El mensaje de Biden

8 de noviembre, 2020

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Pedirle a un Presidente que logre la unidad del país es una consigna de imposible cumplimiento, pero sí se le puede exigir que no incentive las divisiones. Trump, por el contrario, siempre se presentó como el defensor de los derechos del 50% de los estadounidenses frente al otro 50% que se los quería arrebatar.

En ese contexto, los estadounidenses votaron Biden que es su contracara, y que como era de esperar, en sus primeras declaraciones destacó “que gobernará para todos” y buscará unir al país. Seguramente intentará lograr acuerdos y tendrá un mensaje completamente distinto al de Trump, pero aunque atenuada, la polarización política se mantendrá en Estados Unidos. Será consecuencia de que las causas que las provocan no son fáciles de revertir. Una de ellas es que tiene bases culturales que se expresan en temas, como por ejemplo, el aborto sobre el que cada partido piensa distinto.

El sistema electoral también favorece la polarización dado que en la mayoría de las circunscripciones gana casi siempre el mismo partido por lo cual la clave es obtener la candidatura en la primaria partidaria de esta forma se le habla a los propios y no al electorado general ni a los independientes. La política así, se orienta a los extremos y no hacia el centro.

Otros factores como las desigualdades sociales o los conflictos raciales no resueltos también inducen a una mayor polarización.

El conflicto es inherente a la política y no va a desaparecer, pero al menos Biden será un presidente que buscará exacerbarlo como estrategia electoral. Será un avance, pero la polarización no desaparecerá.

Además, todavía no está claro el papel que van jugar los republicanos para moderar la polarización. ¿Intentarán acercarse al centro y buscarán liderazgos menos confrontativos o el estilo de Trump seguirá impregnando los pasos del partido? ¿Qué harán con su eventual mayoría en el Senado? Los antecedentes de su actitud en tiempos de Obama, no dejen mucho espacio para pensar en una actitud colaborativa.

Más allá de la derrota, no hubo una “ola azul” como muchos pronosticaban, Trump obtuvo 70 millones de votos y perdió por poco votos los distritos clave. Por lo tanto no habría incentivos entre los republicanos para borrar todo vestigio trumpista en los próximos años.

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