Teoría Monetaria Moderna: “Es la productividad, stupid”

¿Cómo lograr lo que parece casi imposible: que Argentina crezca bajando la inflación y sin estallido social? La clave está en entender correctamente la década de los noventa, última experiencia de crecimiento con baja inflación.

10 de diciembre, 2020

Teoría Monetaria Moderna: “Es la productividad, stupid”

Por Gonzalo Martínez Mosquera

Johan Cruyff fue uno de los mejores jugadores y dirigentes de fútbol de la historia. Es reconocido, entre otras razones, por haber implementado una forma de juego en el Barca que se mantiene hoy en día.

Una de las características más conocidas de este método es la presión alta con el objetivo de quitarle la pelota al rival rápidamente. Si se puede, antes de que cruce la mitad de la cancha.

Una de las ventajas que tiene esa forma de jugar es que libera a parte de los defensores, quienes desocupan parte de su tiempo y pueden ser utilizados en otras tareas. Por ejemplo, como los jugadores de fondo no están tan exigidos, se puede mandar a los laterales al ataque, lo cual genera una mayor efectividad goleadora del equipo.

Un método que permita defender con dos jugadores en vez de los cuatro habituales es un ejemplo de lo que se llama un “salto de productividad”.

Puede afirmarse que cuando Cruyff implementó la nueva forma de jugar dejó sin trabajo a dos defensores. Los dejó desocupados. La clave entonces de esos saltos de productividad está, justamente, en saber aprovechar los recursos que quedan desempleados.

¿A qué viene todo esto?

Argentina tuvo una experiencia exitosa de baja inflación y crecimiento del producto en la década de los ‘90.

El saber popular dice que lo que permitió la estabilidad de precios en esos años fue la paridad del peso con el dólar y que el alto índice de desempleo fue causado principalmente por las privatizaciones, la apertura de las importaciones y las desregulaciones, todo ellos saltos de productividad que se implementaron en aquella época.

Aquel razonamiento según el cual la pérdida de trabajo se originó en las medidas productivas es análogo a decir que el problema de la “desocupación” de los laterales del Barca se debe al método de juego implementado por Cruyff y no a la impericia de algún técnico que no los utilizara para reforzar el ataque del equipo.

¿Qué opinaría la Teoría Monetaria Moderna?

La MMT (siglas en inglés para la Teoría Monetaria Moderna) está de moda en el mundo económico por diversas razones, entre otras, por haber anticipado que la baja de tasas y el Quantitative Easing no iban a provocar inflación, sino todo lo contrario.

Según aquella forma de ver el mundo económico (*), se podría decir que lo que permitió frenar la escalada de precios fueron los saltos de productividad y que lo que explica el aumento en la desocupación fue la promesa de mantener una paridad con el dólar.

¿Cómo frenar la inflación?

Según la Teoría Monetaria Moderna, lo que frenó la suba en los precios fue la desindexación del gasto público federal.

Un gobierno soberano monetariamente (como en el caso de Argentina con el peso) tiene el monopolio de emisión de aquello que demanda como pago de impuestos. Sólo él y sus agentes (bancos) pueden emitir dicha moneda.

Como saben todos los que cursaron un curso de microeconomía, los monopolistas definen el precio del producto que venden, no son tomadores de precio. En el caso de un gobierno, su producto es la moneda y el precio de la misma es lo que tiene que hacer el sector privado para conseguirla.

Por tanto, la inflación sólo puede ocurrir cuando el gobierno baja esa exigencia o, dicho de otra forma, la causa última de la inflación se da cuando el gobierno sube los precios que paga cuando gasta o el colateral que exige cuando presta.

La pregunta obvia es cómo se logró desindexar en los ‘90 sin un estallido social.

Más allá de la habilidad política del presidente Carlos Menem para minimizar los reclamos sindicales, creo que hubo un ingrediente esencial para poder frenar la indexación del gasto: los saltos en la productividad.

Junto con el plan de Convertibilidad se implementaron en el país diversas medidas tendientes a mejorar la situación productiva del país. Como ya mencioné, se dio una masiva desregulación de actividades, se generó una fuerte apertura a las importaciones y se privatizaron empresas públicas deficitarias, entre otras.

Esas medidas generan una baja en los costos (productos importados más baratos, mejores servicios públicos, etcétera) que abren espacio para desindexar el gasto de una manera política, social y económicamente viable.

¿Y el desempleo?

Por definición, todo salto en la productividad permite obtener una mayor cantidad de bienes y servicios con menor utilización de recursos. A priori, uno diría que entonces los aumentos de eficiencia generan altos índices de desocupación.

