Argentina y el BID: mala lectura y derrota diplomática

16 de septiembre, 2020

Argentina y el BID:  mala lectura y derrota diplomática

Por Damián Cichero

El último sábado, Mauricio ClaverCarone fue electo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, convirtiéndose en el primer estadounidense que presidirá la organización, cambiando así una historia de seis décadas. 

Creado en 1959, la tradición era que el BID debía ser presidido por un latinoamericano, y acompañado de un vicepresidente estadounidense, ya que este país aporta una gran cantidad de fondos al grupo. Pero, ante la falta de una norma escrita, Donald Trump decidió romper con dicha costumbre.

No es la primera vez que EE.UU. decide no respetar una tradición. En este país, por ejemplo, la reelección indefinida no estuvo prohibida por ley hasta 1947. La tradición impuesta por George Washington establecía que ningún presidente podía gobernar por más de dos mandatos, hecho que fue respetado por todos sus sucesores hasta la llegada al poder de F. D. Roosevelt. Este último, en total, fue electo 4 veces, aunque debido a una situación extrema que lo ameritaba: la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. En 1947, la Enmienda 22 a la Constitución fue aprobada, y se prohibió que una persona fuera elegida para la presidencia más de dos veces. 

¿Pero qué situación trascendental ocurre hoy en día para esta otra ruptura? Bien conocida es la nueva retórica confrontativa de EE.UU. hacia China, por la que se argumenta que el país asiático es antidemocrático y abusa constantemente del sistema internacional. Tal es el caso de su autoritarismo en Hong Kong o sus excesivos reclamos de soberanía en el mar de la China Meridional.

En los últimos años, se ha incrementado enormemente la influencia de China en América Latina, donde ha realizado grandes inversiones (este año se convirtió en el principal socio comercial de Argentina) o creado bases como la que está en la provincia de Neuquén. Desde los atentados del 11S en 2001, Estados Unidos se concentró en combatir el terrorismo, descuidando su relación con América. La aparición de China en la región y la posibilidad de que América Latina dejara de ser su “patio trasero” es, justamente, una situación excepcional que le da la justificación a Trump para romper con la tradición del BID. En una clara muestra de realpolitik, el presidente estadounidense buscó adaptarse a la realidad del momento, actuando de forma pragmática y tratando de aumentar el poder y la influencia de su país en la región a través de esta nominación. Uno de los argumentos oficiales utilizados fue que el actual presidente del BID, Luis Alberto Moreno, había nacido en Pensilvania, aunque su nacionalidad es colombiana.

El problema para nuestro país fue interpretar erróneamente la situación. Claver-Carone posee una ideología de línea dura hacia Cuba y Venezuela, ha criticado fuertemente la apertura de Obama al régimen de La Habana y apoyó las sanciones al régimen de Nicolás Maduro. “Venezuela es una dictadura, como lo fue la dictadura argentina del 76 al 83”, declaró alguna vez.

Argentina, como era de esperar, se opone a sus políticas, y por ello no estaba de acuerdo con su postulación. El objetivo era posponer las elecciones para 2021, esperando que, para ese momento, el presidente de EE.UU. fuera Joe Biden. Nuestros políticos buscaron aliados para no dar quórum. La dificultad era que se necesitaba un 25% de ausencias. Brasil apoyaría al candidato de Trump, por lo que resultaba clave el papel de México. Argentina estaba segura de que Andrés López Obrador se sumaría a su pedido por motivos ideológicos. Sin embargo, México dio quórum (se abstuvo en la votación), y Argentina fracasó. Lo realmente llamativo es que las autoridades no hayan tenido en cuenta lo sucedido el 8 de julio pasado, cuando Trump y López Obrador se reunieron en Washington. El presidente mexicano dijo de su par estadounidense: “Usted no nos ha tratado como colonia, al contrario, ha honrado nuestra condición de nación independiente. Por eso, estoy aquí. Para expresar al pueblo de EE.UU. que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto”. Además, este año entró en vigor el acuerdo comercial entre estos dos últimos países y Canadá, denominado T-MEC. Es decir que EE.UU. constituye para México su principal socio comercial, por lo que resultaba totalmente extraño que apoyara el pedido argentino de sabotear las elecciones. 

En el caso de Brasil, ya es conocida la postura de Jair Bolsonaro de aliarse con EE.UU. Durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, la política exterior brasileña se opuso a la influencia estadounidense en la región y se priorizaron las alianzas regionales (UNASUR) o con potencias emergentes como China e India (BRICS). Sin embargo, esta no fue la posición histórica de Brasil, ya que varias veces se favorecieron las alianzas con EE.UU.: podemos destacar lo sucedido durante las presidencias de Itamar Franco y Fernando Henrique Cardoso, quienes, tras el fin de la Guerra Fría, decidieron apoyar a la potencia occidental para insertar a su país en el mercado internacional. Bolsonaro ha optado por retornar a esa táctica: en 2019 Brasil fue nombrado aliado extra-OTAN y este año firmaron con Estados Unidos acuerdos de cooperación militar y comercio de productos bélicos. Si bien Brasil aspiraba a la presidencia del BID, como recompensa por su apoyo, obtuvo la vicepresidencia. 

Si los dos países latinoamericanos más importantes no iban a boicotear el plan de EE.UU., ¿qué posibilidad tenía Argentina de triunfar? Quizás el recuerdo de la hermandad latinoamericana y la Patria Grande que se vivió en el continente hace más de una década no le permitió a nuestro Gobierno analizar fríamente la situación. Pero esa relación de amistad y apoyo entre los países estaba sustentada en los gobiernos de izquierda que coincidieron en esa época (Hugo Chávez, Evo Morales, Lula da Silva y los Kirchner, entre otros), más que en objetivos en común. Hoy los intereses nacionales priman por sobre lo colectivo. Un dato a destacar es que Venezuela tampoco apoyó al Gobierno argentino, ya que sus representantes en el BID responden a Juan Guaidó y no a Maduro.

Aunque Argentina podía tener argumentos que respaldaran su postura, definitivamente este no era el momento para confrontar con EE.UU. En poco tiempo comenzarán las negociaciones por la deuda con el FMI y el papel del país del norte será trascendental para obtener holgadas concesiones. Claver-Carone se ha sentido disgustado con el accionar argentino pero, a su vez, ha mostrado optimismo para resolver los temas relacionados con la deuda. Lo único que queda claro es que los políticos argentinos no supieron leer el panorama y se metieron en una disputa que no podían ganar. El futuro dirá cuánto hemos perdido.

Dejá un comentario