El fin del Covid-19 se acerca y las burbujas se evaporan

30 de noviembre, 2020

El fin del Covid-19 se acerca y las burbujas se evaporan

Por Luis Varela

El rebrote del coronavirus y, al mismo tiempo, la cercanía de las vacunas ponen al mundo financiero en un vórtice de cambio de época. Cada lunes (hoy seguramente no será una excepción) los siete laboratorios que están en carrera para vender sus productos harán algún tipo de anuncios, que contribuirán para que las cotizaciones mundiales sigan con alta volatilidad, a los saltos.

Por el momento la única realidad es que el rebrote del covid está poniendo a vastas zonas del hemisferio norte otra vez en emergencia. Sólo por citar algunos ejemplos, en la última semana los muertos en Italia saltaron más del 10%, de 49.261 a 54.363. También hubo fuertes incrementos en Francia (7,5%) y en Gran Bretaña (6,2%). En el ranking de los países con más muertos Argentina está novena, y ahora los fallecimientos en esta parte del mundo crecen algo menos por estar en época estival.

Por eso, los países que son castigados en este momento están volviendo a las cuarentenas, con la gente muy pendiente de la llegada de las vacunas. Los centros de atención médica reciben miles de llamados cada día con los pacientes preguntando cuándo llega la vacuna. Frente a eso, la solución parece cerca: dos laboratorios e incluso China el pidieron a la Organización Mundial de la Salud un vía libre para empezar con las vacunaciones.

Frente a eso, con informaciones que se confirman y se desmienten cada diez minutos, Gran Bretaña acaba de anunciar que empezará con la vacunación dentro de una semana, calculando que se le suministrará la dosis a un millón de personas semanales en estadios de fútbol y centros de conferencias. Veremos si eso se cumple o no.

La derivación secundaria de todos estos anuncios impacta de lleno en el mundo de las inversiones. Por un lado están los optimistas, que piensan que el problema se terminó, que se volverá rápido a una reactivación mundial y que dejaremos atrás todo este problema. Y por otra parte están los realistas, que ven que un cúmulo de empresas quedaron muy heridas, con millones de personas sin trabajo, y calculan que llevará mucho tiempo en lograrse una reactivación y una vuelta a la normalidad.

Los estímulos monetarios

Mientras tanto, intentando que las economías no se sumerjan, además, en una crisis financiera, los bancos centrales de todas partes siguen emitiendo dinero, sosteniendo los niveles de actividad todo lo que pueden. La Reserva Federal es uno de los bancos que más emitió, dólares, pero también hubo gran emisión de euros desde el Banco Central Europeo, de yenes desde el Banco de Japón, de libras, de yuanes, de rublos, de rupias, de reales y, por supuesto, de pesos.

Con eso, la semana pasada el mundo asistió a otro ciclo con debilidad global para el dólar, pero no contra todas las monedas. En recorrido del lunes al viernes pasado el dólar subió 0,6% en Chile, 0,3% contra el yen y 0,2% contra el yuan, pero bajó 0,2% contra la libra, 0,3% en México, 0,8% contra el franco suizo, 0,9% contra el euro y tuvo un notable descenso del 1% en Brasil.

En general, esos países han tenido en los últimos años un desarrollo monetario responsable y en consecuencia sus poblaciones aceptan la mayor emisión de sus monedas, con impactos inflacionarios relativamente bajos, ya que las personas no se desprenden de los billetes emitidos con gran velocidad.

El caso argentino, en cambio, es completamente diferente. La población sabe de memoria que tenemos una estructura con alto gasto público en relación a la creación de riqueza, lo cual nos provoca un rojo fiscal estructural, que en tiempos de credibilidad es cubierto con deuda, y en épocas de desconfianza absoluta, como la actual, al Gobierno no le queda más alternativa que usar la emisión de pesos del Banco Central como única fuente de financiamiento.

Eso hace que la gente reciba los pesos, gaste lo que necesita, y si les sobra alguna cantidad, inmediatamente sale del peso para colocarse en lo que sea: compra dólares si no parece caro, acciones de empresas, bonos públicos o privados que se piense que van a ser pagados, inmuebles, autos o lo que sea, con tal de no quedarse en el bolsillo con pesos que se devalúan minuto a minuto.

En base a ese movimiento hubo dos sectores que en los últimos dos o tres meses tuvieron un “veranito de actividad”. Cuando el dólar blue llegó a 195 pesos, con los precios de los autos nuevos todavía sin actualizar, muchos se lanzaron a comprar un 0Km, en un movimiento que duró hasta que los vendedores empezaron a pedir precio de reposición, y las entregas empezaron a demorarse.

Y el otro sector que se movilizó fue la industria de la construcción, pero no tanto por compra de inmuebles (que algo repuntaron, pero no mucho), sino porque muchos optaron por mejorar la infraestructura de sus casas, demandando cemento, pintura, cal y otros insumos para hacer arreglos. La demanda formó un cuello de botella en las empresas productoras, con limitaciones de fabricación por el Covid, pero también por subas de costos, por aumento de naftas, peajes, impuestos y otros costos.

Y allí, en los que creen en el juego de la oferta y la demanda, hubo empresas que se plantaron: no puedo producir porque mi ganancia desapareció, no voy a trabajar a pérdida.

