La riesgosa despedida de Trump

12 de noviembre, 2020

trump eeuu

Por Augusto Milano

Donald Trump no ha sido un defensor de las buenas causas globales. Y sus últimos días en la  Casa Blanca, negando el resultado electoral, lo ratifica, porque genera dudas sobre el funcionamiento del sistema político estadounidense que ha sido fuente de inspiración para muchas sociedades.

La democracia está amenazada en el mundo. La tendencia hacia la apertura democrática que caracterizó al mundo entre fines del siglo pasado y comienzos del actual, comenzó a revertirse desde hace unos años como lo muestren diferentes estudios. Ahora son cada vez más los países que están limitando en distintos grados a la democracia. Desde dictaduras lisas y llanas, hasta regímenes en lo que se altera la competencia electoral mediante artilugios, se persigue opositores, se restringen derechos  o aparecen líderes que procuran mediante diferentes procedimientos eternizarse en sus cargos.

Y no se trata de países marginales sino de muchos que tendrán un peso creciente en la economía mundial. Según Freedom House, en los países democráticos se generaba el 86% del PIB global en el 2000, pero ese porcentaje empezó a reducirse y será de 60% en 2050. Es decir que el 40% del producto mundial se originará en países no democráticos o con libertades individuales parcialmente cercenadas. Es una categoría heterogénea que integran, entre tantos otros, países tan disímiles como China, Rusia, Hungría y Venezuela.

Este dato se correlaciona con otro elaborado por Bloomberg que muestra que en el 2000 el 57% del PIB mundial se generaba en economías libres o parcialmente libres, pero esa participación caería al 33% en 2050. Es decir que en los próximos treinta años habría una tendencia económica hacia más Estado y menos mercado.

En este contexto,  no es una buena noticia que el sistema electoral estadounidense esté siendo vapuleado por el propio presidente que ya degradó muchas instituciones del país y  mantuvo buenas relaciones con muchos regímenes autoritarios. Y ahora se despide diciéndole al resto del mundo que en la principal y más antigua democracia del mundo se pueden robar las elecciones. Mejor argumento y cobertura para los dictadores, o aspirantes a serlo, imposible.

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