Doble Nelson en el mundo y Nelson al cubo en Argentina

2 de noviembre, 2020

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Por Luis Varela

En el controvertido deporte de lucha libre hay una toma -que se le aplica al oponente- denominada “la doble Nelson”, inspirada en el almirante inglés Horatio Nelson que le permitió a la Armada Británica tener una sucesión de victorias en las Guerras Napoleónicas que se desarrollaron entre 1803 y 1815. En la lucha, la doble Nelson consiste en inmovilizar al oponente y causarle dolor para inducirlo a la rendición, trabándole el cuello, la muñeca, y el otro brazo, colocándolo en una posición sin salida.

En línea con esa sucesión de problemas, los mercados internacionales acaban de sufrir una especie de doble Nelson. Y el mercado argentino en particular está sumido en una especie de Nelson al cubo, o a la quinta, que nos está colocando otra vez en uno de esos tantos estados críticos que supimos sufrir varias veces en nuestra historia.

La doble Nelson internacional tiene que ver, claramente, con dos cosas: por una parte, el virulento rebrote del coronavirus, sobre todo en Europa Occidental, pero también en Estados Unidos. Y por otro lado la elección presidencial norteamericana, que definirá este martes si Donald Trump se queda en la Casa Blanca, o si es reemplazado por el demócrata Joe Biden. El rebrote del virus baja las expectativas de recuperación de la economía mundial. Y la chance de que Biden entre por Trump puede generar suba de impuestos y aumento de tasas de interés, lo cual de darse cambiarían la tónica actual de los mercados.

El virus renovado hace pensar a los analistas que el nivel mundial de actividad seguirá muy complicado. De ahí que el barril de petróleo se haya puesto nuevamente para abajo: su variante WTI acaba de bajar de US$ 43,40 a US$ 35,80, provocando una gran incertidumbre en todos los países que viven de exportaciones de crudo. Obviamente, una expectativa de menor actividad también afectó a los metales básicos: el cobre y otros insumos de las industrias achicaron casi 5%, abandonando el firme repunte que venían mostrando. Y de alguna manera también hubo un freno en los granos: la soja se encumbraba a los US$ 400 por tonelada (un precio que no se veía desde hacía varios años) y volvió a US$ 388, y situaciones parecidas ocurrieron con el trigo y el maíz.

Y como siempre ocurre con momentos como estos, de gran incertidumbre, las posiciones refugio repuntan. El oro, que ya había subido en exceso, tuvo una mejora mínima, de US$ 1.870 a US$ 1.880. La onza de plata tuvo un repunte parecido. Pero lo que más resucitó fue el panel de criptomonedas, sobre todo el bitcoin, que saltó de US$ 10.500 a US$ 13.800, con miles de inversores que buscan triple refugio, de las caídas de las monedas, de las caídas de los activos y de las persecuciones de los fiscos, que están en problemas y que buscan latas donde rascar dinero de contribuyentes huidizos.

Con la vuelta del corona virus y la elección norteamericana en puerta, muchos tenedores de fondos volvieron a decidir colocarse líquidos en dólares, con la expectativa de que el dólar billete se mantenga más firme que otras monedas, y con la posibilidad de que tanto Biden como Trump empiecen a tener una Reserva Federal que vuelva a tener pronto tasas de interés más altas. En consecuencia, en la semana el dólar subió en el mundo contra todas las monedas, sobre todo con el euro, el franco suizo y la libra, que están siendo castigados por el fuerte virus en Europa.

Y con todas estas amenazas, sabiendo que la cotización de muchas empresas están en zona de burbuja, la semana pasada fue de huída de todas las bolsas. Hubo bajas y fuertes, del 2% al 9% en todas las principales bolsas internacionales. Hubo papeles que anotaron desplomes de más del 20%, provocando gran desconcierto, y planteando posibilidades desconocidas a partir de los próximos días, no solo por el virus sino una vez que se conozca quién fue el ganador de la elecciones norteamericanas.

Con ese contexto, la debilitada Argentina fue una de las que más sufrió en todos los sentidos. El virus está ingresando en una zona virulenta, con 1,17 millones de personas contagiadas y más de 31.000 muertos.

Pero probablemente lo peor del caso es que en medio de este incendio, el presidente Fernández optó por lo que vinieron haciendo los gobiernos de los últimos cien años: atacar la fiebre, en vez de la enfermedad. Luego de una crítica carta de Cristina Kirchner, que cuestionó severamente a varios ministros, Martín Guzmán decidió abandonar su idea de crear un mercado de pesos y se lanzó, como lo hace Argentina desde siempre, a tomar deuda dolarizada: el martes lo hizo con bonos dollar linked, que evolucionan según el tipo de cambio oficial pero se pagan en pesos, y hoy anunciará la emisión de bonos hard dólar, que se pagarán en dólares billete, para darle salida a fondos de inversión que tienen pesos por un equivalente a US$ 4.000 millones, y se les ofrecerán títulos por US$ 750 millones.

El abandono de Guzmán del mercado en pesos, y el compromiso de bonos dollar linked fue muy aceptado por el mercado y le quitó presión a la corrida cambiaria. Por lo que todos los dólares libres bajaron la semana pasada unos 25 pesos, tanto el blue, como el dólar mep como el contado con liquidación. La movida fue de gran apuro ya que a partir de hoy los asalariados cobrarán sus sueldos y el mes pasado hubo cuatro millones de compradores de dólares, y ahora muy pocos estarán habilitados para comprar dólar ahorro, por lo que hay chance de que vayan al blue (aunque muchos dudarán, ya que acaba de bajar de $195 a $169).

Y mientras el dólar bajaba en Argentina y subía en el mundo, la semana pasada fue otra vez muy problemática para los tenedores de títulos tanto estatales como privados. Los bonos se cayeron en la semana nada menos que 8% en dólares, un desastre absoluto, por lo que en algún momento del viernes el riesgo país rozó los 2.500 puntos básicos, reflejando que los bonos están otra vez con precio de default. Y las acciones siguen mostrando una gran paradoja: esta vez el S&P Merval cayó en pesos de 52.500 a 45.300 puntos, pero en dólares casi no se movió, ya que la baja del dólar fue mayor.

La situación es crítica. A fuerza de mucho endeudamiento y pérdida de reservas, Guzmán puede mantener a pura cincha los precios de los dólares libres, pero el contrapeso futuro provocará más desconcierto. Con eso como fondo, mirando el virus y la elección estadounidense, en el mercado siguen los rumores: se divulga que Fernández recibió varias ideas de planes a seguir. Casi todos le aconsejan no devaluar el tipo de cambio comercial, pero sí fijar un dólar financiero. El desalojo de los que tomaron tierras bajó un poco la temperatura del mercado. Pero hay desconcierto por los temas judiciales y se duda mucho por la extensión de los precios máximos, en un marco de escasez de oferta de productos, con inflación creciente.

El marco se parece bastante a esos momentos de la historia en los que los presidentes argentinos optan por decidir un plan, que generalmente provoca pérdidas para muchos y beneficios para algunos. Esta semana vienen otra vez los enviados del FMI: le pedirán a Guzmán un plan concreto, con una inflación creíble, con cifras más precisas sobre compromiso de déficit fiscal. Los números que se debatieron sobre el Presupuesto no convencen. Fernando Navajas, de Fiel, hizo un trabajo comparando los presupuestado y ejecutado en los últimos veinte años. Nunca se cumplió, y en momentos de alta inflación, como ahora, la discrecionalidad del Ejecutivo provocó más huida de inversores.

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