Las cuatro “i” claves de la nueva normalidad

2 de septiembre, 2020

Las cuatro “i” claves de la nueva normalidad

Por Sebastián Kossacoff (*) y Tomás Canosa (**)

 

Hace 26 años que el gran equipo de Independiente del 1994 salió campeón del Clausura con un equipo inolvidable. En este caso no son años, pero sí 26 meses, los cuales la actividad metalúrgica acumula caídas interanuales en el nivel de producción. Esta situación llevó a que hoy el sector metalúrgico, denominado frecuentemente “industria de industrias” por su capacidad de generar valor agregado, cantidad y calidad de empleo, así como la penetración que tiene en casi todas las cadenas de valor, tenga un nivel de producción similar al que había en 2003.

El análisis de la evolución de Independiente durante los últimos 26 años no fue lineal y presenta diversos matices. Lo mismo sucede con el pasado reciente del sector metalúrgico. Si bien en términos históricos hoy el nivel de producción es bajo, a lo largo de los últimos dos meses se fue recortando la caída y cada semana que pasa parece que la situación más crítica por el Covid-19 quedó atrás.

Producto de los informes que regularmente se realizan desde ADIMRA, en abril, casi 70 de cada 100 fábricas tenían las máquinas paradas. Sin embargo, en agosto 4 de cada 100 se encontraban en esta situación, reflejando que mes a mes más empresas han podido retomar la producción. Esto no sólo impactó positivamente en la producción de sus empresas, sino que permitió que progresivamente se fueran completando los casilleros que faltaban de las diversas cadenas de valor.

En términos de la producción, la actividad había caído 38,7% en abril en términos interanuales, 32,8% en mayo, 17,4% en junio y los datos preliminares de julio muestran una caída del 5,2%. Esta desaceleración de la caída es una buena noticia, pero también requiere hacer un “doble click” y entender que al interior del entramado metalúrgico hay múltiples heterogeneidades con algunos sectores (maquinaria agrícola, equipamiento médico y línea blanca) que muestran crecimiento en términos interanuales, pero también un amplio espectro de otras rubros con bajas considerables como los vinculados a las cadenas automotriz, energía y la construcción.

En este caso, los desafíos para el sector metalúrgico son los mismos que para el equipo de Avellaneda: consolidar un proceso de crecimiento local que permita escalar al resto del mundo y seguir sumando estrellas tanto en el mercado local como el internacional. El sector industrial en general, y el metalúrgico en particular, han experimentando una contracción tanto en su producción al mercado interno como de sus exportaciones a lo largo de la última década. En el sector metalúrgico, por ejemplo, las ventas externas superaron los US$ 7.000 millones en 2008 y el año pasado estuvieron por debajo de los US$ 4.000 millones.

Para alcanzar este objetivo hay que entender, siguiendo a la economista Carlota Pérez, una de las mayores expertas a nivel global de economía industrial, que, ante el cambio de contexto, cambian las ideas y también las políticas. Argentina cuenta con uno de los entramados científico tecnológicos más profundos de América Latina, una dirigencia que entiende el rol de la industria como motor de la generación de empleo de calidad y creación de tecnología, así como una amplia base de recursos naturales que podría servir para el relanzamiento. En una charla reciente, Pérez señala que “si hace algunas décadas tener recursos naturales era una maldición, en este nuevo contexto tenemos que hacer todo lo posible para que vuelvan a ser una bendición”. El desafío que enfrentamos es precisamente poner en valor el resultado de estas capacidades que nos conducirán a un desarrollo sostenido e inclusivo.

Nos encontramos en un momento particular donde el mundo se encuentra en una crisis excepcional y, al mismo tiempo, atravesando una cuarta revolución industrial caracterizada fuertemente por la transformación digital del sector manufacturero gracias a los avances en múltiples tecnologías. Esto nos obliga más que nunca a estar atentos a todas aquellas oportunidades que se abrirán en este nuevo mundo y pensar de manera diferente el modo de abordar los problemas que enfrentamos. Si queremos expandir nuestra capacidades agropecuarias y, además, convertirnos en el supermercado del mundo, necesitamos potenciar al sector de maquinaria agrícola nacional, especialmente aquellos autopropulsados, la agricultura de precisión y contar con una industria de maquinaria alimenticia dinámica. Avanzar en la electromovilidad, smart cities y el logro de la soberanía energética implican desarrollar planes específicos de desarrollos de proveedores que otorguen beneficios específicos para nuestra industria nacional y exija cumplimientos de objetivos.

A pesar de la incertidumbre actual, en este “nuevo mundo” la inicial de nuestro querido “Rey de Copas” volverá a ser más importante que nunca: i-ndustrialización, i-nnovación, i-nversión e i-nternacionalización. Contemplar un plan integral y sostenido que contenga estas premisas permitirá contribuir a lograr el tan ansiado campeonato de la transformación económica y social que nuestro país necesita lograr.

(*) Director Ejecutivo de ADIMRA

(**) Director de Estudios Económicos de ADIMRA

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