“Pragmatismo militante”: ¿nueva doctrina de política exterior?

31 de diciembre, 2020

“Pragmatismo militante”: ¿nueva doctrina de política exterior?

Por Patricio Giusto  Director del Observatorio Sino-Argentino (*)

Culmina un año de profundos retrocesos para la política exterior argentina. En el marco de una crisis global inédita por la pandemia, nuestro país transitó el 2020 privilegiando ideologías perimidas por delante de los intereses nacionales, con gran carencia de comprensión y estrategia frente al escenario internacional.

En el plano regional, nos alejamos de Brasil y cuestionamos los principios fundantes del Mercosur. Al mismo tiempo, apostamos a una ilusoria “tercera vía” con México, país que nos dio la espalda en la votación de autoridades del BID. Vergonzosamente, exhibimos una posición ambigua y complaciente frente a los abusos de derechos humanos en Venezuela, quedando casi en soledad en el marco de la OEA. Así, también sumamos tensión con EE.UU., en plena negociación con el FMI.

Por si todo eso fuese poco, acabamos de complicar también la relación con China. El presidente Alberto Fernández removió al embajador en Beijing en medio de un escándalo sin precedentes, el cual puede afectar este estratégico vínculo bilateral. Con apenas cinco meses en el cargo, el diplomático de carrera Luis María Kreckler fue eyectado de su puesto y remplazado por Sabino Vaca Narvaja. Cabe recordar que el exdirector de Amado Boudou en el Senado Nacional había sido instalado en Beijing a través de un cargo inventado de “representante especial para el comercio y las inversiones”, con rango de ministro plenipotenciario de primera clase.

Desde el primer momento, la relación entre Kreckler y Vaca Narvaja no fue buena. Vaca Narvaja incluso arribó a Beijing unos meses antes que Kreckler y comenzó a trabajar con una agenda paralela, reportando de manera directa al presidente y a la vicepresidenta, como así también a varios ministros. El Gobierno apuntó a Kreckler como supuesto responsable de una fallida negociación por vacunas chinas, aunque esto no fue así, como consta en cables que el propio diplomático filtró a la prensa tras su despido. Las razones de su desprolija remoción fueron netamente políticas y se usó a Kreckler de chivo expiatorio de la fallida política de adquisición de vacunas.

En una entrevista que concedió esta semana a la Televisión Pública, el presidente Fernández sorprendió al reconocer que puenteaba habitualmente a su embajador, porque Vaca Narvaja “siempre respondía de manera más eficiente”.

Esta insólita confesión lleva a preguntarse dos cosas. ¿Por qué el presidente designó en su momento a Kreckler, si confiaba más en Vaca Narvaja? Asimismo, ¿cómo es posible que Kreckler, un diplomático tan experimentado, haya permitido que la situación se le vaya de las manos de esta forma, en favor de Vaca Narvaja?

En la referida entrevista, el Presidente también sorprendió al justificar su decisión desde una postura de “pragmatismo militante”. Un enfoque que, a la luz de lo sucedido, podría ser traducido como premiar a los militantes amigos en desmedro de los profesionales de carrera. ¿Será esta la nueva doctrina de la política exterior argentina? Si observamos lo que sucede en otros destinos relevantes para la Argentina, e incluso lo que pasa dentro de Cancillería, podemos afirmar que sí.

Una situación muy incómoda para China (y para Vaca Narvaja)

Desde la militancia académica afín al kirchnerismo comenzaron a llover argumentos favorables a este cambio, tales como que Vaca Narvaja es un estudioso de China, con sólidos vínculos con el Partido Comunista Chino. Lo cierto es que, tanto las circunstancias poco habituales de la remoción de Kreckler, como el hecho de que Vaca Narvaja haya sido apuntado en la prensa y redes sociales como un “embajador puesto por China”, es algo para nada favorable y muy incómodo para Beijing. China no sólo cuida la relación bilateral. Ante todo, le preocupa su imagen internacional.

Por otra parte, además de ser un embajador político, Vaca Narvaja es muy joven. Esto no constituye en sí una limitación para desempeñar sus tareas, pero hay que tener en cuenta que China es una cultura muy jerárquica y meritocrática. Manejar el mandarín podría ayudar a compensar otras carencias, pero Vaca Narvaja habría empezado a estudiar recién este año, tras su llegada a Beijing. Finalmente, Vaca Narvaja tendrá el desafío que afronta todo embajador político: Que el cuerpo profesional estable le responda. Otra vez, las ruidosas circunstancias de su ascenso y su filiación política podrían constituirse en un escollo interno para su gestión.

El futuro de la relación con China

No caben dudas la relación con China es y seguirá siendo central para Argentina, independientemente de quien gobierne. Se avecinan momentos muy delicados en ese sentido. Alberto Fernández prometió y hasta ahora no cumplió varias cosas a China, dando señales ambiguas o bien directamente contradictorias, como el caso del paralizado acuerdo por las inversiones porcinas. A eso se suman otros dos temas muy sensibles: la adhesión a la mega-iniciativa de la Franja y la Ruta y la concreción de la varias veces postergada cuarta central nuclear.

¿Se podrá resolver todo esto en la visita de Fernández a China, ahora pospuesta para abril/mayo? ¿Será por estas indefiniciones argentinas que China renovó, pero no amplió el swap de monedas, como pretendía Fernández? ¿Habrá sido otra señal de China la sanción a varios frigoríficos argentinos por ingresar productos con rastros de Covid-19 (algo que el SENASA niega tajantemente)? Se trata de cuestiones que el nuevo embajador deberá ayudar a descifrar a un atribulado Fernández. Lamentablemente, puede que con el pragmatismo militante no alcance.

(*) Además, es Docente del Posgrado sobre China Contemporánea de la UCA y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang (China).