¿Se cierra el canje? Vienen dos semanas de alto riesgo

24 de agosto, 2020

Martín Guzmán, ministro de Economía.

Por Luis Varela

En abril y mayo, cuando el ministro de Economía Martín Guzmán llevaba adelante su estrategia para dividir a los acreedores y lograr pagar sólo US$ 38 por cada US$ 100 adeudados en los bonos ley New York, se decía que ni bien se lograra ese objetivo las empresas argentinas volverían a tener acceso al crédito internacional, la presión del tipo de cambio iba a ceder, los bonos argentinos iban a pegar un salto y las acciones argentinas serían las más beneficiadas de todo el espectro.

Round tras round, el ministro tuvo que ir cediendo ante la posición de los acreedores. Al principio los bonistas pedían US$ 60 por cada US$ 100, con legislación bien precisa en los bonos nuevos. Y Guzmán, con su mentor Joseph Stiglitz, tuvo que ir subiendo la oferta, hasta casi US$ 55 por cada US$ 100 adeudados.

Finalmente, Guzmán logró un acuerdo “de palabra” con los bonistas más duros, en negociaciones confidenciales, sin que se sepa realmente si hubo beneficios adicionales para que se pongan en línea.

Todo para llegar al viernes y completar los mínimos necesarios conocidos como cláusulas de acción colectiva (CAC).

¿Qué son las CAC? Son los mínimos necesarios para que la reestructuración de los bonos adeudados se pueda realizar y que los bonistas que queden fuera de la aceptación no tengan más remedio que sumarse, ya que su reclamo judicial no tendrá demasiado sentido, porque en el letra chica de emisión de los bonos se indicó que si se consigue el “sí” del 75% de los acreedores de bonos ley NY emitidos bajo el gobierno K y el “sí” del 60% de los acreedores de los bonos ley NY emitidos bajo el gobierno M, el resto debería adaptarse a esa aceptación.

Bien, finalmente los bonistas más duros, los que tienen abogados más conocedores en el paño, lograron aceptar la oferta de Guzmán, con legislación que les permita reclamos judiciales futuros si no cumple, y todo pareciera estar encaminado para que el viernes de esta semana se cierre por fin un capítulo que nos tiene trabados desde hace un año.

En teoría, ni bien se hiciera la reestructuración de bonos ley NY, se dijo que la cotización de las acciones iba a ser muy beneficiada porque las empresas argentinas iban a volver a tener acceso al crédito internacional. También se afirmó que los bonos ley NY iban a tener una mejora inmediata del 15% y que los bonos ley Argentina iban a saltar más del 30%, ya que el riesgo país iba a bajar a la zona de los 1.000 puntos básicos. Y, fundamentalmente, se indicó que iba a generarse un paso tan positivo que iba a terminar la presión cambiaria.

Sin embargo, después de que en reunión de gabinete se aplaudiera a Martín Guzmán con aplausos, una vez desmenuzado el contenido del acuerdo los analistas fueron aclarando que sólo se había conseguido “que pague el que sigue”. Si el viernes se logra reestructurar, Fernández tendrá que hacer pagos escasos por la deuda ley NY, pero a partir de 2025, los vencimientos de deuda se acumulan.

Poniendo en blanco sobre negro, un año y medio antes de que nadie supusiera que Mauricio Macri sería presidente, la entonces titular del Ejecutivo, Cristina Kirchner, emitió el bono más abultado de Argentina, el Bonar 2024, prometiendo una tasa en dólares estrafalaria, del 8,75% anual, impagable, que debería afrontar el gobierno que la siguiera. Macri hizo lo mismo, tomando deuda imposible con el FMI, para que pagara el que lo siguiera. Y ahora Fernández repite el paso, y acumula pagos imposibles para el mandato siguiente.

¿Cuál fue el resultado después de conocerse en profundidad el contenido del acuerdo de Guzmán? ¿Subieron las acciones? ¿Subieron los bonos? ¿Bajó el riesgo país? ¿Se tranquilizó el mercado cambiario? No, ocurrió exactamente todo lo contrario. Los inversores externos ya le bajaron la persiana a cualquier tipo de deuda argentina; algunos fondos de inversión de hecho lo manifestaron en letras de molde. Y los inversores locales están en fuga, sacando los pocos ahorros o inversiones que todavía mantienen en blanco, porque ver que hay enormes posibilidades de que la historia vuelva a repetirse.

