El Premio Nobel, el árbol y el bosque

20 de octubre, 2020

premio nobel economia

Por Pablo Mira (*)

El lunes 12 fue otorgado el Premio Nobel de Economía 2020 conjuntamente a Paul Milgrom y Robert Wilson por sus aportes a la teoría de las subastas. Utilizaron sus conocimientos para diseñar nuevos formatos de licitaciones de bienes y servicios que son difíciles de vender de manera tradicional, como las radiofrecuencias.

Ya es hora de decir que el Nobel se vuelve cada año más minimalista. Si bien el informe institucional del premio asegura que estos descubrimientos han beneficiado a vendedores, compradores y contribuyentes de todo el mundo, los propios datos allí vertidos sugieren otra cosa. Estamos hablando de ganancias sobre una base de licitaciones que suman, globalmente, US$ 10.000 millones por año. Suponiendo que estos científicos lograron ahorros por, digamos, 10% de ese valor, esto equivaldría al 0,001% del PIB mundial de 2019. Para una ciencia cuyos profesionales se ufanan de entender los grandes problemas económicos brindando recomendaciones tajantes, este reconocimiento parece referirse a un aspecto menor de la disciplina.

Uno de los primeros en reconocer esta desproporción fue el economista dedicado a temas de desigualdad Branko Milanovic, quien encadenó una serie de tuits donde propone un conjunto de temas mucho más relevantes a ser considerados para el premio. Para él, estos temas contribuirían a señalizar a los economistas más jóvenes a dedicarse a las ideas que exceden los detalles de la “ingeniería económica.

¿Cuáles son estos temas? Milanovic comienza con el elefante en el bazar: China. Se trata de la experiencia más destacada de desarrollo de la historia humana, pero poco sabemos sobre qué impulsó este fenómeno, que entre otras cosas permitió reducir en tiempo récord la pobreza global. ¿Consideró el jurado del Nobel a quienes estudian este tema, o consideró que estos trabajos son poco significativos? En el primer caso, estamos ante una negligencia académica. En el segundo, estamos reconociendo nuestra ignorancia sobre un aspecto central de la economía mundial. Apuesto a que los votantes del Nobel no han recorrido demasiado la literatura escrita en Oriente, pero quizás es un prejuicio personal.

El minimalismo del Nobel acumula varios años. Milanovic destaca, por ejemplo, a los economistas que anticiparon que las privatizaciones salvajes en Rusia podrían desencadenar un capitalismo de amigos y crear una oligarquía poderosa, pero fueron ignorados pese a estar en lo cierto. Si bien Joseph Stiglitz recibió el premio y era uno de ellos, el galardón le fue otorgado por otras razones (y sí, mucho más minimalistas).

Más lejos en el tiempo, Milanovic recuerda los trabajos de Janos Kornai sobre la economía socialista, un sistema bajo el cual viv un tercio de la humanidad durante 70 años. Misma observación para los historiadores económicos, quienes estudian los orígenes de la Revolución Industrial, clave para entender cómo se enciende la llama del desarrollo. Ninguno de estos grandes temas fue considerado para el Nobel.

El economista también apunta a tópicos modernos. ¿Qué interrumpió el progreso de las clases medias occidentales? ¿Qué hay de la naturaleza monopólica del capitalismo actual? ¿Cuáles son las relaciones modernas entre neoliberalismo y los procesos políticos? ¿Son los derechos de propiedad intelectual una herramienta saludable o perniciosa para los países menos desarrollados? De nuevo, sobre estos temas, silenzio stampa.

La economía es una ciencia social, pero la academia sueca parece estar demasiado interesada últimamente en presentar solamente los rasgos que la hacen ver como una ciencia dura, al costo de dejar de lado los objetivos más importantes de la profesión. Milanovic entiende la economía como un bosque rico en interacciones, y no como un conjunto de árboles diseminados, pero el Nobel sigue más preocupado por destacar a los botánicos que a los ecologistas.

(*) Docente e investigador de la UBA

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