Las claves de la crisis política italiana

22 de enero, 2021

Las claves de la crisis política italiana

Por Paolo Rizzo

Italia es, por definición, un país políticamente instable. Desde la proclamación de la República, en 1946, se han cambiado 66 gobiernos, 29 presidentes y hubo 17 elecciones. Crisis políticas, gobiernos de técnicos y cambios de mayoría en el Parlamento representan la norma de la política italiana. Bien lo sabe la canciller Angela Merkel que gobierna Alemania desde 2005 y ha tratado con siete presidentes de Italia: Berlusconi, Prodi, Monti, Letta, Renzi, Gentiloni y Conte.

La crisis política que está viviendo en estos días Italia no sorprende a nadie. Sobre todo, si se considera que, en las elecciones de 2018, ninguna coalición política pudo alcanzar la mayoría del Parlamento. El partido que tenía la mayoría relativa de Diputados y Senadores, el Movimento 5 Stelle, empezó entonces a tratar con otros partidos para organizar una mayoría parlamentaria.

Se formó así un Gobierno entre el Movimento 5 Stelle y la Liga de Matteo Salvini. Fue un experimento populista y soberanista que duró poco más de un año. Justo el tiempo para que la Liga tomara visibilidad nacional y se preparase para las probables elecciones anticipadas. En este entonces, el rechazo a socorrer a los migrantes en el Mar Mediterráneo y una extenuante tratativa con la Unión Europea sobre el déficit de 2019 agrandaron el consenso de la Liga. Además, sin considerar la estabilidad del sistema jubilatorio de un país en crisis demográfica, se había permitido a miles de jubilados de retirarse a condiciones muy convenientes. Con sondeos que le atribuían 40% de los votos, Salvini, en pleno verano 2019, quiso romper el Gobierno para poder ir a elecciones. Pensaba que no había alternativa.

La imprevisibilidad de la política italiana lo sorprendió. El Movimento 5 Stelle, preocupado por su caída en los sondeos, quiso formar una alianza con el Partido Democrático. No fue una decisión fácil porque siempre lo había considerado su principal enemigo político. A cambio, solo pidió confirmar al presidente del primer Gobierno: Giuseppe Conte. El presidente pasaba entonces a ser un presidente “populista y soberanista” a “europeísta”. En un duro debate en el Senado echó la culpa a Salvini de todo lo malo que había hecho su primer Gobierno y se preparó a asumir su segundo mandato.

Mientras tanto, Matteo Renzi quiso romper con el Partido Democrático y formar su propio partido. Su idea era tener un partido de números exiguos pero suficientes para poder influenciar desde adentro al Gobierno y, por ende, aumentar su propia visibilidad. La pandemia cambió sus planes. Como en todos los países, en los primeros meses de la pandemia, la popularidad del presidente había aumentado en modo exponencial. Además, en julio, el Presidente participó a la cumbre histórica con otros líderes de la UE en la cual se formó el ambicioso plan de rescate económico de Europa. De los 750 billones de euro del plan, casi 200 eran destinados a Italia. Fue una victoria política para Conte.

Pero empezaron los problemas internos. Gestionar bien los fondos es la clave para el rescate italiano. ¿Pero, cuán fácil es gastar una suma tan grande de dinero que llega de un día a otro? ¿Cómo hacer para que los partidos del Gobierno se pongan de acuerden entre ellos? Y, sobre todo, todos los partidos del Parlamento deberían participar a la gestión de los fondos. ¿Pero le conviene políticamente a la oposición? Sería mucho más fácil no participar, criticar la gestión y ganar consenso.

En fin, otra clave para entender la crisis es el delicado momento que está viviendo Italia. Llegaron las vacunas y se han vacunado más de un millón de personas. El Gobierno celebra los números pero, en términos per cápita, se ha vacunado como los otros países europeos. Además, retrasos en Pfizer podrían afectar a las segundas dosis necesarias para la inmunización. Las regiones italianas piden al Estado más dosis en comparación a otras. La región de Milan, la Lombardía, o sea la más rica, ha pedido que la distribución de las dosis tenga en consideración el PIB per cápita de las regiones. Una demanda que ha generado indignación en todo el país.

Hasta ahora, Italia ha registrado casi 85.000 muertos por coronavirus. En términos per cápita es uno de los diez países más afectados al mundo. En la última semana se ha registrado una media de 15.000 contagios diarios y 500 muertos al día. El PIB ha tenido un derrumbe cercano al 10%. Por el contrario, Alemania acaba de oficializar que su caída del PIB fue del 5% (mientras las estimaciones oficiales preveían -6,7%).

No sorprende entonces que la crisis que está viviendo el país haya llegado al Parlamento. La decisión de Renzi de, por fin, abandonar del Gobierno ha dejado al presidente Conte en un limbo. Ha sido obligado a presentarse al Parlamento, donde ha podido verificar que sigue teniendo la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y, gracias a las abstenciones, la mayoría relativa en el Senado. Es todavía el presidente, pero de un Gobierno débil. Su intención es ahora intentar convencer a algunos senadores de la oposición a sostener su Gobierno. Serían “responsables” para él, mientras otros partidos los tildan de traidores.

Se decidirá todo en los próximos días. Lo más seguro es que la mayoría de Diputados y Senadores no quiere ir a elecciones anticipadas. Este Parlamento ha aprobado una modificación de la Constitución, confirmada en un referéndum por los ciudadanos, que reduce el número de diputados de 630 a 400 y de senadores de 315 a 200. Muchos de lo que están ahora en el Parlamento no encontrarán lugar en el siguiente. Además, en menos de un año se votará para elegir el presidente de la Republica: el árbitro de la política italiana y jefe de las FF.AA. cuyo mandato dura 7 años. Los partidos que gobiernan ahora tienen todo el interés a elegir al próximo Presidente y no arriesgarse a ir a elecciones.

La lógica indica que quedan dos opciones. Un reforzamiento del Gobierno gracias a los senadores de la oposición o la formación de un Gobierno más amplio con otro Presidente. Pero mejor no subestimar la imprevisibilidad y la fantasía del Parlamento italiano. Sobre todo en un momento tan delicado para el país.