Una crisis sanitaria en gestación

28 de agosto, 2020

Por Philip Stevens Director Ejecutivo de la  Geneva Network en Londres

El mayor asesino relacionado a la pandemia de Covid podría no ser el coronavirus. En muchos países, la disrupción de los programas de vacunación significa que enfermedades que son fáciles de prevenir, pero potencialmente mortales, como el sarampión, la difteria y el polio, amenazan volver con fuerza.

Unicef estima que 80 millones de niños menores de cinco años podrían dejar de ser inmunizados debido a la pandemia. Solo el sarampión mata entre 3% y 6% de aquellos que infecta, lo cual pone a casi medio millón de niños en riesgo. Un estudio reciente publicado en la revista médica The Lancet calculó que interrumpir las vacunaciones en Africa causaría más de 700.000 muertes en niños menores de cinco años producto de enfermedades prevenibles, muchos más de los que morirían por el mismo Covid.

La situación es particularmente preocupante para América Latina y el Caribe, donde niveles históricamente altos de cobertura han venido disminuyendo en la última década. En Brasil, Bolivia, Haití y Venezuela, la cobertura vacunal ha caído aproximadamente 14% desde 2010. Estos países ahora enfrentan disrupciones severas relacionadas al Covid, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unicef.

“Más de un cuarto de los países latinoamericanos han suspendido sus programas regulares de vacunación”, afirma Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud. Además, advierte que “semanas o meses de disrupción aumentarán los riesgos de brotes de enfermedades prevenibles, lo cual revertiría tendencias de largo plazo en la región”.

La renuencia de la gente a salir de sus casas, las interrupciones en el transporte, las dificultades económicas, las restricciones al movimiento, o el temor a verse expuesto a personas contagiadas están conspirando para que la gente no vaya a vacunarse.

En marzo, el Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización de la OMS recomendó que todos los países pospusieran sus campañas masivas de vacunación preventiva. Estas suspensiones ahora están siendo revocadas. Recuperar el terreno perdido debería ser una prioridad mundial.

Perder la ventana correcta para vacunarse significa que un niño no tendrá inmunidad para el resto de su vida. Con menos personas inmunes, una pérdida de la “inmunidad de rebaño” pone en riesgo a otros que no pueden ser vacunados de manera segura: bebés neonatos, adultos mayores y gente cuyo sistema inmunológico no funciona bien.

Además de los aspectos sanitarios, la vacunación también es un motor importante del crecimiento económico y la productividad, los cuales serán cruciales para impulsar la recuperación tras la pandemia de Covid. Los niños que son protegidos de enfermedades infecciosas tienden a tener un coeficiente intelectual más alto y sufren de menos absentismo escolar. El sarampión también puede causar daño cerebral o afectar las habilidades cognoscitivas, impactando severamente la perspectiva de vida de un niño.

Los economistas estiman que hasta un tercio del milagro económico del este asiático entre 1965 y 1990 fue impulsado por poblaciones más saludables gracias a intervenciones sanitarias como las vacunas. Más recientemente, la Fundación de Bill y Melinda Gates calculó que extender la inmunización a 6,4 millones de niños generaría cerca de US$ 231.000 millones en ahorros por tratamientos y otros beneficios económicos.

En un futuro no muy distante, los hospitales y las clínicas podrían recibir flujos crecientes de pacientes que sufren de enfermedades prevenibles, lo cual desviaría recursos escasos del diagnóstico y tratamiento de muchos otros males. Añadámosle a esto las crecientes teorías conspirativas contra las vacunas y podríamos estar ante la gestación de una futura crisis sanitaria que descarrilaría la recuperación económica de la actual pandemia.

La OMS está al tanto de este desastre en ciernes y ha urgido a los países a reanudar y redoblar sus esfuerzos de inmunización. Al sopesar los costos y beneficios de sus respuestas al Covid-19, los gobiernos deberían tomar en cuenta los costos económicos y sociales de largo plazo de interrumpir los programas de inmunización. Sin medidas correctivas expeditas, estos terminarán siendo muy superiores a los del mismo Covid.

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