Recuperación con patas cortas

7 de enero, 2021

Recuperación con patas cortas

Por Guido Lorenzo (*)

El gabinete económico parece no encontrarle la vuelta a una economía que opera con un nivel de incertidumbre sin precedentes. Quien tome una decisión de inversión, producción o consumo tiene que asignar probabilidades de cómo será ‘la nueva normalidad’ conjugada con cómo será ‘la nueva normalidad para este gobierno’. Lo ‘normal’ es lo frecuente, lo común y no sabemos qué será en nuestro país esto, principalmente porque se construye socialmente y el Estado tiene uno de los roles protagónicos. No es solo una cuestión de cómo evoluciona la pandemia sino también como se la aborda.

Preocupa el nivel de incoherencia con el que se toman ciertas medidas. Por un lado, se fomenta y se generan instancias para promover las exportaciones y al mismo tiempo cierran el registro de exportaciones de maíz. El Presidente incorpora a su discurso la necesidad de inversiones privadas, pero los sectores que ya tienen capital hundido tienen más miedo de una estatización directa o de que continúen la regulación de precios. El Gobierno sabe que atraviesa una crisis de falta de credibilidad que pone en jaque hasta a su política sanitaria, pero tampoco hace mucho para revertir esta situación.

La vicepresidenta presentó su plan en público y de alguna manera lo impuso en la agenda. Recuperación del poder de compra en el mercado interno para una reactivación del lado de la demanda. Misma receta que en 2011-2015. De hecho, elogió al Ministro de Economía de aquel momento, Axel Kicillof.

En un punto el planteo resulta acertado. Luego de 3 años de caída del salario real y de contracción del nivel de empleo, la masa salarial se achica y eso deprime a la actividad. Sin embargo, hay formas desprolijas de lograr el aumento del poder de compra. Hacer que crezca artificialmente esa masa salarial vía restricción de aumentos de precios, o impidiendo la convergencia fiscal o con políticas que distorsionan el comercio exterior, son todas formas que, si bien pueden mejorar el poder adquisitivo durante un tiempo, empobrecen al país en el mediano plazo.

La idea de producir un crecimiento impulsado por la demanda nunca debería venir con un condimento de rivalizar consumo e inversión, sino de volverlas complementarios. La preocupación es quién empieza a dinamizar la actividad, pero nunca se podrá tener un modelo de crecimiento mirando solo a la demanda. Las restricciones de recursos, divisas, insumos y energía, que se traducen en devaluación e inflación terminan provocando ciclos muy cortos de recuperación y reviven viejos problemas. De hecho, en el mensaje del Presupuesto, el Gobierno (o Martín Guzmán) reconoció que crecer trae problemas… por la restricción externa.

Más de 10 años de estancamiento obligan a repensar estrategias, por lo que la recuperación de patas cortas no debería ser a la que apunte el país. En los últimos dos gobiernos parece que hubo un punto en común en lo discursivo al menos: el país necesita exportar más. Es difícil que esto suceda de un día para el otro, pero implica que el Gobierno no entre en conflicto con los sectores exportadores. A pesar de que esos intentos sean para cuidar la mesa de los argentinos, no nos permiten avanzar.

Argentina ya ingresó a la pandemia sin plan económico, en medio de una recesión y tuvo la oportunidad de avanzar sobre un reordenamiento del cual la sociedad es más permisiva en un primer año de gestión. El plan no estuvo, el ajuste sobre las jubilaciones se llevó adelante y así y todo se sigue insistiendo con ir a un déficit de 4,5% en 2021.

Si la idea de tener salarios que crezcan implica postergar inflación y deteriorar el clima de inversión, entonces es un modelo destinado a fracasar. Cuando empieza una economía en estos vicios termina cada vez con más distorsiones que se aplican en cada problema que surge. No es un tema de buenas o malas intenciones: Argentina ya pasó más de medio siglo experimentando estos problemas esquivando los importantes. Es momento de pensar en hacer algo distinto, el camino de impulsar la demanda a toda costa no nos conduce a buen puerto.

(*) Director Ejecutivo de LCG