Cuba: avanza con su reforma monetaria, y no sería la única

15 de diciembre, 2020

Cuba: avanza con su reforma monetaria, y no sería la única

Por Héctor Rubini (*)

El primer mandatario cubano, Manuel Díaz-Canel, confirmó el jueves la unificación del régimen cambiario dual, vigente desde 2004. La decisión simplemente da cumplimiento al anuncio de Raúl Castro en su discurso de asunción del mando del 20 de diciembre de 2013.

Previo a esto, el pasado 8 de octubre Díaz-Canel anticipó que las cartillas de racionamiento para acceso a bienes subvencionados se mantendrán sólo un tiempo después de implementada la reforma monetaria anunciada la semana pasada. Una medida que preanunciaría la probable eliminación de subvenciones universales y su acotamiento a sólo ciertos productos de primera necesidad.

Luego de 7 años la realidad enfrenta a la economía cubana en una situación difícil. Ya en abril pasado Díaz-Canel en abril pasado anticipó un empeoramiento de la situación económica hasta una gravedad como la del “Período Especial en Epoca de Paz”, nombre que dio Fidel Castro en 1990 al derrumbe de la economía cubana poscaída del Unión Soviética.

La destrucción del PIB cubano 1989 y 1993 superó el 51%, con déficits de cuenta corriente superiores al 8% del PIB en 1990 y 1991. El Gobierno debió emitir dinero para subsidiar a 5 millones de personas sin empleo, y hay estimaciones de que en la economía informal se registraron tasas de inflación anuales muy altas, entre 150% y 200% entre 1990 y 1993.

En la segunda mitad de los ’90, Fidel Castro abrió algo la economía al turismo extranjero, la recepción de remesas de emigrados, el trabajo cuentrapropista, y la liberación del mercado agrícola. Con la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela, en 1998, el régimen tuvo acceso a petróleo, y luego se benefició de la mayor demanda para sus productos de exportación (fundamentalmente azúcar y níquel) por parte de la República Popular China.

Sin embargo, el mantenimiento del sistema socialista centralizado y sin apertura política mantuvo a la economía cubana estancada, y con menos grados de libertad en el frente externo. El empeoramiento de las relaciones con EE.UU. la expuso a mayores restricciones externas: sin inversión extranjera, ni diversificación de de exportaciones, la economía se mantuvo cerrada y bajo un marcado empobrecimiento y atraso tecnológico.

A partir de 2003 la relación deuda externa/PIB descendió a menos de 20%, con déficit de cuenta corriente superior al 3% del PIB sólo en 2008 (3,8%) y superávits de cuenta corriente permanentes hasta 2016. El crecimiento del PIB real superó el 12% en 2006, pero luego de la crisis financiera mundial no superó el 3% anual, salvo en 2015, y entre 2016 y 2019 la tasa de crecimiento promedio anual del PIB fue de 1,25%.

El trasfondo económico es de un persistente exceso de demanda de bienes y servicios (insatisfecho por insuficiente oferta) y exceso de oferta de moneda local. Sin un sistema de precios de mercado, condujo a un bajo crecimiento con inflación reprimida. A esto se suma el estancamiento de las exportaciones y la escasez de divisas, lo que ha forzado a negociar postergaciones de pagos de servicios de la deuda externa y disponer la reducción en importaciones de combustibles y alimentos.

El sistema dual se inicia en julio de 1993 cuando el Gobierno autorizó la recepción de remesas de emigrados, algunas inversiones extranjeras, una liberalización acotada del comercio exterior y la libra circulación del dólar. Sin embargo, ante la escasez inicial de divisas, para evitar una devaluación del peso cubano (CUP) a fines de 1994 el gobierno creó una moneda convertible al dólar, el peso cubano convertible (CUC) con tipo de cambio fijo al dólar (1 a 1).

En 2003, el Gobierno decretó el uso del CUC como medio de pago único para transacciones entre empresas y entre estas y bancos, junto a un sistema de control de cambios bajo los comités de Aprobación de Divisas (CAD) y autorizaciones del Banco Central para la compra de divisas.

