Gobernanza y pandemia: hacia una reconfiguración sanitaria  

26 de octubre, 2020

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Por Ignacio Katz Doctor en Medicina

La situación sanitaria puso de relieve una falencia no temporal que obliga a repensar el Estado. Gobernar es crear instituciones capaces de componer tanto normas como procedimientos para obtener un funcionamiento que gestione problemas concretos y prevea y limite devenires no deseados.

No sirve discutir políticas con espíritu crítico sin disponer de órganos operativos idóneos capaces de accionar en correspondencia a las finalidades requeridas. Cualquiera que entienda de estrategia sabe que no se pueden cambiar las conductas si no se cambia la organización, y que no se cambia la organización si no se cambia la estructura y la cultura.

El obligado punto de partida hoy es la configuración social pandémica existente, reconociendo el rol del Estado al asumir su responsabilidad intransferible como garante del derecho a la protección sanitaria.

El gran reto es definir y concretar una nueva gestión pública acorde a nuestra nueva configuración social. Debemos superar el desmembramiento del sistema y abordar las tareas que conjuguen las dimensiones de estrategia, estructura y cultura e introducir técnicas de gestión para la asistencia de una adecuada provisión de servicios públicos con foco en la relación entre la situación socioeconómica y los factores de vulnerabilidad y riesgo.

La actual pandemia patentó la trascendente necesidad de reconfigurar la gobernanza sanitaria. Precisamos un organismo que, por su fortaleza y control, priorice las políticas públicas, superando estructuras ministeriales donde prevalecen conductas administrativas sin capacidad de gestión. Debe erigirse sobre pilares científicos y tecnológicos, que obren con pericia en la coordinación interjurisdiccional que posibilite articular un real federalismo que contenga la complejidad multifocal existente, con suficiencia resolutiva.

 Lo que la pandemia nos mostró

La pandemia actúa como una tríada entre agente patógeno, huésped susceptible y ambiente. Resulta trágico que a esta altura descubramos las características particulares de villas, geriátricos y el descontrol en la infraestructura sanitaria. No se puede subsanar en semanas ni meses lo que no se ha hecho en años y décadas.

En el caso de los “protocolos procedimentales” de cuidado médico no es suficiente con una norma prescriptiva. Se necesita capacitar y entrenar comportamientos y destrezas para enhebrar capacidades esenciales de formación médica con el ejercicio profesional apropiado que asegure su integración operativa.

El planteo “cuarentena sí, cuarentena no” resulta por lo menos reduccionista. Hoy las prioridades en primera instancia son las siguientes.

-Reducir la tasa de letalidad con un idóneo equipo médico integrado por clínicos, terapistas, residentes y enfermeras y kinesiólogos formados ad hoc.

-Controlar contagios mediante testeos, rastreos y aislamientos, para pautar seguimientos conductuales

-Evitar aglomeraciones para monitorear “interdicciones” (mal llamadas cuarentenas)

-Reducir los daños colaterales garantizando la atención médica de enfermedades crónicas y agudas que no se interrumpen con el Covid-19.

Como lo enseñara René Thom cuando explicó que “la modelización de estos sistemas complejos no se hace a través de sus variables de estado (imposibles de captar) sino estudiando las variables de control, para monitorear su dinámica sabiendo que el sistema de atención pública de salud representa una materia pendiente”.

Argentina y el mundo

La inédita parálisis de parte del mundo responde más a la debilidad de los sistemas sanitarios nacionales y la virtual inexistencia de un sistema global que a la fortaleza del virus. Las organizaciones internacionales y multilaterales (ONU, Cruz Roja Internacional, G7, G20, FMI, OTAN, Banco Mundial, OMC) no han estado a la altura de la tragedia. Europa y Estados Unidos ignoraron todas las advertencias. El Reino Unido, con uno de los mejores sistemas de salud del mundo, tuvo que evaluar y reevaluar detenidamente las medidas a aplicar. Los países del sudeste asiático han brindado la mejor respuesta a la pandemia porque, entre otras cosas, se han preparado tras el brote de otro coronavirus (SARS 2002/3), por su desarrollo tecnológico y por su férrea disciplina social producto de una tradición entre autoritaria y colectivista (a gusto ideológico de cada uno).

