Inflación de octubre, entre la inquietud y el síntoma

17 de noviembre, 2020

pesos demanda

Por Pablo Mira (*)

La inflación se aceleró un punto porcentual en octubre respecto de setiembre. Es cierto, la inflación núcleo (sin considerar estacionales ni regulados permanentes) se incrementó un poco menos, y pasó de 2,3% a 2,8%. Pero esas mismas subas de estación, junto con cierta flexibilidad de los programas de regulación de precios, pegaron duro sobre el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas, que aumentó 4,8% en el mes y acumula en total 32,5% en el año, bien por encima del 26,9% del nivel general.

La dinámica del capítulo alimenticio genera inevitable inquietud, porque afecta directamente las tasas de pobreza y la indigencia, y también la distribución del ingreso. En parte, la razón de esta evolución se asocia con el impacto sectorial de la pandemia, porque alimentos y bebidas no alcohólicas fue casi el único rubro que se mantuvo prácticamente sin alteraciones desde el inicio del aislamiento (junto con salud), pero en un contexto de desaceleración general. En otras palabras, los alimentos subieron menos que el año pasado, pero desaceleraron menos que todos los otros capítulos (a lo que podríamos sumar la dificultad de seguir precios en los rubros que tuvieron baja o nula actividad).

Lo que ocurre específicamente con los alimentos es preocupante, pero recordemos también que la inflación suele tener un costado relacionado con la actividad económica. De hecho, los últimos datos mensuales de inflación reflejan que los capítulos más afectados por el ASPO comienzan a recuperar posiciones. Restaurantes y hoteles, prendas de vestir, transporte y mantenimiento del hogar incrementaron sus tasas mensuales en forma significativa en las últimas semanas, reflejando el síntoma de cierta vuelta a la normalidad por parte de sectores postergados durante varios meses.

Una pregunta que vale formularse es si este incremento será transitorio o permanente, o si marcará el inicio de una aceleración ulterior, retornando a los niveles inflacionarios de 2019. Conviene aquí distinguir tres tendencias diferentes.

– Primero, las subas estacionales de los alimentos, obviamente, tenderán a suavizarse en los próximos meses.

– Segundo, los componentes que retornan a la normalidad seguirán recuperando posiciones en relación a los rubros que siempre estuvieron activos, en función de la evolución de las reglas de apertura que determine el Gobierno.

– Tercero, los componentes de alto contenido importado (principalmente, equipamiento del hogar y electrónicos) pueden haber reflejado en parte el desenfrenado aumento de expectativas de devaluación, que amenazó con moderarse recientemente. Aun considerando este revuelto de precios relativos, es posible que la inflación núcleo se sostenga en los próximos meses en torno al 3% mensual, aunque con fluctuaciones (por ejemplo, típicamente diciembre y marzo suelen ser meses más inflacionarios que febrero).

La desaceleración de 2020 le dio cierta tregua a la inercia, pero la batalla contra un régimen de inflación moderado no se gana únicamente con una demanda transitoriamente debilitada. Los salarios cayeron fuerte en términos reales pero pugnarán por cierta recuperación, y las tarifas públicas seguramente también deberán reordenarse al ingresar en 2021. La guerra contra la inflación es prolongada y exige paciencia. Ingresar en modo decepción únicamente por el dato de octubre significa haberse entusiasmado con una desaceleración que tenía mucho de excepcional.

La pandemia y sus consecuencias (aislamiento, problemas fiscales, incertidumbre cambiaria) elevaron transitoriamente la incertidumbre, pero esta dinámica estuvo lejos de representar un proceso genuino y definitivo de estabilización nominal. Es cierto que las autoridades podrían montarse sobre esta oportunidad para suavizar la tasa de inflación de manera permanente, pero las costumbres de ajuste de precios son eso, costumbres, y revertirlas cuesta tiempo.

(*) Docente e investigador de la UBA

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