¿Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios?

19 de agosto, 2020

Por Gabriel Destéfano

Hablar de sustentabilidad es un universo tan amplio que finalmente uno termina dividiéndolo en subtemas para abordarlo. Se puede analizar la economía, la ecología, lo social y uno siempre está hablando de sustentabilidad.

Hoy quiero contarte sobre un emprendimiento de triple impacto argentino llamado comunidadRe, pero me gustaría comenzar muchos años atrás y contarte una historia. Es interesante ir hacia atrás y aprender cómo se sucedieron los hechos que originaron las temáticas por donde la sustentabilidad transita. Todas esas historias tienen un comienzo, pero no siempre sabemos a ciencia cierta una fecha exacta.

En el caso de la obsolescencia programada, por increíble que parezca, tiene un punto de partida exacto. El 23 de diciembre de 1924 se reunieron en Ginebra los principales fabricantes mundiales de lámparas, entre ellos compañías como Osram, Phillips y General Electric. Allí firmaron un documento por el que se comprometían a limitar la vida útil de sus productos a 1.000 horas, en lugar de las 2.500 que alcanzaban hasta entonces. El motivo, está claro, era lograr mayores beneficios económicos. Había nacido el primer pacto global para establecer de manera intencionada una fecha de caducidad a un bien de consumo. Este acuerdo oficializaba una nueva era del consumo. A partir de entonces, los fabricantes incorporaron un principio en su modelo de negocio que quedó plasmado en un texto de la revista Printer’s Ink en 1928: “Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”.

En la década de los cincuenta se le puso un nombre: obsolescencia programada. Con Estados Unidos en plena expansión comercial, el diseñador industrial Brooks Stevens popularizó el término, que lo definió de manera elocuente: “Instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario”.

En la actualidad, la basura electrónica es el mayor residuo en crecimiento a nivel mundial. Cada año se generan al menos 7kg de desechos electrónicos por persona. Equivalente a 57.000 Kilotnes (1 Kilton = 1.000 toneladas) en Argentina. El reuso y reciclado provocan grandes ahorros de energía y agua en los procesos productivos de equipos tecnológicos como también ahorro en la extracción de minerales.

Los equipos celulares en promedio utilizan solo el 50% de su vida útil en la primera mano. A diferencia de otros dispositivos que se aprovechan en mayor porcentaje. Este efecto ofrece una gran oportunidad para que los equipos celulares sean aprovechados por usuarios de “segunda mano” luego de ser sometidos a un proceso de mejora.

ComunidadRe es una manera de unir esos subtemas que te mencione al principio: economía circular, economía del bien común, impacto ambiental, social y económico.

¿Cómo funciona comunidadRe?

El primer paso es Re.Cuperar smartphones usados ampliando la vida media del dispositivo evitando que se conviertan en basura electrónica, el residuo contaminante que más crece en el mundo. Trabajan en conjunto con empresas e instituciones de Argentina comprando sus flotas de equipos usados generando un ingreso directo a sus cuentas de resultados.

El segundo paso es Re.Generar el tejido social. Una vez obtenida la flota de equipos en desuso desarrollan cursos de formación gratuita en servicio técnico celular con talleres de oficios oficiales y darle oportunidades de empleo a un segmento de la población con dificultad para conseguirlo.

Por último, los equipos recuperados se comercializan reacondicionados con garantía. Con un precio justo y protegido para las personas menos favorecidas, evitando que compren equipos robados.

La obsolescencia programada ya no está en los bienes de consumo, sino en nuestra cabeza y en nuestra manera de vivir. Es sistémico y toda nuestra economía lineal (comprar, tirar, comprar) depende de ella.

El tema es que la economía del crecimiento difunde un miedo a salir de ese sistema, y parece que si no existiese ese crecimiento nos volveríamos pobres, que no tendríamos trabajo, casi como una vuelta a la Edad Media…y esto no es verdad. Re es una demostración de que una nueva economía es posible. Hoy la vieja economía continua con defendiendo sus intereses con un discurso de amenaza muy fuerte: individuos que se van a quedar fuera del sistema funcional si no tienen determinados productos. La obsolescencia ya no tiene ese sentido positivo de llamar al crecimiento y el bienestar, sino que incluye un elemento de exclusión.

Demás está decir, que en un país como el nuestro la publicidad ha jugado un papel clave en este cambio en nuestra psicología que nos empuja a querer, por ejemplo, ese smartphone nuevo sin plantearnos siquiera si el que ya tenemos todavía funciona. ComunidadRe plantea su modelo de negocios con una visión absolutamente contraria: “Si recuperamos un equipo generamos menos contaminación, mas trabajo consiente y mejor precio que permite accesibilidad”.

En 2025 se generarán 53,9 millones de toneladas de desechos procedentes de productos electrónicos, según la Oficina Internacional de Reciclaje (Bureau of International Recycling). Pero gran parte de esa chatarra no está a nuestra vista, sino en lugares como Agbogbloshie, una zona cercana a Accra (Ghana) que se ha convertido en un inmenso vertedero al que van a parar esos teléfonos, computadoras o electrodomésticos que dejaron de funcionar y que era más sencillo reemplazar que arreglar. Otros países como Pakistán son el destino final de los 41 millones de toneladas de basura electrónica que generamos cada año, según Naciones Unidas. El vertedero de Agbogbloshie es uno de los lugares más contaminados del mundo.

La obsolescencia programada está íntimamente relacionada con el modelo de crecimiento, que es depredador del medio ambiente.

Es necesario un nuevo pacto social en el que se incluyan unas reglas de juego más racionales, y que no parezca que el consumidor final es el que tiene que arreglar todo este lío. Francia es el país de la Unión Europea que se ha tomado más en serio la lucha contra la obsolescencia, estableciendo penas de hasta dos años de prisión y multas de 300.000 euros a las empresas que violen las leyes de defensa del consumidor y trabaja en fomentar iniciativas de economía circular.

Todos tenemos un gran problema a resolver llamado “mundo”. En el simple acto de comprar uno está fundando una sociedad con alguien. ComunidadRe es un excelente socio para resolver ese problema común llamado mundo con el simple hecho de comprar o vender un teléfono. ¿Lo pensaste así?

Para volver a la historia de obsolescencia programada del principio de esta nota, la gran paradoja es que cuando los fabricantes de lamparitas se reunieron en Ginebra en 1924, una de esas sencillas fuentes de luz llevaba ya 23 años alumbrando de forma ininterrumpida un parque de bomberos de Livermore, en California.

Hace un tiempo tuvimos la noticia de que esa lamparita sigue encendida 118 años después, convertida en una atracción turística local, pero también en el símbolo de la posibilidad de crear productos mucho más perdurables que lo que dicta el mercado obsolescente. Aquella lámpara sigue encendida como un indicador de lo que hicimos mal pero también representa la luz de la esperanza de lo que puede cambiar y comunidadRe está dispuesto hacerlo.

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