Pero para comprender bien el tamaño del movimiento, pongámosle algunos números precisos a lo que pasó a lo largo de la última semana:

  • Dólar Impactados por el Covid-19 los principales bancos centrales del mundo siguen emitiendo moneda a dos manos. El que más emite es la Fed, ya que Estados Unidos es el país que más muertes y más pérdidas de empleos ha sufrido. La semana pasada, de hecho, el dólar bajó 0,7% contra el yen y 0,5% contra el yuan, no cambio contra la libra y recuperó algún terreno, 0,3%, contra el euro y el franco suizo. Pero en lo que va de este año el billete verde cae 4,9% contra el euro y se desploma 5,7% contra el franco suizo. Pero mientras el dólar está debilitándose a nivel global, trepa sin parar en la Argentina. La semana pasada el dólar fuga (contado con liquidación) pegó un salto del 6,5% hasta un récord histórico absoluto y los dólares colchón (blue y MEP) treparon 4,4% semanal, también hasta máximos sin precedentes. Y esta fuerte presión sobre el dólar no es ejercida por 50 grandes empresas o grandes capitalistas: en julio hubo cuatro millones de compradores de dólares hormiga y se calcula que en agosto ese número se estará acercando a los cinco millones, generando dentro del Gobierno una gran interna, suspender o no la minicompra de US$ 200 ahorro, ya que el BCRA está perdiendo reservas sin parar, con un goteo superior a los US$ 35 millones por rueda de negocios.
  • Tasas de interés La suba del dólar y el bloqueo a importados está generando escasez de insumos y de productos esenciales, como medicamentos o partes en desarrollos productivos nacionales. Esa escasez está generando más inflación, la consultora Ecolatina afirmó que la inflación de agosto está saltando hasta el 3,5%, bien por encima del 2,2% mensual que paga la tasa de los plazos fijos, por lo que la suba de tasas iniciada en abril deberá ser retocada irremediablemente de un momento a otro, ya que son cada vez menos los inversores proclives a renovar sus plazos fijos.
  • Bonos Antes de lograr el acuerdo con los bonistas, que debe ser ratificado este viernes, desde el Gobierno se deslizaba que los bonos iban a pegar un salto, con mejoras del 15% para los bonos Ley New York y aumentos de hasta el 30% para los bonos ley argentina. Y que esas subas, con los nuevos bonos ya consolidados, ubicarían a riesgo argentino en la zona de los 1.000 puntos básicos. ¿Qué ocurrió la semana pasada? Los bonos ni se movieron y el riesgo país no solo no bajó, sino que subió, de 2.112 a 2.153 puntos básicos. Y este fatídico número, siete veces más alto que el riesgo de casi todos los países vecinos de la región plantea, que luego de cambiar los bonos, Argentina seguirá fuera del sistema, sin crédito, aislada. Con operadores afirmando “si los nuevos bonos se mantienen con una tasa a vencimiento superior al 12% anual, la situación va a ser ciertamente muy complicada, porque no tendremos por delante ningún financiamiento voluntario ni tampoco ninguna expectativa de mejora en ese frente”.
  • Acciones Pero donde mayor frustración se observó fue en el precio de las acciones. En el balance de la semana que acaba de terminar, con la economía mundial atada con alfileres, con todos esperando las vacunas contra el Covid con gran ansiedad, el único indicador que estuvo en alza fue el Nasdaq, porque las empresas tecnológicas no paran de innovar, moviéndose como sea para no bajar de su burbuja. Pero el índice Dow Jones de Nueva York no se movió (tuvo una variación del 0% en la semana), Frankfurt retrocedió 1,1% y Tokio bajó 1,6%. Y el mercado argentino fue el peor de todos: el índice Merval medido en pesos achicó 2,3% y medido en dólares se desplomó 6,5%, desandando buena parte de la gran suba que tuvo desde marzo hasta principios de este mes.

¿Por qué tanto pesimismo? Hay varios riesgos y tenemos una situación de fondo que no muestra ningún avance. Primero, el viernes deben lograrse los mínimos de 75% K y 60% M, si no le llegan a lograr los problemas serán mayúsculos. Luego llegará el canje de bonos ley Argentina, en la semana siguiente, si es que se logra el canje ley NY. Después vendrá la negociación con el FMI. Guzmán adelantó que se buscará postergar pagos sin acordar ningún ajuste fiscal. Pero Guillermo Nielsen también lo dice con todas las letras: “Creer que el FMI no va a poner condiciones es un cuento de hadas, siempre las pone”.

Por todo esto, durante las próximas dos semanas se presentará un mercado de altísimo riesgo. Y riesgo significa posibilidad de grandes pérdidas, pero también de grandes ganancias. Si el canje se logra, si se avanza con los bonos ley local, si se negocia con el FMI, es posible que los objetivos de suba de bonos y acciones, de tranquilidad cambiaria y de baja de riesgo país estén todavía en pie. Pero por los números que viene mostrando el mercado hasta ahora, la expectativa es totalmente diferente.

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