La regla en el sistema previsional es jubilarse sin aportes y duplicar beneficios

7 de enero, 2021

La regla en el sistema previsional es jubilarse sin aportes y duplicar beneficios

Por Jorge Colina  IDESA

La actual vicepresidenta de la Nación cobra una jubilación de privilegio por haber sido presidenta. Luego reclamó judicialmente el cobro de un segundo beneficio de privilegio que sería la pensión por viudez de un expresidente. Un juez de la seguridad social hizo lugar a su pedido y ahora la vicepresidenta cobra dos beneficios de privilegio sumando, según trascendidos, un monto de $2 millones mensuales, más retroactivos y sin pagar Impuesto a las Ganancias. Lo más grave aún es que el juez abrió la posibilidad de que la vicepresidenta pueda reclamar una tercera jubilación de privilegio cuando deje se ocupar su actual cargo.

La pregunta que cabe hacerse es, más allá de lo desorbitado del monto de ambos haberes: ¿la situación de la vicepresidenta es una excepción en el sistema previsional?

Para responder al interrogante hay que tener en cuenta que la situación de la vicepresidenta tiene dos aristas centrales: una es que recibe beneficios previsionales sin aportes y la otra es que duplica beneficios.

¿Cuán frecuente es esta situación en el sistema previsional nacional?

De un total de 5,5 millones de jubilados y pensionados, prácticamente la mitad (2,6 millones) cobran un solo beneficio, pero lo obtuvieron sin haber hecho aportes previamente. Se jubilaron con las moratorias por las cuales la Anses les da una jubilación o pensión contributiva y luego les hace “simular” que hacen aportes con un pequeño descuento sobre el haber en concepto de aportes no realizados durante las edades activas.

Otro 20% (1,1 millones) de jubilados recibe dos beneficios: una jubilación (la mayoría por moratoria, o sea, sin aportes) más una pensión por muerte del cónyuge. En otras palabras, 1 de cada 5 jubilados duplica beneficios.

Luego queda sólo el 32% restante, que serían apenas 1,8 millones de los 5,5 millones del sistema nacional, que tienen un solo beneficio obtenido con aportes hechos durante la vida laboral. Dentro de esta gente, hay todavía muchos que obtuvieron su jubilación con algún régimen especial, es decir, con menos edad o mayor haber que el régimen general. De todas formas, muchas de estas personas van a pasar al equipo de los que duplican beneficios cuando su cónyuge muera.

Como se observa, el jubilarse sin aportes y duplicar beneficios –como la vicepresidenta– no es una excepción. Es la regla en el sistema previsional argentino. Esta abundancia de generosidad hace que la Argentina tenga un gasto previsional nacional y provincial del orden del 11% del PIB, con solo 11% de la población por encima de los 65 años de edad.

Los países desarrollados tienen, en promedio, 10% del PIB en gasto previsional, pero con una tasa de envejecimiento de 18% de la población por encima de 65 años. Más contrastante incluso es la comparación con Japón. El gasto previsional de Japón es 10% de su PIB, con 27% de la población por encima de los 65 años. En otras palabras, Argentina es un país joven con un gasto previsional de país envejecido.

El agravante es que el mercado laboral argentino está lejos de tener los niveles de participación laboral y formalización de los países desarrollados. En Argentina, un tercio de la gente en edad de trabajar no tiene empleo (es laboralmente inactivo o desempleado), otro tercio trabaja, pero en la informalidad, y sólo un tercio “trabaja” en blanco contribuyendo al sistema previsional.

Argentina, con un gasto previsional de país desarrollado y un mercado laboral de país subdesarrollado, tiene un déficit previsional estructural. Esto significa que no se revertirá sólo con crecimiento económico. Es más, este déficit previsional estructural es lo que le impide equilibrar las cuentas públicas y, así, reducir la inflación. Con alta inflación, no habrá más inversiones, ni más exportaciones, ni más empleos registrados para sustentar el sistema previsional. El déficit previsional estructural conduce a la decadencia económica.

La agenda que es necesario abordar para ordenar el sistema previsional tiene cuatro pilares.

– El primero es eliminar los regímenes especiales, es decir, tender a que todas las personas se jubilen bajo las mismas condiciones. En algunos casos la reforma debería ser de shock –como el régimen de privilegio para presidente y vice– en otros es conveniente aplicar cierta gradualidad o incluso contemplar regímenes de capitalización complementarios.

– El segundo pilar del ordenamiento es cerrar las moratorias y perfeccionar la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) como herramienta de protección a las personas que llegan a la edad de jubilarse sin aportes.

– El tercero es eliminar la pensión por sobrevivencia de manera de evitar los múltiples beneficios en consideración a que con la PUAM todas las personas están protegidas.

– El cuarto pilar es establecer un mecanismo de adaptación permanente de la edad jubilatoria al envejecimiento demográfico.