma, pero, a partir de fines de los años ‘70, la porción británica de la isla se vio sumergida en tres décadas de violencia entre las comunidades católica-republicana, que quería la reunificación de toda Irlanda, y la protestante-unionista, que defendía a la Corona británica.

A partir de 1970, con la aparición del Ejército Provisional Republicano (IRA), una campaña de atentados comienza. Del lado del bando unionista, también surgió un grupo paramilitar, lo cual desembocó en muros materiales e ideológicos que separaron a ambas comunidades.

En total, debido a los numerosos atentados, que desembocaron en la intervención del Gobierno inglés en Irlanda del Norte, se registraron más de 3.500 muertes, entre las que podemos destacar la de Lord Mountbatten, tío del actual esposo de la reina Isabel II. Pero fue gracias a la mediación de diversos políticos a lo largo de la historia, entre ellos Margaret Tatcher, quien sufrió en carne propia un atentado en 1984, que el 10 de abril de 1998 se firmó el Acuerdo de Viernes Santo, donde Irlanda del Norte recuperaba su autonomía con un gobierno de coalición entre católicos y protestantes.

El conflicto actual

Volviendo a la actualidad, durante las largas negociaciones, uno de los principales objetivos de los gobiernos británicos y europeos fue evitar una frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte para tratar de no poner en peligro la paz de la región. Esto se logró gracias al “Protocolo de Irlanda”, el cual mantiene las fronteras abiertas y permite que Irlanda del Norte continúe siendo parte del bloque europeo, aunque el resto del Reino Unido lo haya abandonado. Para que esto sea posible, se creó una frontera en el mar de Irlanda y se instalaron controles fronterizos para el comercio entre la isla de Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia y Gales) y su territorio en la isla de Irlanda.

Durante un tiempo, pareció funcionar, pero fue la pandemia del coronavirus y la poca sensibilidad de la Comisión Europea quienes han puesto en peligro los acuerdos del Viernes Santo.

El problema comenzó con el anuncio de la farmacéutica AstraZeneca de que no le entregaría a la UE las unidades pautadas de sus vacunas contra el Covid-19. Ante la noticia, las autoridades del bloque comenzaron a sospechar que Irlanda del Norte es la puerta de escape para que las dosis sean enviadas a otras partes del mundo. Por ello, Ursula von der Leyen, presidenta de la CE, notificó unilateralmente, sin consultarlo con Londres y Dublín, que se aplicaría un reglamento de restricciones a la exportación de fármacos que, a su vez, activaba una cláusula del Protocolo que permitía imponer estrictos controles fronterizos entre las dos Irlandas.

Como era de esperar, la reacción de ambos gobiernos logró que Von der Leyen diera marcha atrás con su decisión, aunque el daño ya estaba hecho. Los unionistas se sintieron traicionados y por eso, en los últimos días, fueron reportadas numerosas amenazas contra el personal portuario, encargado de realizar controles aduaneros sobre alimentos y animales. Ante el aumento de la tensión, el Gobierno británico decidió suspender las actividades por tiempo indeterminado.

“All Border Post Staff are Targets” (“Todos los empleados de los puestos fronterizos son objetivos”) se pudo leer cerca de las instalaciones aduaneras. Aunque se especuló con amenazas terroristas, Mark McEwan, subcomisario de la Policía norirlandesa, aseguró que no había información que confirmara que las amenazas fueran hechas por alguna de las organizaciones paramilitares que atormentaron durante años a la población.

Sin embargo, pese al anuncio, muchas autoridades explicaron que la tensión sigue en aumento y podría despertar sentimientos nacionalistas e independentistas en la población. Teniendo en cuenta esto, el primer ministro inglés, Boris Johnson, está presionando a la Unión Europea para renegociar el pacto, el cual fue firmado en vísperas de Navidad, a tan solo una semana de la concreción del Brexit.

“Es muy lamentable que la UE parezca poner en duda el Acuerdo del Viernes Santo, los principios del proceso de paz, al parecer pedir una frontera en la isla de Irlanda”, expresó Johnson, quien amenaza con suspender el Protocolo si desde Bruselas no aceptan relajar los controles.

Fue Theresa May, predecesora de Johnson, quien intentó, a toda costa, evitar la frontera en el mar de Irlanda, pero el actual Primer Ministro tuvo que aceptarla para lograr un acuerdo a último minuto. Ahora, desde Londres, conscientes de este error, proponen prolongar hasta 2023 las exenciones temporales de controles. En ese asunto será clave la opinión del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien posee descendencia irlandesa y ha defendido públicamente los Acuerdos del Viernes Santo.

La imprudencia de la Comisión Europea ha permitido que Johnson tuviera una oportunidad para reclamar una renegociación y que, además, posiblemente aumente su popularidad al culpar a la UE de los probables futuros incidentes en la región. El IRA, el grupo terrorista más conocido allí, abandonó su lucha armada en 2005. Sin embargo, su fantasma continuó presente en las calles de Belfast gracias a las pintadas, que recuerdan a las víctimas, sobre los viejos muros que aun separan a ambas comunidades y traen a la memoria esa sangrienta época. Ahora, con la nueva tensión, muchos temen que estos espectros se conviertan en realidad y una nueva lucha armada comience.

Fue la actitud egoísta de la UE que, intentando reforzar su integración, descuidó el tan ansiado multilateralismo que tanto pregona y perjudicó directamente a un aliado. Es cierto que, en plena pandemia mundial, es difícil pensar en los demás. Sin embargo, el Reino Unido, pese a sus diferencias, ha sido un histórico socio de la UE y, más allá de su actual divorcio, es llamativa la poca importancia que le han dado a un tema tan sensible para los británicos. Ahora, habrá que ver quién está más dispuesto a ceder, aunque Gran Bretaña, actor clave en la Segunda Guerra Mundial para defender Europa, lleva la delantera por el aspecto moral de la situación.

(*) Licenciado en Relaciones Internacionales