La tasa mundial empieza a subir y los refugios titilan

11 de enero, 2021

Wall Street cierra el año con pérdidas, arrastrando a los ADR

Por Luis Varela

El 14 de diciembre pasado, hace exactamente cuatro semanas, en pleno eclipse, mientras la NASA anunciaba que un asteroide del tamaño de la Torre Eiffel se aproxima a la Tierra, alguien bromeaba diciendo: “no hay manera de que el 2021 venga con más sorpresas que el 2020”.

Sin embargo, transcurridos apenas diez días del nuevo año, aparecieron cepas más amenazantes del Covid-19, con alto crecimiento de muertes en Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos. Y, quizás como efecto secundario de la locura en la que nos está sumergiendo el virus, acabamos de ver un intento de autogolpe de Estado dentro de EE.UU., con los demócratas pidiendo que se destituya a Trump por incapaz, por ser un peligro con acceso a armas nucleares, a diez días te tener que irse solito, ya que Joe Biden inicia su mandato el 20 de enero.

Afortunadamente, uno a uno los laboratorios fueron confirmando que las vacunas sirven para combatir las nuevas cepas (con afirmaciones que mucha gente no llega a creer), y la invasión al Capitolio de fanáticos republicanos fue resuelta institucionalmente, con división de poderes, el triunfo Biden fue oficializado, el mercado financiero se tranquilizó y, luego de un aleteo, la Bolsa de Nueva York terminó el viernes pasado en nuevos máximos históricos para casi todos sus índices.

Por supuesto, la inquietud por el virus continúa. En catorce meses de pandemia hay más de 90 millones de enfermos detectados y casi 2 millones de muertos. Pero la vacunación avanza, el número de inoculados ya está cerca de 24 millones. Y con eso la relación de muertos por cada 100 contagiados bajó a 2,1, desde los 3,7 fallecidos por cada 100 enfermos que había hace seis meses.

Sin dudas, el proceso de vacunación será lento y problemático. Casi el 40% de los fallecidos están ocurriendo fuera de los países centrales, que tienen mayor acceso a la vacunación. Por eso, los bancos centrales de así todas partes siguen emitiendo dinero sin parar, llenando los mercados de efectivo para que las economías no se paren: la idea es poner en el bolsillo de la gente el dinero necesario como para que consuma, y que la economía siga en funcionamiento.

Esta súper emisión de dinero está provocando el boomerang que viene: una ola de inflación mundial. Con una pequeña ayudita de los árabes de la Opep, el petróleo acaba de pegar un salto de casi 8% en la apertura del año, a su mayor precio en 12 meses, por expectativa de más consumo y de recorte de oferta. Detrás del aumento del petróleo los metales básicos (insumos de las industrias) también se mueven a máximos de seis años, con subas de entre 2% y 6% para níquel, cobre y aluminio.

Además, por demanda de China y sequía en América Latina, los granos también tienen su cuarto de hora. La soja escaló casi 5% en Chicago hasta US$ 506, su mayor precio desde mediados de 2014 y también hay subas importantes en Rosario para el maíz, el girasol, la soja y el sorgo; no así para el trigo, que está bajando.

Pero lo que probablemente sea el indicador que está señalando cuál es la tendencia que viene es lo que está sucediendo con las posiciones refugio tradicionales. Los bonos a 10 años de EE.UU., que hace seis meses pagaban una mísera tasa del 0,5% anual, ya prometen 1,12%, y está creciendo de manera vertical la compra de los ETF iShares TR tips BD, que no son otra cosa que equivalentes a bonos en dólares ajustables por la inflación norteamericana.

Y los refugios de moda del último año están teniendo una tendencia de pinza, que más temprano que tarde se apretará. Tanto el oro como la onza de plata volaron entre noviembre de 2019 (cuando el virus apareció en Wuhan) hasta agosto y ahora están experimentando un retroceso. Entre noviembre de 2019 y agosto de 2020 la onza de plata saltó 70% y el oro trepó 41%. Y ahora, con la vacunación en marcha, la apertura de enero encuentra al oro con una baja del 2,7% y a la onza de plata derritiéndose 4,4%.

