Solo 0,2% de los alumnos asiste a clases presenciales: 22.537 de 11,4 millones

24 de septiembre, 2020

SIN CLASES

Apenas 22.537 estudiantes de los 11.414.928 millones de estudiantes que conforman la población de niñas, niños, y adolescentes que concurren a los niveles inicial, primario y secundario de todo el país están asistiendo a clases presenciales. “Esta cifra representa aproximadamente 0,2% del total de estudiantes y revela la necesidad de que las autoridades educativas nacionales y provinciales planifiquen e implementen el regreso a las clases presenciales, por el alto riesgo de abandono escolar y pérdida de aprendizajes, sobre todo en las poblaciones más vulnerables”, señalaron desde Cippec.

Los datos surgen del Mapa de la vuelta a las clases presenciales”, elaborado por el Programa de Educación de Cippec, una herramienta interactiva que releva qué provincias están implementando el regreso a las clases presenciales, en qué niveles educativos lo están haciendo, y para qué población de estudiantes, cumpliendo con el protocolo definido por el Ministerio de Educación de la Nación. Según la Encuesta Nacional de Continuidad Pedagógica del Ministerio de Educación, en los últimos seis meses el 10% de los estudiantes tuvo contacto con la escuela dos o tres veces por mes o no tuvo contacto.

“La evidencia de episodios críticos en otros contextos y las características que la continuidad educativa a distancia ha tenido para algunos grupos permite prever impactos negativos en los aprendizajes, en las trayectorias escolares y en aspectos psicosociales, con una profundización de la desigualdad. Es por ello que hoy es clave planificar el regreso a la educación presencial en Argentina”, señaló Alejandra Cardini, directora del Programa de Educación de Cippec.

Para Cippec, planificar cómo pasar de una etapa de educación en aislamiento a una de educación con distancia social es urgente. Así, propone propone cinco pilares sobre los cuales construir esta estrategia de reapertura de escuelas.

Espacios seguros. Los planes deben comenzar en aquellas áreas donde las circunstancias epidemiológicas lo permitan. Esto supone contemplar la diversidad de escenarios que puedan presentarse en un mismo territorio. Y allí donde la situación lo habilite, la actividad en las escuelas requiere la aplicación de medidas de distanciamiento social y de seguridad y el equipamiento de elementos de higiene.

Justicia educativa. Con la presencialidad, el Estado recupera una herramienta clave para mitigar las desigualdades que la pandemia profundiza. En tanto recurso escaso, la presencialidad debe distribuirse con un criterio de justicia que priorice a los estudiantes que más lo necesitan, a quienes han estado desconectados y desprotegidos en tiempos de aislamiento.

Flexibilidad. Un plan de reapertura de escuelas debe integrar como componente propio de su planificación los protocolos de intervención ante casos de contagio y cierre de un establecimiento. Tan importante como el protocolo de reapertura de las escuelas, es el de cierre.

Creatividad. Para volver a las aulas es necesario ensayar soluciones creativas en relación al uso de los espacios y el tiempo escolar.

Confianza. La participación de la comunidad educativa en espacios de diálogo y definición de los planes es necesaria para favorecer la asistencia de los alumnos y el cumplimiento de los protocolos ante eventuales complicaciones.

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