La Unión Europea cierra preacuerdo con China

31 de diciembre, 2020

La Unión Europea cierra preacuerdo con China

Por Héctor Rubini Economista de la Universidad del Salvador (USAL)

El proyecto proteccionista-mercantilista de Donald Trump llega a su fin con su gestión. El enfoque anti-China y la búsqueda de un comercio administrado más bilateralista que multilateralista generó reacciones defensivas en todo el mundo. Una de ellas fue la búsqueda del Gobierno chino de alternativas asociativas con bloques y países menos hostiles y el resultado ha sido el acuerdo de inversiones cerrado ayer entre Beijing y Bruselas.

Anteayer culminó la negociación del Acuerdo Comprensivo de Inversiones (CAI) entre la Unión Europea y China. El Gobierno chino acepta en este acuerdo una serie de eliminación de restricciones que marcan un trato preferencial que llevará a nuevos reclamos cruzados con EE.UU., país al que Beijing sigue señalando como particularmente agresivo. El borrador acordado libera el ingreso de empresarios europeos para inversiones en China y el Gobierno del país asiático acepta un mecanismo de resolución de disputas junto a otro de monitoreo previo a todo litigio entre partes. Ahora falta la ratificación de los parlamentos de los 27 países europeos y el del Gobierno chino.

China ha aceptado estas concesiones para contrapartes de la Unión Europea.

-Eliminar o postergar exigencias para joint-ventures con empresas chinas para sector automotriz, sector bancario, salud (Beijing, Shanghai, Shenzhen Tianjian y Guangzhou), inmobiliario, material de transporte, publicidad, investigación de mercado, servicios de traductorado, consultoría y administración de empresas, entre otros.

-Eliminación de exigencias regulatorias a europeos para compraventa de paquetes accionarios, trading en acciones, seguros y reaseguros y administración de carteras de activos.

-Apertura total a inversiones europeas en servicios auxiliares al transporte marítimo: manejo de cargas, depósitos y estaciones de contenedores, agencias marítimas, etcétera.

-Levantamiento de la prohibición a europeos para proveer servicios de almacenamiento de datos en nubes, y apertura a inversores europeos a integrar empresas conjuntas con un tope de 50% de participación accionaria.

-No extensión de topes de participación accionaria en sector telecomunicaciones para otros servicios como los financieros, médicos, logístico y otras cuando se ofrezcan online.

-Los gerentes y especialistas de firmas europeas podrán ahora trabajar hasta 3 años en sus filiales en China sin restricciones cuantitativas, ni tests para el mercado laboral chino.

El acuerdo incluye además compromisos mutuos para no reducir los estándares laborales ni de cuidado ambiental para atraer inversiones, aplicar las reglas de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Acuerdo de París, ratificar las Convenciones fundamentales de la OIT especialmente en materia de trabajo forzado.

El acuerdo profundiza y sustituye más de dos docenas de acuerdos previos entre los 27 miembros de la Unión Europea y China. La negociación se inició en 2014 y mostró mayor flexibilidad del Gobierno chino después de la victoria electoral de Joe Biden en EE.UU. En la visión europea es un avance sustancial para un futuro acuerdo de libre comercio, algo sobre lo cual no hay muchas expectativas ni en China ni en buena parte del empresariado europeo. Para los chinos, en cambio, es un avance para un mejor posicionamiento frente a EE.UU. evitando la salida de inversores europeos, y aumentando el flujo de bienes, servicios, y conocimientos entre el país asiático y Europa.

De todas formas, la culminación y puesta en vigencia debe superar la aprobación de los parlamentos europeos, y la misma no va a ser fácil, dadas las persistentes críticas al deterioro ambiental en China, el régimen laboral y la cuestión del respeto de los derechos humanos, especialmente hacia la minoría uigur en la provincia de Xingjiang.

Obviamente, el acuerdo no fue bien recibió por la prensa estadounidense. Las opiniones no se focalizan sólo en el contenido sino en la premura para lograr este preacuerdo. ¿Por qué cerrar la negociación a tres semanas del inicio de la gestión de Biden y no haber esperado unas semanas más? ¿Podría realmente Europa condicionar el futuro de la alianza histórica con EE.UU. jugando con la “alternativa china”? Por ahora la política exterior y comercial de Biden es una incógnita, y ya antes de asumir deberá lidiar con este subproducto, nada sorprendente, del proteccionista de Donald Trump y sus recurrentes berrinches.