Trump se desacopla de China y martilla otro clavo en el ataúd de la globalización

9 de septiembre, 2020

Trump se desacopla de China y martilla otro clavo en el ataúd de la globalización

Por Pablo Maas

A menos de dos meses de las elecciones presidenciales, Donald Trump ha convertido al enfrentamiento con China en el eje de su campaña. A tal punto que ha adoptado como propio el concepto de “desacople” (uncoupling), que hasta ahora utilizaban politólogos y economistas para describir el gigantesco quiebre de las cadenas de abastecimiento fuertemente dependientes de China. En una conferencia de prensa el pasado lunes, día del trabajo, Trump redobló sus ataques contra China y alertó que si llegara a ganar su rival, Joe Biden, a quien describió como “un peón” de Beijing, China llegaría a “adueñarse de Estados Unidos”.

“Cuando se menciona la palabra desacople, es interesante”, dijo Trump leyendo unos apuntes. “Perdemos miles de millones de dólares y si no hiciéramos negocios con ellos (China) no los perderíamos. Se llama desacople, hay que empezar a pensar en eso”. El presidente también amenazó con impedir que las empresas estadounidenses que tercerizan empleos en China reciban contratos federales y prometió hacer retornar a Estados Unidos los empleos industriales y las cadenas de abastecimiento en caso de ser reelecto. 

“Vamos a transformar a Estados Unidos en la super potencia manufacturera del mundo y vamos a terminar con nuestra dependencia de China de una vez y para siempre”. Vale la pena detenerse en esta última frase. A contramano de las teorías de la desmaterialización y la creciente irrelevancia de la industria ante el avance de los servicios digitales, Trump y sus asesores insisten en la importancia de una política industrial a la vieja usanza, una en la que las fronteras nacionales importan. 

“Ya sea a través del desacople o poniendo las enormes tarifas como ya lo he estado haciendo, vamos a terminar con nuestra dependencia de China, porque no podemos depender de China”, agregó. La ironía es que, a pesar de las tarifas, el déficit comercial de EE.UU. con China no ha parado de crecer. En julio, el Departamento de Comercio estadounidense informó que aumentó US$ 1.600 millones, a US$ 28.300 millones. En agosto, según cifras chinas, volvió a aumentar fuertemente aUS$34.200 millones, su mayor nivel en casi dos años. El superávit chino con Estados Unidos fue casi el 60% de su superávit global de US$ 60.000 millones el mes pasado. La noticia vuelve a demostrar la persistente supremacía china en el comercio internacional. 

La pandemia, al parecer, ha robustecido la posición de China como la gran fábrica del mundo y primer exportador global, aumentando sus envíos de equipamiento eléctrico y productos médicos.

Las exportaciones chinas crecieron incluso mientras otras grandes potencias comerciales siguen experimentando dificultades. Corea del Sur, por ejemplo, vio caer sus exportaciones por sexto mes consecutivo en agosto, incluso a pesar de que tuvo grandes avances en las ventas de computadoras y artefactos hogareños.
Está claro que la ofensiva comercial de Trump todavía no hace mella en China en cuanto a su posición exportadora. Un informe de Oxford Economics citado esta semana por el Financial Times estima que la participación de China en el total global de las exportaciones promedió un récord del 17,2% en el segundo trimestre de este año, comparado con un promedio del 14% en 2019. Trump, de hecho, ha evitado hablar del déficit comercial entre Estados Unidos y China en los últimos meses, muy posiblemente porque no puede mostrar algún avance significativo: el déficit sumaba US$ 347.000 millones en 2016 y solo se redujo marginalmente a US$345.000 millones en 2019. 
Si las sanciones comerciales no alcanzan para reducir los volúmenes del comercio bilateral,  el desacople posiblemente pueda hacer el trabajo. Esto implica acciones más directas, como por ejemplo, prohibir las exportaciones de semiconductores con tecnología estadounidense o trabajar conjuntamente con Taiwán, el archienemigo de China, para reorganizar las cadenas de abastecimiento y eventualmente trasladar operaciones de empresas estadounidenses desde China continental a la isla. Washington también ha desplegado una gran ofensiva contra empresas chinas que actúan en territorio estadounidense, como las tecnológicas WeChat y TikTok.
El Departamento de Justicia ha encarado una “iniciativa China” destinada a combatir el espionaje y el robo de tecnología, otro de los múltiples puntos de fricción entre las dos superpotencias. El FBI tiene activas unas 2.000 investigaciones de presuntos actos de espionaje chino.
Como parte de la “iniciativa”, numerosos estudiantes chinos de disciplinas científicas han denunciado acciones de acoso de funcionarios de migración al retornar a su país, incluyendo presiones para entregar sus notebooks a las autoridades. En 2018/19, unos 370.000 estudiantes chinos estaban inscriptos en universidades estadounidenses, lo que representaba un tercio del total de estudiantes extranjeros. Pero a causa de las crecientes restricciones en el otorgamiento de visas, Gran Bretaña ya se ha transformado en el primer destino de los estudiantes chinos becados para perfeccionarse en el exterior. Por múltiples caminos, el enfrentamiento de las dos grandes potencias se intensifica, deshaciendo las políticas de acercamiento de las últimas cuatro décadas. El desacople que ahora ha oficializado Trump es el último clavo que se martilla en el ataúd de la globalización

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