Cada país está desigualmente munido para enfrentar la pandemia y se pone en evidencia la necesidad de una gobernanza sanitaria que articule la responsabilidad de los líderes políticos con el sistema sanitario.

En nuestro país padecemos la decadencia económica y sanitaria desde hace décadas y la voluntad política no puede suplir la falta de estructura, estrategia y cultura laboral que debe cimentarse en años y de manera sistémica en todo el territorio. No se trata de sumar camas sino de formación profesional cuantitativa y cualitativa y coordinación logística. Que no se malinterprete, las medidas de aislamiento social son necesarias pero insuficientes. No contamos con infraestructura necesaria, salas de aislamiento, indumentaria especial, laboratorio de diagnóstico, parque tecnológico operativo, provisión de fármacos, personal de enfermería y profesionales formados de manera sistemática y pareja en todo el territorio. No alcanza con contar con un puñado de centros prestigiosos o muchos profesionales brillantes para enfrentar una pandemia.

Planificación y coordinación: pilares de la gestión pública

Los sistemas de salud actuales no están suficientemente preparados para el cambio que impone la nueva configuración social. La transición requiere una reorientación de la totalidad del sistema. Como dijo Dereck Yach (OMS): “La transformación exige nuevos enfoques en la forma de considerar en conjunto: los incentivos, los recursos humanos, la tecnología de la información y las necesidades públicas”. Podemos sintetizar las falencias en la gestión pública en los siguientes puntos.

-Baja responsabilidad y “mediocridad ultraestable”

-Carencia de estímulos por ausencia de criterios de diferenciación laboral

-Calificación de ponderación dudosa en relación al cumplimiento de las obligaciones convenidas

-Compromisos extra-institucionales superpuestos

-Mala planificación

Carlos Matus sintetiza: se planifica lo que no se hace y se hace lo que no se planifica. Se trabaja por inercia con prácticas burocráticas ineficientes cuando no perjudiciales. Modernizar es cambiar prácticas de trabajo dependientes de las estructuras mentales e independientes de los organigramas. No basta con modificar las normas a menos que se transformen las conductas. En el área de la salud la multiplicación de especialidades en la producción de servicios asistenciales encarece y fragmenta la secuencia de atención y diluye la responsabilidad frente a su finalidad: la salud del paciente.

Estos vicios, verdaderos “pecados capitales” de la gestión pública, deben ser revertidos con cambios organizacionales, actitudinales y culturales, y, fundamentalmente sostenidos por una fuerte voluntad política. Para el campo sanitario, se necesita un ente que debe lograr la coordinación de cuatro componentes.

-Un relevamiento epidemiológico indispensable para enfoque prospectivo; que posibilita

-Una estrategia y planificación a desarrollarse en programas con distintas etapas, con agendas de acción efectiva.

-Que sea en cada uno de los componentes médicos y paramédicos

-También, un componente de los usuarios para conocer necesidades y demandas, que luego deben ser evaluadas según su naturaleza (reales o inducidas).

Por otra parte, debemos corregir la notoria asimetría entre los componentes económico y médico para recuperar la calidad asistencial, re-significando la participación del rol médico devenido en subalterno por lógica empresarial y reconquistar el compromiso moral del profesional de la salud con la comunidad.

Las políticas públicas demandan pensamientos críticos que contengan inteligencia y aptitud de discernir con responsabilidad para planificar, gestionar, y evaluar estructuras complejas. Deben asegurar capacidad resolutiva seleccionando cuadros científicos, técnicos y gerenciales profesionalizados, protegiéndolos de intereses particulares y bloqueando “imposturas intelectuales” de pensamiento hegemónico que habitualmente ocultan falacias de autoridad. Lo que hasta ayer era necesario, hoy se torna imprescindible.

Gobernanza y pandemia: Hacia una reconfiguración sanitaria – Parte 1

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