Una gestión dominada por el eje pandemia, deuda y dólar

11 de diciembre, 2020

Una gestión dominada por el eje pandemia, deuda y dólar

Por Fabio Rodríguez (*)

A diferencia de otros años normales, esta vez no sirve el típico balance de año que compara las variables económicas y sociales contra un año atrás. El shock del Covid-19 puso un antes y después, y tanto en Argentina como en el resto del mundo todos los indicadores económicos y sociales retrocedieron. En este contexto, el Gobierno apela a resaltar lo que se evitó (que no es para desdeñar), tratando de cubrir falta de gestión y errores de praxis que sí estuvieron presentes y agudizaron problemas que se arrastran hasta estos días. Se evitó el estallido social, teniendo una depresión económica histórica, con el PIB derrumbándose 12%, se evitó el default habiendo heredado un desastre en materia de deuda y se evitó la catástrofe sanitaria que dejó postales horribles en otros países.

El eje pandemia, deuda y dólar ayuda a resumir tres etapas bien diferenciadas que tuvo la política económica en este 2020. En primer lugar, desde marzo a julio dominó todo la reparación de emergencia producto de la pandemia. La época de ATPs, IFEs y créditos para todos, con una sobreexpansión del gasto público tan necesaria como dañina para lo macro, ya que se tuvo que recostar 100% en la emisión, cuyos coletazos sobrevinieron en los meses siguientes. En este período el Presidente tuvo la centralidad absoluta en el manejo sanitario, tocó récord de popularidad y entusiasmó, por un momento, respecto a que la moderación política y la antigrieta podían ser una realidad (época de abrazos y confraternidad con la oposición). Por su parte, el ministro de Economía, Martín Guzmán, se movió solo en la órbita de la deuda, y con sus tiempos logró uno de los hechos a resaltar de este 2020: una negociación exitosa de la deuda. En un boletín ficticio esta etapa tuvo un superado con creces.

El “plan fallido”

Cuando se tenía todo para ir mejorando en base a una estrategia coordinada para relanzar el programa económico tras el logro de la deuda, y de esta forma impulsar la reactivación pospandémica, sobreviene la peor etapa para la gestión económica, entre julio y fines de octubre. La política económica y la actuación del ministro de Economía y del Presidente del BCRA corrieron todo el tiempo detrás de la crisis cambiaria, disparadas de los dólares financieros, brecha descontrolada y fuga de depósitos en dólares. Atrás quedó la pandemia (en su efecto económico) y la deuda: el protagonismo lo tuvo el dólar y las idas y vueltas de medidas inconsistentes que iban agravando el problema. Sin dudas esta fue la etapa más crítica para el Gobierno cuyo epicentro gestó una crisis de confianza de la que aún no se puede salir y solo hemos logrado apaciguar. Una visión naif de las autoridades económicas sostenía que el ancla para la estabilidad externa venía de la mano de la reestructuración de la deuda y del proyecto de Presupuesto 2021. La respuesta del sistema económico fue la pérdida de US$ 3.500 millones de reservas, de US$ 2.500 millones de depósitos en y la insólita suba del riesgo país a 1.600 puntos cuando Argentina no tiene vencimientos relevantes hasta 2025.

La centralidad de CFK

Por supuesto que la gestión política hizo lo suyo para este retroceso: el affaire Vicentin, la propuesta de reformar la Justicia y la Corte, la pelea con CABA, la designación del procurador y el impuesto a las grandes fortunas, por señalar los más ruidosos. El Gobierno tenía y tiene toda la legitimidad para impulsar estos y otros cambios, el inconveniente es el grado de extravío que se notó al poner esta agenda en el tapete cuando estaba asediado por una crisis cambiaria que amagaba llevarse todo puesto. Por supuesto que esta segunda etapa echa por tierra la “ilusión de la moderación” y la esperanza “antigrieta”. Las ruidosas y heterogéneas coaliciones predominantes (Frente de Todos y Cambiemos) aportaron lo suyo.

Coincidencias o no, a la segunda y peor fase del Gobierno la clausura la carta de CFK allá por fines de octubre abriendo la tercera etapa, que llega a la actualidad, cuando le dice al Gobierno y sus funcionarios que tienen un abismo adelante (y cerca) si el dólar paralelo traspasa los $200. Por acción, omisión y/o errores del Ejecutivo, ahora la centralidad política la retoma CFK y el Senado, y muchas iniciativas tienen ahí su determinación final, por ejemplo, la fórmula de ajuste de las jubilaciones.

Un respiro a la espera del FMI

A decir verdad, ya Guzmán había tomado bajo su mando el curso de la crisis del dólar, cambia el enfoque para bajar la brecha y va consiguiendo resultados positivos que nos dejan con un respiro financiero para pasar fin de año. Sin embargo, la característica de esta etapa es que la crisis de confianza está apaciguada, pero no solucionada, tal como se hizo contundentemente con la deuda. Los indicadores son dos: reservas que no suben y riesgo país que no baja. Desafortunadamente el empalme con el nuevo año nos dice que el dólar, la inflación y recesión no se toman vacaciones y serán los temas dominantes que inaugurarán el verano de 2021. Si extendiéramos el eje con que analizamos 2020 hasta el comienzos de 2021 tendríamos pandemia, deuda, dólar y FMI.

Dos temas son claves para lo que viene y ambos estrechamente relacionados: lidiar con la recesión y dejar atrás la inestabilidad del mercado cambiario tendiendo a unificar el tipo de cambio. La actividad está reptando luego de haber rebotado mucho como era lógico tras el colapso de abril. Pero necesitamos que despegue con mucha más potencia de la mano de la inversión, el consumo y las exportaciones. La pobreza, el desempleo y la falta de posibilidades en el mercado formal es la otra pandemia que hay que atacar en 2021. Sin crecimiento ni inversión será poco menos que imposible.

La llegada de la vacuna es un puente de optimismo en la economía real, ya que nos permitirá normalizar casi completamente la actividad en sectores muy importantes de servicios. La vacuna financiera es el acuerdo con el FMI, que nos dará un segundo puente para derrotar la crisis de confianza, dar vuelta los flujos negativos en el mercado de divisas e ir gradualmente desactivando el actual cepo extra-large, que es incompatible con crecimiento económico

(*) Economista