Ese razonamiento es erróneo. Hace 300 años, el 90% de la población mundial se dedicaba a conseguir comida. Hoy ese número está cerca del 10%. ¿Acaso la desocupación es del 80%?

¿Cuál sería entonces el equivalente económico de “mandar los defensores al ataque”?

Para que aquellos recursos desocupados puedan ser empleados en actividades más productivas, la respuesta del MMT es simple: hay que bajar los impuestos.

La desocupación según esa teoría es siempre y en todo lugar un fenómeno fiscal. Es evidencia de que los impuestos son muy altos ya que no hay suficiente demanda para que el sector privado emplee todos los recursos disponibles (**).

¿Por qué entonces no bajaron los impuestos en los ‘90?

Había que cuidar el “1 a 1”. Reducir los impuestos hubiese implicado una mayor emisión no respaldada por reservas del Banco Central como obligaba la Ley de Convertibilidad.

Cualquier salto de productividad generaba, por tanto, desocupación. La única forma de evitarla era entonces conseguir dólares que permitieran emitir pesos.

Ellos sólo podían provenir de tres fuentes: exportaciones (lo cual implica un costo real para la economía local), inversiones extranjeras (con riesgo de reversión, como la crisis del Tequila) y el endeudamiento (que tiene un límite y que genera crowding-out privado).

La principal ventaja de tener un cambio flotante es justamente poder ajustar el déficit fiscal a las variaciones en la tasa de desempleo.

Esa baja de los impuestos no generaría inflación, según MMT, debido a que la mayor demanda agregada iría a contratar aquellos recursos desempleados sin que el gobierno tuviese que subir los precios que paga cuando gasta, fuente última de la inflación como mencioné previamente.

Para tener una idea, alguien del equipo económico del ministro Roque Fernandez explicaba que no podían salir del “1 a 1” porque el peso se hubiese sobrevaluado (entraban capitales), empeorando la situación competitiva.

Claramente, cualquiera que tenga un entendimiento MMT de la economía se agarra la cabeza. Que el peso tuviera tendencia a revalurarse y el desempleo fuera alto eran signos obvios de que había un enorme espacio fiscal para bajar los impuestos sin generar inflación ni una corrida de depósitos.

Conclusión

Cuando uno lee en los diarios las medidas del equipo económico del Gobierno, la gran ausente pareciera ser la palabra clave: “productividad”. No aparecen medidas en el horizonte que intenten fomentarla.

De hecho, el rumbo del Gobierno pareciera ser justo el contrario y, por ejemplo, en vez de abrir las importaciones, se cierran.

Siguiendo con la analogía futbolística, no permitir que entren bienes del exterior porque generarían desocupación es equivalente a pedirle a Xavi e Iniesta que cada tanto se la pasen al contrario para que los defensores tengan algo que hacer.

Otro caso claro es el sistema de pagos en donde se tiende a castigar el pago digital por razones impositivas.

Pareciera una contradicción: para cobrar más impuestos, aumentó las tasas del consumo con tarjeta, lo cual reduce la productividad, lo que me obliga a cobrar más impuestos.

Ni que hablar del cepo. ¿Tendrán en cuenta los economistas del Gobierno el enorme costo que implica el tiempo que pierden millones de argentinos por temas vinculados a ese control de capitales?

Es importante no confundir la productividad, que es la forma de tener más bienes y servicios con menos recursos, con la desocupación, que es evidencia de impuestos muy altos.

Argentina tiene el desafío enorme de crecer, sin mucho espacio político para ajustar el gasto público y con la presión tributaria en blanco más alta del mundo.

La buena noticia es que probablemente seamos también uno de los países con mayores trabas productivas del mundo y, por lo tanto, hay un enorme espacio para trabajar.

Entender que la causa del desempleo en los años ‘90 no fueron las reformas productivas (privatizaciones, desregulaciones, importaciones, etcétera) sino la imposibilidad para bajar los impuestos es fundamental para que nuestros gobernantes se animen a encarar esas medidas tan necesarias.

Por más que se intente estabilizar el dólar o generar más reservas, si no se encara el problema de fondo el resultado será un nuevo desencanto. La productividad es la fuente real del crecimiento económico. Fomentarla es la única manera de frenar la inflación y generar un crecimiento sostenido en el largo plazo.

(*) Las observaciones de lo que diría la MMT surgen de mis propias conclusiones en base a mis estudios de la misma.

(**) La solución alternativa sería emplearlos aumentando el gasto público.