Bidenomics: giro a la izquierda en el discurso económico del Partido Demócrata

1 de octubre, 2020

Biden propuestas economía

Por Pablo Maas

Lleno de insultos, golpes bajos y caótico, el debate del martes entre Donald Trump y Joe Biden más que un debate fue una desgracia, dijo el presentador de la CNN Chris Cuomo, hermano del gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo.

El debate presidencial televisado fue inventado, diseñado y exportado a todo el mundo por los medios estadounidenses. Pero después de este papelón, muchos se preguntan si habrá un segundo encuentro o incluso si este formato sobrevivirá en el país que lo vio nacer. En cualquier caso, fue muy poco lo que pudo sacarse en limpio de las propuestas de ambos candidatos y menos aún de sus ideas económicas.

El moderador, Chris Wallace, también muy criticado, dio por sentado que Biden propone “big government, big taxes, big spending“, y el candidato no lo desmintió. La agenda económica de Trump, en contraste, está mucho más desdibujada y el Presidente parece haber perdido interés en profundizarla. Su caballito de batalla, la guerra comercial con China, apenas estuvo presente en el debate, más allá de un rápido intercambio acerca del tamaño del déficit comercial. Biden tiene un programa económico mucho más detallado, que hasta ahora ha recibido buenas calificaciones por parte de variados economistas en términos de su impacto sobre el crecimiento, el empleo y el déficit fiscal.

Según Oxford Economics, por ejemplo, el plan de Biden aumentaría los ingresos y crearía más empleos que si la política económica actual continuara tal como está en la actualidad. Biden propone varios grandes programas de gastos, financiados en parte con considerables aumentos de impuestos. Entre los más costosos se incluye uno de US$ 1,7 billones a 10 años para permitir un mayor acceso a la salud pública a millones de estadounidenses, US$ 1,4 billones para educación primaria y secundaria, US$ 775.000 millones en asistencia a la infancia y la vejez y otros US$ 700.000 millones en inversiones para favorecer el compre nacional (Buy America), especialmente en obras de infraestructura.

Para pagar todo esto, Biden propone aumentar el Impuesto a las Ganancias que pagan las empresas del 21% al 28%, aumentar los impuestos a las familias con ingresos de más de US$ 400.000 al año y eliminar una serie de exenciones a los súper ricos y las empresas. En total, los gastos aumentarían unos US$ 7 billones a lo largo de diez años, mientras que los nuevos impuestos reportarían US$ 4 billones. Según Oxford Economics, la reforma fiscal que propone Biden es sumamente progresiva: el 93% de la carga impositiva sería soportada por el quintil de más altos ingresos. Y aun suponiendo que el Congreso aprobara solo la mitad de los gastos e ingresos propuestos, un plan “light” de este tipo contribuiría a un crecimiento del PIB del 5,8% en 2021, la mayor tasa desde 1984. “Hacia el final del mandato de cuatro años de Biden, el ingreso nominal disponible aumentaría 2%, mientras que la economía contaría con 2 millones de puestos de trabajo adicionales y la tasa de desempleo se acercaría al 3%”, dijo el informe de la consultora del 24 de setiembre.

Para Trump, este programa ya equipara a Biden con el socialismo. Pero, aunque el candidato demócrata ha corrido su discurso económico hacia la centroizquierda últimamente, sus posturas no conforman al ala más radicalizada de su partido.

Biden no apoya propuestas como el ingreso mínimo universal, tampoco la idea de Medicare para todos y todas. En el debate, también quedó claro que no comparte la idea de impulsar un Green New Deal en Estados Unidos, el plan ecologista para reducir las emisiones propuesto entre otros por la representante demócrata Alexandria Ocasio-Cortez. La izquierda demócrata le critica a Biden ser demasiado receptivo a los intereses empresarios y de Wall Street.

Para el Financial Times, sin embargo, las Bidenomics han experimentado un giro a la izquierda que ha transformado su propuesta en la más progresista desde la época de Franklin Delano Roosevelt, el inventor del New Deal de los años ‘30 que sacó a EE.UU. de la Gran Depresión. “Mientras que el exvicepresidente hizo su campaña en las primarias demócratas como un moderado, ha planteado una plataforma económica mucho más progresista que absorbe mucho del espíritu y algunas de las ideas adelantadas por rivales como Bernie Sanders y Elizabeth Warren”, dijo el FT en un extenso análisis publicado el lunes 28. Es el Partido Demócrata el que hoy representa la antítesis de las ideas de Trump (básicamente seguir bajando impuestos y desregulando la economía) y el que se ha radicalizado en cuestiones económicas en los ultimos años, “una transformación que comenzó después de la crisis financiera (2008/2009) y se profundizó durante la presidencia de Trump”, agregó.

Según Jared Bernstein, el principal asesor económico de Biden, la pandemia ha develado la magnitud de las inequidades que sufre la economía estadounidense y es partidario de una política económica que ayude a cerrar la brecha.

Janet Yellen, la expresidenta de la Reserva Federal, es otra importante asesora económica del candidato. Yellen ha hablado a favor de un mayor gasto fiscal como herramienta para la recuperación. Robert Rubin, exsecretario del Tesoro con Bill Clinton, es otro personaje que ha manifestado su apoyo a la Bidenomics, a la que describió como “el camino correcto”. Estados Unidos, dijo a los periodistas, necesita urgentemente inversión pública adicional.

Otro personaje clave de la campaña de Biden es la economista Stephanie Kelton, una de las principales promotoras de la Teoría Monetaria Moderna (TMM) y autora del libro “El mito del déficit”. Forma parte del equipo de transición del candidato y fue miembro del “grupo de unidad” que buscó terrenos comunes para integrar los planes económicos de Joe Biden y Bernie Sanders.

La TMM defiende el papel del déficit para financiar la inversión pública, una política que la pandemia ha transformado en un hecho en todo el mundo en estos últimos meses. Pero para Kelton, vale para todo momento. “La cuestión no es si tenemos déficit o lo reducimos. Lo importante es el pleno empleo o mantener baja la inflación. Si se consiguen esos objetivos con un déficit del 4% del PIB se está haciendo lo correcto”, dijo en una conferencia el año pasado. Es posible que estas ideas le sirvan a Biden en lo que resta de la campaña. Pero si llega a la presidencia, ya se sabe, será la realpolitik la que en definitiva imponga sus criterios.

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