El Gran Reseteo: de la generación de necesidades a la resolución de problemas

26 de enero, 2021

El Gran Reseteo: de la generación de necesidades a la resolución de problemas

Por Juan Eduardo Barrera  ExSecretario de Minería

El reseteo del sistema capitalista, reclamado en muchos círculos de pensamiento estratégico, ha recibido un nuevo impulso durante la pandemia, que por otra parte no es más que otra expresión de la necesidad de cambiar. De no volver en la pospandemia a hacer lo mismo que veníamos haciendo y que tantos problemas nos ha traído en términos de cataclismos, incluido el Covid, crecientes e insostenibles desigualdades sociales e incluso de deslegitimación democrática, en un último esfuerzo por defender lo indefendible.

El cambio más estratégico es el de la generación de necesidades superfluas producto del exceso de marketing de la sociedad de consumo a la resolución de problemas reales, provocados por esos excesos. Por primera vez, las políticas explicitas de los principales países, sumados a los esfuerzos de empresas e individuos, se están alineando (como en su momento lo hicieron para generar las vacunas) para resolver la principal amenaza global que enfrenta el planeta: el Cambio Climático.

Y la buena noticia es que este cambio ya ha comenzado. Al compromiso de Emisión Cero para 2050 explicitado primero por la Unión Europa, le han seguido China y ahora Estados Unidos. Los tres han comprometido ingentes cantidades de recursos para acelerar la transición ecológica, comenzando con la transición energética y su consecuencia mas obvia, la electrificación masiva. Si el petróleo como energía y motor de la revolución industrial fue la palanca para el desarrollo económico, la energía eléctrica barata va a significar un cambio cuántico a una velocidad aun mayor.

Europa, con un presupuesto total de 1,8 billones de euros, el mayor de su historia. China, el mayor contaminante mundial (60% de su red eléctrica depende del carbón), tendrá que hacer el mayor esfuerzo en el menor tiempo. Mientras que Joe Biden quiere que EE.UU. lidere la lucha global contra el Cambio Climático.

Pero no se trata solamente de las astronómicas cantidades dinero que se van a asignar sino del claro y explícito propósito finalista que las guía. Es decir, tienen objetivos cuantitativos, metas explícitas y métricas muy concretas. Tampoco se trata de problemas nuevos. La novedad es que ahora se ha tomado conciencia de ellos. Y, más aun, se ha puesto dinero para resolverlos. Esto ya ha comenzado y va a ser histórico.

En el caso de EE.UU., ha sido el sector privado el que ha tomado ese liderazgo. Prueba de ello es la tremenda capitalización bursátil de las principales empresas que conforman el ecosistema de las energías renovables. Incluso en ese miércoles negro en que los fanáticos de Donald Trump tomaban el Capitolio por asalto, las acciones de esas empresas volaban. Acá no hay engaño posible: en el capitalismo americano las decisiones van donde va el dinero.

Por su parte las instituciones financieras y los grandes fondos de inversión también están adoptando la nueva ESG (Gobernanza Social y Ambiental). La ESG apunta a la sustentabilidad de lo ambiental en toda la cadena de valor y considera el impacto de las decisiones corporativas sobre la vida de sus empleados, proveedores y la comunidad en la que actúan. Es decir, una gestión corporativa que mire a las personas, y no sólo la cuenta de resultados.

Esto es muy relevante porque muestra una disposición a abordar la otra gran asignatura pendiente del capitalismo, que es la desigualdad social. Y en particular, cómo se distribuye la renta económica resultante de las mejoras de productividad generadas por un acelerado proceso de automatización y digitalización que podría generar un ejército de desempleados.

Este nuevo enfoque a la resolución de problemas reales estaría marcando el pasaje de una sociedad de consumo, un tanto irresponsable en términos intergeneracionales, a una emergente organización social más sustentable que por oposición podríamos llamar sociedad del propósito. Es decir, una razón de interés general superior que justifique y guíe lo que hacemos. No podemos seguir degradando nuestras instituciones, contaminando nuestro hábitat, condenando a la pobreza eterna a miles de personas ni podemos negarles a nuestros hijos el derecho a soñar un mundo mejor.

Más concretamente, en nuestro caso, tenemos que pasar de los marketineros de la política, que solo saben apostar al miedo y la división, a estadistas y constructores de puentes que prioricen la búsqueda de soluciones inteligentes basadas en el conocimiento científico.

Un pequeño pero ejemplar caso de éxito de una política de consenso es precisamente el caso de las energías renovables, que por primera vez alcanzaron 9,2% del total de la energía eléctrica el último año en Argentina, superando a la nuclear y camino superar a la hidroelectricidad. Poniendo en evidencia que cuando uno se focaliza en la solución de un problema concreto, las diferencias ideológicas se minimizan.