Fortaleza de una divisa, debilidad de un continente

16 de septiembre, 2020

Por Ignacio Pérez Moreno Analista Financiero

MADRID.- El dólar americano profundiza su caída semana tras semana. El comportamiento de la divisa en los últimos meses, así como sus estimaciones a futuro, evidencian el fin de su condición como activo refugio en el que los inversores fijaban su mirada en tiempos de alta incertidumbre.

Por su parte, el euro se ha apreciado frente a la divisa estadounidense en torno al 10% en los últimos 4 meses, llegando a superar los 1,19 dólares, cifra no alcanzada desde mayo de 2018 y que venía en tendencia negativa durante la última década.

En los últimos años he leído, visto y consultado multitud de artículos, informes y publicaciones que fueron escritos, elaborados y divulgados por prestigiosas firmas y por economistas que, como si de manera consensuada se tratara, anticipaban en sus estimaciones que la divisa europea le ganaría terreno a la americana.

Para darles la razón a todos esos analistas en sus pronósticos de apreciación del euro ha tenido que irrumpir una pandemia, una muy agresiva política monetaria por parte de la Fed, la aprobación de un fondo de reconstrucción europeo, unas encuestas estadounidenses que dan por vencedor al candidato demócrata, las tensiones entre Estados Unidos y China y una alta incertidumbre en la evolución de la crisis estadounidense.

La principal causa de la devaluación que está viviendo el billete verde es la política mal llamada “expansiva” que está llevando a cabo la Reserva Federal, situando sus tasas de interés en mínimos históricos y con inyecciones de liquidez sin precedentes, mal llamadas “impresiones de dinero”.

Mientras que el banco central estadounidense no se molesta en ocultar sus inquietudes, al otro lado del Atlántico nos encontramos a los miembros del Governing Council del Banco Central Europeo enfrentándose a sus comparecencias ante los medios con caras de jugadores amateur de póker, sin ases bajo la manga y con cartas perdedoras.

El pasado jueves 10 de septiembre, el BCE anunció que su política monetaria permanecerá sin cambios y aseguró que el tipo de cambio del euro no es competencia suya y no lo intervendrá. ¿Significa esto que la apreciación del euro frente a otras divisas no preocupa al BCE? En absoluto: preocupa y mucho. Se trata de la primera vez que se hace alusión a la cotización del euro en el discurso inicial de una rueda de prensa desde que la presidenta del BCE ocupa su cargo.

No únicamente preocupa por la revisión a la baja de las expectativas inflacionarias que esta apreciación supone, y que no olvidemos que la estabilidad de precios es el objetivo del banco, sino que además el rally del euro lastrará la recuperación de los países miembros, supondrá una pérdida de la competitividad de las empresas europeas e impactará negativamente en el mercado laboral.

Pero no todo son malas noticias. Los índices bursátiles europeos se verán fortalecidos, la confianza de inversores aumentará, los activos europeos serán más atractivos y las importaciones se verán favorecidas. Importaciones de productos como el petróleo, del que la zona euro es importador neto y que no únicamente es afectado por la fortaleza de la divisa, sino porque además sus precios están desplomándose por reducciones en las estimaciones de demanda en 2020 y 2021 (caídas de en torno a los 240.000 barriles al día).

Otra buena noticia, o no mala cuanto menos, es que la teoría a la que hacen referencia los economistas más dogmáticos en diarios financieros en los últimos días y sin evidencia empírica alguna en la que se anticipa un desincentivo del consumo en los próximos meses dadas las previsiones de deflación en la Zona Euro no son ciertas. El consumo, como es lógico, se verá penalizado, pero no por las presiones deflacionarias.

Lamentablemente para la Zona Euro, el optimismo depositado en la divisa contrasta con algunos indicadores macroeconómicos. El PMI compuesto, el cual ya cayó en el mes de agosto, se espera que tenga una discreta recuperación, lo cual contrasta con la euforia desatada en torno al euro.

La apreciación del euro es un arma de doble filo. Sin embargo, es relevante para el bloque monetario tener de su lado a los mercados en plena recesión. Los mercados confían en el euro. Los mercados confían en Europa.

 

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