Conmoción en el comercio mundial de las carnes: la culpa no es del chancho

23 de septiembre, 2020

Por Pablo Maas

En la tercera temporada de Borgen, la serie de TV danesa que hace furor en Argentina, el cuarto episodio comienza con una frase: “Los cerdos daneses son muy sanos, rebosan de penicilina”. A partir de allí, las dos protagonistas, la política Birgitte Nyborg y su asesora, la periodista Katrine Fonsmark, cuestionarán la producción porcina en su país, lo que equivaldría a cuestionar el mate o el tango en Argentina.

La serie fue filmada hace una década y desde entonces el uso de antibióticos en la cría de cerdos en Dinamarca ha disminuido sustancialmente. Pero la importancia de la industria porcina en este país de 6 millones de habitantes y una superficie bastante menor a la provincia de Entre Ríos no puede ser subestimada. Dinamarca produce anualmente 28 millones de cerdos y es el cuarto exportador mundial, después de España, Estados Unidos y Alemania.

“Por más de un siglo, la producción de cerdos y de carne porcina ha sido una importante fuente de ingresos para Dinamarca. Aproximadamente el 90% de la producción se exporta y por lo tanto es esencial para la economía danesa y el balance comercial”, se enorgullece el Consejo Danés para la Agricultura y la Alimentación. Unos 5.000 productores canalizan sus ventas a la exportación principalmente a través de dos enormes cooperativas, Danish Crown y Tican.

En 2019, embolsó US$ 2.800 millones por sus ventas de carne porcina al exterior, casi tanto como las exportaciones argentinas de carne vacuna del año pasado (US$ 3.100 millones), que fueron las mayores en volumen registradas en los últimos 50 años.

Es una comparación incómoda, pero así es el comercio internacional. Fuerte exportador de productos industriales, maquinarias, herramientas y productos químicos, los daneses, que gozan de un ingreso per capita de US$ 60.000,  no descuidan su producción de alimentos, que triplica su consumo interno. Gracias en parte a los generosos subsidios de la Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea, los productores porcinos daneses están a la vanguardia de los avances en genética y manejo sanitario de sus piaras. En contraste, en Argentina, los proyectos para multiplicar la cría de cerdos con destino a la exportación están siendo cuestionados a causa de su probable impacto sobre el medio ambiente. Y esto aún antes de nacer. Si el mundo fuera un lugar de comercio justo, posiblemente Dinamarca debería producir y exportar algo menos de cerdos y Argentina algo más, ¿verdad?  (Por si alguna autoridad de Dinamarca está leyendo, desde esta página les suplicamos: queridos daneses, amamos sus series de TV, nos encantan los juguetes Lego y probamos la cerveza Carlsberg siempre que podemos, pero, por favor, ¡dejen algo para los pobres!).

Ocurre que el comercio internacional de carnes se parece bastante a un juego de suma cero, al menos en el corto plazo. Totaliza poco más de 30 millones de toneladas anuales y se reparte en tres tercios aproximados: 10,6 millones de carne vacuna, 10,8 millones de carne porcina y 12 millones de toneladas de pollo, según las últimas cifras a julio de este año del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). China es la gran demandante global de carne. Prácticamente se autoabastece en pollo, pero compra mucha carne vacuna (2,6 millones de toneladas este año, según el USDA) y, sobre todo y últimamente, carne porcina.  A partir de 2018, cuando una devastadora epidemia de fiebre porcina (que no se transmite a los humanos) diezmó el stock de cerdos, China redujo su producción de 54 a 34 millones de toneladas. El consumo también se ajustó a la baja, a unos 38 millones de toneladas. El faltante se compensó con la importación, que se triplicó de 1,5 millones de toneladas en 2018 a 4,4 millones a julio de este año (cifras de USDA).

Previsiblemente, los precios mayoristas de la carne porcina volaron en China en el último año, pasando de 20 a unos 47 yuanes (US$ 7) por kilo. La última noticia es que las reservas de carne de cerdo congelada que China utilizaba para regular los precios internos están prácticamente agotadas. El nivel de estas reservas es un secreto de estado en China, pero Enodo Economics, una consultora londinense especialista en China, citada esta semana por el Financial Times, estimó que las reservas cayeron unas 425.000 toneladas entre septiembre de 2019 y agosto de este año. Hoy quedarían apenas 100.000 toneladas, un stock de intervención claramente insuficiente.

Los productores chinos, alentados por los altos precios de la carne de cerdo, se han lanzado en masa a producir más animales, un fenómeno que probablemente haya contribuido al alza del precio de la soja en los últimos meses, a unos US$ 380 por tonelada, el mayor valor para los últimos dos años. Esta es una buena noticia para la Argentina. China, además, prohibió las importaciones de carne de cerdo desde Alemania, otro gran productor y exportador europeo, que sufre también una epidemia de fiebre porcina en algunas regiones. Pero como los estómagos chinos, al igual que la naturaleza, odian el vacío, este espacio será llenado por otros exportadores. Buena noticia para Dinamarca. Una pena que Borgen no esté filmando nuevas temporadas.

 

 

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