Y los refugios que por ahora resisten, por inversores que quieren huir del dinero y ocultarse de los Fiscos, son las criptomonedas pero están empezando a mostrar señales de advertencia. El bitcoin, la moneda estrella de este panel, alcanzó el insólito valor de US$ 41.500 el viernes pasado, pero durante el fin de semana retrocedía hasta US$ 39.900, en lo que puede ser un nuevo punto de despegue o el final de la burbuja, nadie puede asegurarlo. Pero lo cierto es que varios papeles del sector están acusando bajas de hasta el 10% y los asustados con el dedo en el botón de vender empiezan a traspirar.

Por supuesto, en el fondo de toda esta movida hay tres ejes principales, dos tradicionales y el nuevo. Por un lado está el petróleo, que marchará de acuerdo a la demanda y al cierre de canillas de la Opep, y a la aparición de cada vez más autos eléctricos, que se sigue multiplicando. Por otra parte está el virus, que ya enfrenta las vacunas, y veremos cuál es la estadística de contagios y muertes en diez semanas. Y en la instancia central de todo el movimiento está el dólar global, que cayó de manera notable entre abril y diciembre, pero que acaba de iniciar enero con un pulso alcista.

Entre abril del año pasado y el cierre de diciembre, el dólar cayó contra una canasta integrada por euro, yen, libra, real, mexicano y chileno. Expertos del mercado de monedas afirman que por la enorme emisión realizada hasta ahora por la Fed el billete verde tiene por delante un recorrido bajista que podría tener un adicional del 10%.

Por ahora, con las vacunas iniciándose y todavía con muchas muertes, la Fed riega dólares y eso mantiene en valores de burbuja a la Bolsa de Nueva York, y eso sostiene a todas las bolsas, mucho más a los mercados emergentes sólidos que son beneficiados por precios de los commodities que están en sus mejores valores de seis años. Así, en lo que va de enero la Bolsa de Chile (feliz por el cobre) salta 9%, la de México trepa 6%, la de San Pablo sube 5%. Todas mucho más que el aumento del 2,5% en Tokio y del 2,4% en Frankfurt. Wall Street está en máximos, pero con el Nasdaq 2,4% arriba en lo que va de enero y el Dow con una suba de 1,6%.

Pero hay dos datos que aparecen como un semáforo. Con las vacunas y la resolución institucional de la crisis política en EE.UU. (veremos si Trump se manda aún alguna de las suyas), el dólar ya no siguió debilitándose, mejoró en enero contra casi todas las monedas: sube 4,5% en Brasil, 0,8% contra la libra, 0,7% contra el yen, no cambia ni contra el euro ni contra el franco suizo y sólo baja contra el yuan, el claro competidor del dólar en los próximos tiempos.

En Argentina, por supuesto, siempre jugamos otro partido. A nivel local acaba de verse una suba muy firme en los dólares financieros libres, con salto del 3,6% para el dólar MEP y del contado con liquidación en diez días de enero, y con el Gobierno interviniendo, vendiendo bonos y comprando menos reservas para frenar lo que puede ser otra escalada cambiaria. Y con Guzmán preparándose para la nueva pulseada: hasta ahora pujaba con Miguel Pesce desde afuera, pero el jueves le puso un hombre suyo en el directorio de la autoridad monetaria. El cambio de opiniones no será sólo de palabra, sino también con los votos en la mesa de conducción.

La venta de bonos volvió a hacer caer 1,6% los titulos argentinos, llevando al riesgo país otra vez a 1.385 puntos, con la tasa a vencimiento del bono más operado, el AL30, al borde del 17% anual. Galperín de Mercado Libre salió a pedir dólares para sacarse de encima deuda cara: le ofrecieron US$ 12.000 M, tomó US$ 1.100 M con tasas de entre 2,37 y 3,12% anual, cuando a la Argentina no le prestan de manera voluntaria ni al 17% anual.

Con eso, mientras las Bolsas del mundo brillan, la Bolsa de Buenos Aires quedó a la cola de todo el movimiento. El índice Merval sube en enero 0,9%, baja 2,7% si se mide en dólar MEP o CCL. Y mientras los índices de Wall Street están en récord, las ADRs argentinas están mixtas, con todo el mundo atento a lo que ocurra con la inflación, sobre todo después del salto en los peajes y un gobierno sin plan, que no achica el gasto ni baja impuestos, porque eso “no está disponible”.