Supercepo: ¿se afloja un poco el torniquete?

25 de septiembre, 2020

Supercepo

Por Héctor Rubini (*)

A última hora, el BCRA emitió la Com. “A” 7112 que modificó una de las normas del supercepo de la semana pasada. La misma eliminó la Com. “A” 7105 emitida la semana pasada de la exigencia de validación previa para realizar transferencias desde cuentas en dólares. No obstante, igualmente la Com. “A” 7112 impone a los bancos evaluar la capacidad de ingresos de quienes deseen abrir nuevas cuentas, y dicha información, con certeza será también cruzada con Anses y AFIP.

La medida igualmente elimina la exigencia de cruzar información con Anses para acreditar transferencias, lo cual en cierta forma completaba un régimen que además de tratar de desalentar la demanda de divisas, era una forma de “corralito” parcial que imponía un costo de transacción para la acreditación de saldos en cuentas en dólares.

Por ahora la exigencia informativa se mantiene para acreditaciones que no sean transferencias y la apertura de nuevas cuentas. Es probable que la medida traiga cierta calma, junto con la consulta de los bancos a la base de datos de Anses que entraría en efecto la próxima semana. De todas formas esta relativa normalización del flujo de fondos no significa el abandono de las medidas adoptadas la semana pasada. Tampoco elimina sus efectos: la percepción de riesgo jurídico, la credibilidad en rumores infundados de redes sociales, la incertidumbre sobre la reacción del equipo económico, que frente a la pérdida de reservas internacionales se lo ve por detrás de la dinámica de la realidad.

Todo indica que la dinámica de pérdida de reservas se va a desacelerar, pero nada indica que se detenga. En breve, el intento por controlar las expectativas y la demanda de dólares no es un éxito, ni parece probable que lo sea. El problema es que además sigue sin lograrse recuperar el control de la oferta de dólares. No se percibe un programa convincente, y las perspectivas a mediano plazo tampoco son halagüeñas. La contracción de demanda y de oferta agregada en lo que va del año tiene como “detalle” la abrupta caída de la tasa de inversión a menos de 10%. Un síntoma que puede ser difícil de revertir en presencia de una gran variedad de controles percibidos como altamente onerosos, y que no parecen responder a un programa de estabilización ni de crecimiento.

Para el mediano plazo asoma un potencial problema de oferta de dólares, si el clima sigue anormalmente seco, y la cosecha gruesa de la próxima campaña no contribuye a revertir (y de manera permanente) la sangría de reservas del BCRA. La persistente incertidumbre y la contracción de la inversión, en particular en un rubro sensible como el energético preanuncia el retorno de inevitables importaciones de hidrocarburos hacia 2022, y luego debería comenzar la cancelación de vencimientos con el FMI. ¿Se resuelve esto con el cepo? ¿Es evitable una medida que suponga alguna devaluación de la moneda? ¿Podría completarse el paquete de medidas en curso con un “refuerzo” externo para fortalecer las reservas? ¿Si no se activa el swap chino, se deberá optar inevitablemente por incurrir en nuevo endeudamiento para poner fin a la persistente incertidumbre cambiaria que lejos está de disiparse?

No son preguntas fáciles de responder, pero son varias de las que se viene formulando buena parte del mercado y que requieren, tarde o temprano, alguna definición que permita a las autoridades revertir las dudas y la incertidumbre de estos días. Una incertidumbre que sólo contribuye a fortalecer la dolarización de expectativas y ahorros, justamente lo opuesto a la intención aparente de estas medidas, que no dejan despertar todo tipo de dudas. Al menos según lo reflejan tanto la cotización del dólar “blue” como el contado con liquidación, que a partir de ahora quedan definitivamente consolidados en la formación de expectativas, y no sólo en el sistema financiero.

(*) Economista de la Universidad del Salvador (USAL)

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