Hugo Lamadrid: “A la Conmebol no le importa nada”

3 de septiembre, 2020

Por Nicolás Piñon

Igual que en sus posteos en Twitter, a Hugo Lamadrid se lo escucha descontracturado por teléfono. Más allá de que las urgencias son incesantes en el Municipio de Avellaneda, el exjugador de Racing comienza la charla con El Economista pidiendo un segundo mientras se sirve, a las dos de la tarde de un miércoles lluvioso, un “vaso de pomelo”. El hombre hoy ya no es lo que era, mutó, y si bien su recuerdo de 5 campeón con Racing a fines de los 80 aún perdura, hoy trasciende por “El Renacido”, su biografía que recorre su andanzas futboleras, fresquita en toda librería.

¿Por qué el título “El Renacido”? ¿Cuándo renaciste?

Porque creo que es la síntesis de lo que pudo haber sido mi vida en algún punto. La gloria de haber llegado a Primera División en un equipo como Racing, a jugar una Copa Libertadores con Racing, haber jugado en selecciones argentinas juveniles. El comienzo de mi carrera puede haber sido de alguna manera exitoso. Después la caída tiene que ver con el final, teniendo que laburar de algo para lo que no estaba preparado (en una panadería diez horas por día), viviendo en la casa de mis suegros, sin un mango. Y la resurrección es en algún punto este momento, que de cien entrevistas que debo haber dado 99 trataron sobre un libro. Nada que ver con lo que imaginaba para mi vida.

Todo narrado en el libro con prólogos de Hernán Casciari, escritor y el humorista Eber Ludueña.

Además de trabajar en el Municipio de Avellaneda, el campeón de la Supercopa del ‘89 con Racing estudia periodismo. Lamadrid lo explica: “Estudiar periodismo es parte también de esto que se puede llamar resurrección o reinventarse, no quedarse quieto ni conformarse con un buen momento para tratar de buscar un algo más”.

De cierre de carrera opaco y sombrío, pero un comienzo prometedor en el Racing de Alfio Basile, donde era un bastión inexpugnable, la ocasión exige que “Lama” opine del Coco: “Era un tipo tremendamente ganador, siempre quiso poner los mejores equipos que tuviera en cancha. Su mayor virtud es que era un excelente armador de grupos. Para ganar cosas importantes, más allá de tener muy buenos jugadores, hay que tener un grupo armado y equilibrado. Y el Racing del Coco tenía al Pato Fillol, al Vasco Olarticochea, campeones del mundo, a Rubén Paz que era el mejor jugador de América y un montón de pibes que teníamos un hambre bárbaro. Era un tipo con mucha calle, que con pocas palabras se hacía entender. Era un motivador nato y para mí el mejor DT que tuve en mi carrera”.

Otra mención obligada, a un mes de que la Selección Nacional retome las eliminatorias sudamericanas, es la opinión de Lamadrid sobre Leandro Paredes, volante central actual de la albiceleste: “Pasa que depende para que lo queremos a Paredes. Si es para recuperar no va a ser. Si queremos que juegue, quizás sí, porque tiene muy buenas condiciones. Tiene que ver la idea del técnico también”. Lamadrid no tira la pelota afuera para responder. Por eso, a días de que los equipos argentinos retomen su andar en la Libertadores, arremete de lleno.

¿Se puede jugar la Libertadores con la pandemia y tanta diferencia de preparación entre clubes?

Es una locura, a la Conmebol no le importa nada, eso está más que claro. Evidentemente como en muchos otros deportes, el mercado y el dinero mandan y les importa muy poco la salud de los jugadores. De hecho, hoy la lista de buena fe creo que es de 40 jugadores. O sea, ¿flaco qué paso con tu equipo? Se me enfermaron 19 jugadores, se me murieron tres, bueno pero tenés una lista de 40, llegás a los ocho y el reglamento te habilita, juguemos la Libertadores, de no creer…Entiendo la necesidad de los clubes porque necesitan pagarle a los jugadores, los jugadores porque es su trabajo pero acá hay un manejo desparejo, todos los clubes no están pasando por la misma situación. Pero a la Conmebol no le importa nada.

Tal como en su libro, Lamadrid no abandona el humor hasta para narrar las cuestiones más trágicas. Así aclara porque dedica sus libros sin recato alguno (mandando “patadas en la rodilla” además de los clásicos “abrazo” o “con cariño” que usaría cualquier escritor) por si algún temeroso lector pensara que el Matungo conserva algún rencor en su contra: “No, yo a todos les dedico una patada, si no es en la rodilla es en el tobillo, en los ligamentos cruzados, a uno se lo dedique en el omoplato. Cuando me siento a firmar los libros, es lo que sale. Tengo cuatro o cinco partes predilectas del cuerpo para la dedicatoria”.

Para entender su humor, bastaría revisar los archivos, que dicen que el exvolante central debutó con la camiseta de Racing de delantero, y que allí bautizó la red contraria con un sombrerito digno del más ocurrente número nueve. El mejor tweet del renacido.

 

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