Como el Gobierno de EE.UU. profundizó el bloqueo a Cuba y optó por sancionar a entidades que aceptaran dólares fijos de contrapartes de Cuba en noviembre de 2004 se retiró de circulación el dólar, aunque no se declaró ilegal su tenencia. La medida (Resolución 80) reemplazó el dólar por el peso convertible para todas las transacciones entre residentes y no residentes respondía al riesgo de no poder depositar en bancos extranjeros los dólares que residentes y turistas gastaban en el territorio. El aviso fue una multa de U$S 100 millones aplicada por el Tesoro de EE.UU. a la Unión de Bancos Suizos por aceptar depósitos de billetes en dólares provenientes de Cuba y otros países enemigos.

Ese año se estableció un régimen monetario dual. Introdujo como segunda moneda el peso cubano convertible (CUC) a un tipo de cambio de CUC 1 = U$S 1, permitiéndose desde entonces fijar y expresar precios en ambas monedas. También se creó un impuesto de 10% sobre la compra CUC y CUP con dólares físicos para incentivar al ingreso de dólares por la vía bancaria, e indirectamente la sustitución de dólares por euros u otras monedas. A principios del año siguiente se dispuso una apreciación del peso cubano (CUP) respecto del CUC para inducir cierta dedolarización de depósitos bancarios, manteniéndose la prohibición a las empresas y personas jurídicas operar con casas de cambio, ni comprar CUC ni dólares con CUP. La escasez de divisas no se resolvió y en 2009 comenzaron los estudios para la unificación monetaria anunciada por Raúl Castro en diciembre de 2013.

Más recientemente, entre julio y octubre de 2019 se habilitó la compra con tarjetas en moneda “libremente convertible” (CUP), se eliminó el impuesto a las operaciones con dólares y se liberalizó parcialmente la importación de bienes de empresas estatales. Unos meses atrás se autorizó la apertura de supermercados y comercios en los que sólo se acepta el CUC, no el CUP como medio de pagos. Algo que generó polémica interna, ya que básicamente marcó una suerte de privilegios para los miembros del régimen y sus empresarios, respecto de la mayoría de la población, que sobrevive como empleada por el Estado o como cuentapropista.

El anuncio de Díaz-Canel se encuentra en el Decreto 17/2020 bajo el título de “Proceso de Ordenamiento Monetario” publicado en la Gaceta Oficial del pasado jueves fue aprobado previamente por el Buró Político, de modo que no hay marcha atrás. Desde el 1° de enero los cubanos tienen 6 meses para cambiar sus tenencias y cuentas bancarias de CUC por CUP a un tipo de cambio 1 a 1. Esto es, devaluar del CUC, de modo que pasa a cotizar de 1 por dólar a 24 por dólar comprador y 25 vendedor. Un cambio necesario, ante la escasez de divisas y la falta de una moneda única convertible, pero hay comercios de primera necesidad en los que el CUC se utiliza como medio de pagos. Además, el núcleo de los depositantes en los bancos locales son las propias empresas estatales (controlan el 85% de las actividades económicas), de modo que su conversión de saldos en CUC a CUP, e importación de bienes a 24 pesos cubanos por 1 dólar se trasladará, al menos parcialmente a los precios internos.

No era de extrañar que el propio Díaz-Canel admitiera que uno de los principales riesgos de la desaparición del CUC con una devaluación del 2.300% es “que se produzca una inflación superior a la diseñada”.

Preventivamente, el Gobierno anunció un aumento de 450% de los salarios y del 500% de las jubilaciones. La intención es que el “pass-through” no supere esa magnitud, y no se deteriore más el nivel de vida de los cubanos. Algo difícil de prever ya que también se esperan subas en las tarifas de electricidad, agua, gas, y como si no bastara, también de los impuestos. El Decreto otorga además al gobierno atribuciones para: a) “Iniciar el proceso de corrección de precios relativos a favor de la eficiencia económica, tomando en cuenta los impactos sociales de la devaluación del peso cubano”, b)“reforma integral de salarios, pensiones y prestaciones de la asistencia social, que permita la eliminación gradual de los subsidios excesivos y gratuidades indebidas y las distorsiones salariales existentes”, c) “lograr que el salario se convierta en la fuente principal para financiar el consumo del trabajador y su familia, d) “elevar el salario mínimo, en correspondencia con el costo de la canasta de bienes y servicios que satisfaga los requerimientos nutricionales mínimos del trabajador y su familia”.

Demasiados objetivos, sin instrumentos todavía anunciados. Algo que preanuncia probables nuevas reformas, y que no se limitarían sólo al régimen cambiario cubano.

(*) Economista de la Universidad del Salvador (USAL)

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