La inflación en alza

En paralelo con eso, con índices inflacionarios mensuales cada vez más cerca del 4% (variaciones que otros países no llegan a tener en un año), el ministro de Economía Martín Guzmán atravesó una semana con dos movimientos: por un lado intentó convencer a los inversores que consigue del mercado el financiamiento necesario para pagar los vencimientos cortos y por otra parte gastó reservas y bonos para mantener el precio del dólar aplastado artificialmente.

Pero hay analistas que siguen todos los números en detalle y que permiten ver qué es realidad y qué es engaño. Ezequiel Zambaglione de Balanz advirtió que “buena parte del dinero que consiguió Guzmán en las últimas licitaciones provino de la Anses o de organismos públicos, no es dinero de los privados.

Los inversores institucionales, bancos y fondos de inversión, toman bonos en pesos en posiciones cortas si la tasa es algo más alta, pero lo que es a más de tres meses lo colocan en bonos atados al dólar o al CER”.

Dólar y reservas

Mientras Guzmán muestra su sonrisa tranquila luego de licitaciones que ciertamente no alcanzaron las expectativas, el Banco Central perdió reservas y la Anses y el BCRA vendieron bonos, prometiendo pagar una tasa a vencimiento carísima, de casi 17% anual, para que el dólar parezca bajo control.

La semana pasada, con el supercepo recargado, el BCRA perdió reservas por US$ 241 millones y los bonos cayeron 1%. El bono AL30, que es el más utilizado por el Gobierno para tener maniatado al contado con liquidación, bajó de $5.800 a $5.674, con una caída del 2,2%, completamente ofrecido para mostrar que el dólar no sube.

Con esa pérdida de sustento, menos reservas y el endeudamiento más caro de la historia, el dólar oficial siguió con su microdevaluación, aunque con un ritmo algo más alto, con una variación semanal del 0,8%, mientras que gracias a la venta de reservas y bonos el CCL bajó 0,6% en la semana, el MEP retrocedió 1,1% y el blue se cayó 3,1% porque como siempre ocurre a fin de mes la gente se queda sin dinero, tiene que desarmar el “canuto” e ir a vender para cubrir gastos diarios.

Hay dos datos que inquietan a todos los analistas. En octubre el ministro Guzmán se llenó la boca porque le devolvió algunos pesos al Banco Central. Pero está terminando noviembre pidiéndole 60.000 millones de pesos. Y mañana se inicia diciembre, mes en el que se pagan aguinaldos, y el Tesoro requerirá otra vez de la máquina de emitir a todo vapor.

La verdad que lee el mercado es irrefutable: quieren convencer a los inversores que consiguen dinero en el mercado, pero seguimos sin arreglar el problema de siempre, el rojo fiscal (el puro, no el ligado al covid) y con el Presupuesto Guzmán no dio una señal de querer bajarlo. Y Zambaglione fue por más: “ponen restricciones ciertamente dantescas, con un trasfondo muy confuso, y eso marea a todos aún más”.

Lo paradójico del caso es que si tuviéramos un mercado creíble, Argentina debería estar de fiesta. Con el dólar global debilitándose, las commodities están con precios altísimos. En noviembre, por la expectativa del final del Covid y la súper emisión de dólares, el petróleo sube nada menos que 27%, la soja saltó 14% en Rosario y 12% en Chicago. Y también hay mejoras sustanciales en metales básicos, insumos de las industrias: el cobre sube 12% en el mes, con el níquel y el aluminio ganando 8%, todos en los mejores niveles de dos años o más.

A contramano de esos incrementos, hay una enorme rotación de carteras: todo lo que subió empieza a bajar y lo que bajó demasiado (y parece que va a quedar vivo) está recuperando. Así, los metales preciosos siguieron desplomándose: el oro, que había llegado a US$ 2.068 terminó el viernes a US$ 1.787 pidiéndole la hora al referí. Y la onza de plata, que había volado hasta US$ 29, terminó la semana con agónicos US$ 22,70.

Y donde más volatilidad hay es en las criptomonedas, con muchos millenials muy nerviosos. El bitcoin, la estrella del sector, llegó a US$ 19.300 el miércoles, cayó hasta US$ 16.500 el viernes y durante el fin de semana, en el que sigue operando, rebotó otra vez hasta la zona de los US$ 18.000, a los saltos, con China y Facebook volviendo a asegurar (como ya hicieron cuatro veces) que sus criptomonedas globales arrancan dentro de cinco semanas.

Con la debilidad del dólar, la suba del petróleo, la soja y los metales básicos, y con el sostén de los bancos centrales, las bolsas tuvieron otra semana de gloria, cerrando un noviembre soñado. La semana pasada la mejor Bolsa del mundo fue la de Buenos Aires, con un salto del 7,6% en pesos y del 10,9% en dólares, tremendo. Pero también hubo subas del 1,5 al 5,5% en las Bolsas de Tokio, San Pablo, Nueva York, Madrid, Frankfurt y Santiago de Chile (la única que bajó apenas fue la Bolsa mexicana).

Los pronósticos

¿Qué perspectiva se ve para lo inmediato? Gobiernos con el fuelle, inflando para que nada se caiga, hasta que llegue la vacuna, vuelva la actividad y se reanime el empleo. Mientras eso sucede, ya se inició la pelea entre toros y osos. Es decir, inversores que creen que los precios de muchos activos ya subieron demasiado y otros que piensan que pueden seguir escalando un poco más. Esto garantiza volatilidad y la necesidad de viajar con el cinturón de seguridad bien ajustado.