Los fantasmas del 2021

7 de enero, 2021

Una “vieja” estrategia industrial para un “nuevo” mundo pospandemia

Por Gustavo Reija (*)

El contexto externo comenzó 2021 con un alentador panorama para los países emergentes y, sobre todo, para aquellos que basan su economía en la exportación de productos primarios de origen agropecuario. El precio de la soja rondando los US$ 500, alcanzando máximos que no se veían desde 2014; el cambio de manos del poder en EE.UU., con la asunción de un Gobierno demócrata que asegura la continuidad de la política de expansión del gasto y de los agregados monetarios con bajas tasas de interés y el “rebote estadístico” al que estará sometida nuestra economía como consecuencia de la histórica caída del producto durante el 2020 por las restricciones a la actividad del Covid19, son elementos que, a primera vista, muestran un escenario positivo para Argentina durante este nuevo año.

Sin embargo, algunos “fantasmas” nos están rondando y es necesario que los tengamos en cuenta para poder tener una real dimensión del escenario base en el que estamos parados y las perspectivas futuras en función de la evolución de dichas amenazas.

Déficit fiscal. El Presupuesto 2021 no incluye ningún tipo de gasto relacionado con el Covid19. A pesar de ello, si tomamos el Presupuesto 2020 y excluimos del mismo el gasto Covid y comparamos esta cifra con el Presupuesto 2021 veremos que este año está previsto un nivel de gasto mayor que en el 2020 sin Covid. La base de gasto de la que partimos es más alta. Aún sin ningún gasto Covid previsto para este año el nivel de déficit primario estimado es de 4,5% del PIB. ¿Es realista considerar que durante 2021 no será necesario realizar gastos relacionados con la asistencia a empresas y sectores por restricciones de la actividad económica generados por la pandemia? No parece muy realista habida cuenta que la pandemia y sus consecuencias no respetan el calendario y el comienzo de un nuevo año. Como ya estamos viendo en Europa la segunda ola de contagios está obligando a los países desarrollados a restringir movilidad de sus ciudadanos y actividades económicas. En Argentina esto está comenzando y seguramente el nivel de restricciones comenzará también a sentirse. Desaparecido el IFE y los ATP de las previsiones presupuestarias 2021, ¿no existirá ningún tipo de apoyo para las empresas y comercios que vean afectadas sus actividades? Seguramente en ese caso el Gobierno brindará asistencia tal como lo hizo durante el 2020. La diferencia será que, más allá del nombre que se le otorgue a esa asistencia, el monto de la misma deberá sumarse a la previsión de déficit fiscal primario de 4,5% estimada en el presupuesto de este año. Por supuesto que, si de financiamiento hablamos, la emisión será la fuente primaria y la colocación de deuda en el mercado interno la secundaria, esta última siempre en títulos dollar-linked o ajustables por inflación.

Exceso de pesos. La necesaria emisión que deberá realizarse para financiar un déficit creciente sólo agregará pesos a una economía en la que la demanda de los mismos viene cayendo. El carácter bimonetario de Argentina hace que el exceso de pesos termine presionando sobre el mercado de cambio. Con el cepo vigente, tal presión se canaliza hacia los “dólares alternativos” (MEP, CCL y blue). Las brechas entre estos mercados y el del dólar oficial marcan la temperatura de la divergencia existente entre la cantidad de pesos que existen y lo que el mercado demanda. En un año electoral, la intención del Gobierno será mantener el dólar oficial como una de las anclas antiinflacionarias, ajustando su valor sólo para no generar un retraso más considerable con respecto a la evolución del nivel de los precios internos. La necesidad de mantener los mecanismos de esterilización del excedente de pesos, a través de las Leliq, se intensificará y aumentará el déficit cuasifiscal (del BCRA). Será necesario, como complemento de esta modalidad, un aumento de la tasa de interés a efectos de brindar un escenario de retornos positivos, en términos reales, a las inversiones en pesos.

Balanza comercial. Argentina necesita divisas. Sobre este punto no hay divergencias de opiniones entre los analistas. Esas divisas provienen del excedente de exportaciones que generemos con respecto a las importaciones. Ahora bien, los últimos meses vienen mostrando una sistemática caída en el saldo comercial. De una balanza positiva estamos llegando a un saldo neutro que aparece como el presagio de un incipiente déficit comercial. Si se cumpliera con el pronóstico de crecimiento del 5,5% que se incluyó en el Presupuesto 2021, las importaciones crecerían sustancialmente. Tengamos en cuenta que, dada la matriz productiva nacional, por cada punto de incremento del producto en Argentina se requiere un crecimiento de 3 3,5% de las importaciones. En el caso de las exportaciones la oferta no es tan elástica. Si bien el precio de la soja y demás granos exportables está en niveles altos ayudarán a incrementar el monto de divisas generadas por el país, no es menos cierto que hasta que se corrijan las divergencias existentes en el mercado de cambio con las brechas entre el dólar oficial y los alternativos, los incentivos a la liquidación de divisas estarán condicionados.

Precios relativos. Nuestra economía presenta una alta distorsión en materia de precios relativos y esto genera una deficiente asignación de recursos, disminuyendo la productividad global en una economía que viene registrando tasas de inversión decrecientes. Cepo, controles de precios y atrasos tarifarios son los nombres detrás los cuales se esconden dichas distorsiones. El caso de las tarifas merece especial atención dado que el mantenimiento del esquema de subsidios incide directamente en el nivel de déficit fiscal primario. Durante 2021, y sólo para mantener constante la relación gasto en subsidio en relación al producto, se requerirá un incremento de alrededor del 40% sobre los valores actuales. En un año electoral suena complejo que se encare dicho ajuste. La trampa que encierra esta situación es que no actualizar tarifas, para no aumentar la inflación, incrementa el déficit, lo cual aumenta la emisión y monetización de la economía, terminando el ciclo en aumento de la tasa de inflación, lo que se quería evitar.

Acuerdo con el FMI y deuda. Somos el principal deudor del FMI. Le debemos US$ 44.000 millones y sabemos que es urgente cerrar una renegociación que permita financiar el pago de ese capital a lo largo del tiempo. Encarar la firma de una Acuerdo de Facilidades Extendidas ha sido una decisión adecuada, pero cerrar la negociación no parece tan fácil. El riesgo país es un termómetro de la confianza que los mercados internacionales tienen sobre la capacidad de pago de nuestro país y, por ende, del respaldo que se brinda a los títulos de deuda emitidos. Luego de la reestructuración de la deuda privada el riesgo debiera haberse ubicado por debajo de los 1.000 puntos inicialmente para luego continuar cayendo a medida que el proceso se consolidaba. Sin embargo nada de esto ocurrió. Nuestros bonos continúan, día a día, perdiendo valor en los mercados internacionales y esto genera un nivel de riesgo país incompatible con cualquier intento de obtener financiamiento externo. Un acuerdo con el FMI, con aval político del Congreso, sería un elemento central a la hora de generar un cambio de expectativas. El tiempo no es neutral. Se requiere que el acuerdo se cierre con urgencia. El acuerdo exige un plan que pueda ser aprobado por el fondo y ese plan debe contemplar la implementación de políticas que tiendan a “exorcizar” los fantasmas de los que hemos hablado. Con el acuerdo sólo no basta pero sin el acuerdo no hay posibilidad de despejar el horizonte.

(*) Director de Mecronomic